LA CANARIAS QUE EL PAPA NO VERÁ

León XIV llega a las islas por la inmigración, pero no es el único reto que hay que abordar en el archipiélago. La pobreza, la desigualdad, la falta de vivienda y plazas sociosanitarias o la violencia machista son problemas estructurales a los que las islas no dan respuesta
La primera imagen de la isla que verá el papa será, posiblemente, aérea, en la aproximación al aeropuerto de Gran Canaria. Desde allí es difícil apreciar que el 31,2% de la población que reside en el archipiélago está en riesgo de pobreza o exclusión social, o que hay hogares que tienen que salir adelante con 965 euros al mes porque no hay más. Como León XIV es experto matemático podrá sacar cuentas. Su viaje de seis días a España tiene un coste oficial de 25 millones de euros —tres de ellos los han puesto las instituciones canarias—. Es el presupuesto que sustenta un mes a casi 26.000 hogares isleños.
Cuando pise tierra y el séquito ponga rumbo a Mogán, la panorámica cambiará. Ahí verá el litoral, los barrancos secos, los túneles, los hoteles, las urbanizaciones y esa postal turística que Canarias ha aprendido a enseñar como nadie. El destino será Arguineguín, convertido desde hace años en uno de los nombres propios de la frontera sur de Europa.
Ese es el foco de la visita del Pontífice, pero el recorrido permite contar algo más que la frontera. En Canarias, los límites no son solo físicos, no están únicamente en el muelle. Están también en la renta, en la vivienda, en el empleo, en la dependencia, en los barrios que no aparecen en los folletos y en la distancia entre la isla que se enseña y la isla que sostiene, sin focos, sus propias fracturas.
El decorado tapa que una de cada tres personas con las que se cruza el visitante no llega a fin de mes, aunque trabaje

Cuando la comitiva vuelva hacia Las Palmas de Gran Canaria, el coche tendrá de nuevo el camino expedito. Se habrá cortado el tráfico y nada perturbará un recorrido calculado al milímetro. Verá paneles solares, rastros de antiguos terrenos de tomateras y sus infraviviendas que, aunque no lo crea, aún siguen dando cobijo a buena parte de la población canaria. Del olor a bronceador pasará al olor pseudoindustrial. El vertedero, las jaulas marinas, el polvo de la cementera… Quizás aproveche el viaje para repasar sus intervenciones sobre la Canarias acogedora.
Los infortunios del Valle de Jinámar
¡Lástima las prisas! Con una visita tan medida, quien haga de guía turístico no tendrá tiempo de decirle que, por la ventanilla de la derecha, tiene el inmenso océano, pero que por la izquierda asoma el Polígono de Jinámar, uno de los barrios más castigados de la ciudad. Allí, en los años 80, se envió a algunas de las familias más pobres de la capital grancanaria y de Telde. Un lugar «en medio de la nada», sin servicios suficientes, donde la droga, los embarazos adolescentes y el paro acabaron por exterminar la esperanza de varias generaciones.
Los infortunios de entonces los han heredado jóvenes y familias que hoy se apañan como pueden. Cerca de esa ruta, tras una loma, queda también el Banco de Alimentos de Las Palmas, aunque el cartel de la carretera solo señale Mercalaspalmas. Tal vez porque, como dice el dicho, «caminando deprisa no se nota». Y en las islas hay una larga costumbre de tapar las costuras.
No en vano, Canarias recibe cada año 17, 18, 19 millones de turistas que disfrutan del sol, la playa y, cada vez más, de ese parque temático en el que se han convertido muchas ciudades. El decorado tapa que una de cada tres personas con las que se cruza el visitante —quien le limpia la habitación, le sirve la cerveza, le calienta la pizza o le vende el queso de cabra— no llega a fin de mes, aunque trabaje.
Memoria anual de Cáritas

Podría constatarlo si, entre las amenities del coche oficial, León XIV encontrara la última memoria de Cáritas Diocesana de Canarias. Así se enteraría de que la organización atendió a 21.372 personas, acompañó a 7.600 hogares y que migrantes y locales están casi a la par entre quienes necesitan ayuda, en una proporción del 54% frente al 46%. «La economía mejora y el empleo crece», pero no llega a todos, denuncia la propia organización. ¿Por qué?, podría preguntarse el pontífice, emulando la pregunta de Jesús al padre.
Entrando ya en la ciudad, el papa verá la primera playa capitalina coronada por el Tritón, aquel capricho del alcalde Jerónimo Saavedra, convencido de que el arte, y no el bolsillo, redime de la pobreza.
Verá las colmenas de Tres Palmas, que tapan las carencias de Pedro Hidalgo. Así que mejor le indiquen que gire la cabeza hacia el barrio marinero de San Cristóbal y busque el torreón. Le hablarán de una ciudad que resistió ataques de piratas y herejes, sin darse cuenta de que también estaban dentro. En ese punto habría que evitar que repare en el Hospital Insular. Si pregunta, habría que decirle la verdad. No solo hay pacientes que necesitan atención médica: también viven allí personas con alta médica esperando por una plaza residencial, unas mil en toda Canarias.
No hay plazas sociosanitarias suficientes
Hacer residencias no ha sido una prioridad en ninguna isla. Ahí están las listas de espera que no aparecen en los portales de transparencia. Tampoco ha interesado demasiado lo sociosanitario. Canarias está, junto con Galicia, entre las comunidades que menos invierte en dependencia por persona: 1.490 euros. La mitad que el País Vasco y casi la mitad que Extremadura o Baleares.
Tampoco verá a mucha gente por la avenida. La ciudad se habrá paralizado por su llegada. No hay clases y se recomienda el teletrabajo pese a que Canarias es una de las comunidades con menor tasa de trabajo no presencial en remoto, el 10%. Habría que explicar, no obstante, que en una economía volcada en los servicios no se puede servir una mesa desde casa. Buena parte de la ciudadanía tendrá que hacer ese día encaje de bolillos para llegar a su puesto laboral.
Ya en destino, en Vegueta, León XIV encontrará la ciudad antigua, monumental según los folletos turísticos: la catedral, las Casas Consistoriales, las fachadas nobles, los balcones que parecen hablar de otra época. Al lado está la Vega de San José, otro de esos experimentos sociales adonde se envió a la población vulnerable cuando los gobiernos aún construían vivienda protegida. Un informe de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria detectó 33 núcleos vulnerables, el 29,46%, con enormes diferencias de renta y desigualdad entre los 112 de la capital.
Quedarían aún los riscos, Zárate y todos esos barrios altos que no salen en la postal. Miller, Schamann, La Matula, La Paterna, La Isleta, Tamaraceite o Mercalaspalmas, donde la renta media disponible es la mitad que en Ciudad Jardín, Triana o Arenales. La ciudad oficial y la ciudad real no siempre se miran de frente.
La «oportunidad de inversión» sustituye a la vivienda
Si el papa se enamorara de Vegueta y quisiera comprarse una casita para vacaciones, tendría que pedir un préstamo de 600.000, 700.000 euros, o un millón, que es lo que las agencias inmobiliarias piden ya por una «vivienda señorial» en la zona porque ya no es barrio, sino una «oportunidad de inversión». Si se le ocurriera alquilar una temporada, tampoco lo tendría fácil. Debería dedicar al menos la mitad de lo que gana a pagar el alquiler. Pero el papa no tiene sueldo, y la mitad de nada es nada como sabe muy bien el papa matemático.
No muy distinto sería si cobrara el salario medio en las islas, donde se registran algunos de los sueldos más bajos del país, entre 18.000 y 21.000 euros anuales, un 31% por debajo de la media de España.
La memoria de Cáritas señala también esa grieta. El pasado año tuvo que ayudar a 306 familias con menores para que no se vieran en la calle. Compartir vivienda ya no garantiza un techo seguro. Tampoco tener trabajo. El 21% de las personas atendidas por la organización tiene empleo. Ese es uno de los datos que mejor resumen la paradoja canaria: trabajar ya no siempre protege de la pobreza. Canarias «vive» de recibir, atender y sonreír, pero una parte de quienes sostienen esa economía apenas puede sostenerse a sí misma.
Almuerzo en Vegueta
León XIV podrá disfrutar de un almuerzo tranquilo con vistas de Santa Ana. Para eso se ha cubierto con lonas el deteriorado estado de la fachada norte de la catedral. Los carteles de bienvenida funcionan entonces como algo más que decoración. En las obras de la catedral, las lonas y los mensajes de saludo ayudan a cubrir el deterioro del edificio. En la ciudad, la lógica es parecida: se ordena el recorrido, se adecenta la escena, se tapa lo que estorba y se dirige la mirada hacia donde conviene. Pero Canarias tiene demasiadas grietas como para cubrirlas todas con una lona.
Por la tarde subirá a dar misa en el Estadio de Gran Canaria, en Siete Palmas, un barrio creado ‘ad hoc’ y en el que los centros comerciales camuflan la imagen de barrio dormitorio. Se espera un lleno en el estadio, a la altura de una «cita histórica». Pero en Canarias hay muchas más personas en situación de pobreza severa que asientos en ese recinto. El último informe Foessa cifra esa pobreza severa en el 15,6% de la población canaria. Puesto en imagen: no caben en un estadio, ni en dos, ni en tres. Pero si el papa repite la visita después de 2030 y tras la inversión prevista de más de 174 millones de euros para remozarlo para un partido de fútbol quepan más pobres y la comparativa se quede en dos.
Ni medicinas ni política
Pero no solo es el alquiler o la cesta de la compra. El informe Foessa señala que, en Canarias, el 21,6% de la población tiene dificultades económicas para comprar medicamentos o seguir tratamientos médicos; el 17% soporta gastos excesivos de vivienda; el 15,6% vive en pobreza severa; y el 10,1% encuentra obstáculos para la participación política derivados de la nacionalidad extranjera. La exclusión no es solo falta de dinero. Es salud, vivienda, derechos, participación y futuro. Una red de problemas que se refuerzan entre sí.
También hay una violencia que no se ve desde la comitiva. La violencia machista no está en los recorridos oficiales ni en los carteles de bienvenida, pero atraviesa la vida cotidiana de miles de mujeres en las islas. Canarias registró 3.003 denuncias por violencia de género entre julio y septiembre de 2025, una media de 32,6 al día, y tuvo en ese periodo la tercera tasa más alta del país de mujeres víctimas. En 2026 ya han sido asesinadas dos mujeres en las islas. Es otra fractura social: menos visible que una fachada deteriorada, menos fotografiable que un barrio vulnerable, pero igual de decisiva para entender la Canarias que queda fuera del encuadre.
El viaje del papa permite contar algo que va más allá de la visita. Arguineguín será la frontera. Las Raíces, la acogida. Vegueta, la historia. Siete Palmas, la multitud. Pero entre un punto y otro quedarán unas islas atravesadas por barrios vulnerables, una desigualdad creciente, bancos de alimentos, alquileres insoportables, violencia machista y trabajadores pobres. Cuando pase la visita, quedará lo de siempre: la Canarias que se enseña y la Canarias que sostiene, sin focos, sus propias fracturas.
LUISA DEL ROSARIO GONZÁLEZ

