ESTADO DE ABANDONO DEL MIRADOR DE EL HELECHAL
Mirador del Helechal: memoria, abandono y futuro de una atalaya histórica

El emblemático mirador de Valsequillo, nacido al calor del turismo interior de los años 60 y 70, reclama hoy una recuperación patrimonial, social y paisajística.
El Cabildo de Gran Canaria, en plena expansión turística de los pueblos, impulsó durante los años 60 y 70 el concepto de explotación turística de los miradores en las montañas. Era una forma de contemplar y realzar las panorámicas que ofrecían algunos municipios que contaban con montañas, atalayas o enclaves elevados cercanos. Fue el caso de Bandama, Arucas, Firgas, San Mateo y Valsequillo.
Las Islas Canarias son, verdaderamente, un paraíso natural. Su origen volcánico ha dado lugar a una geografía impresionante. En Gran Canaria, la variedad de picos y montañas ofrece vistas espectaculares que permiten apreciar la belleza del paisaje canario en toda su extensión. De esta premisa nació la primera apuesta del Cabildo de Gran Canaria por los miradores.
El Helechal, en Valsequillo, fue una de las últimas atalayas en abrir sus puertas al turismo emergente. La necesidad de dar a conocer las maravillosas vistas del municipio de medianías hizo suyo aquel primer eslogan del turismo interior: “Canario, conoce tu tierra”.
Actualmente, el abandono hace estragos en la mayoría de los miradores existentes, salvo pequeñas excepciones, y no se avistan soluciones efectivas. Muchos de estos espacios han pasado a formar parte del paisaje del control corporativo de las antenas de telefonía.
La explotación gastronómica vino a complementar la oferta de las visitas, dando al conjunto de las montañas elegidas una visión bucólica, casi de parador nacional. En la emergente moda de los años 70 y 80, las salas de fiesta y la restauración con cierto glamour también ofrecieron un atractivo escaparate complementario, permitiendo a una juventud deseosa de nuevos espacios compartir momentos de ocio y diversión.
El Mirador del Helechal duerme hoy en el limbo de su propietario, el Cabildo de Gran Canaria, que no parece tener intenciones claras respecto a estas infraestructuras. Bien podría compatibilizarse su recuperación mediante cesión y cooperación con el Ayuntamiento, impulsando convenios de oferta gastronómica, escuelas de formación, talleres artesanales, proyectos medioambientales o cualquier propuesta museística, social o patrimonial.
Porque la primera justificación para construir el mirador sigue intacta: la visión aérea de Valsequillo y su Almogarén es excelente.
No podemos dejar en el casillero del olvido una referencia que sirvió para dar a conocer la riqueza paisajística de Valsequillo de Gran Canaria. Aunque los modelos de cercanía y comunicación hayan cambiado, es necesario recuperar los espacios de oferta y ocio, o bien devolver al paisaje la montaña sin estructura.
La falta de visión sobre el patrimonio ha sido una asignatura abandonada. Así ocurre con el Cuartel del Colmenar, el Mirador del Helechal y los viejos molinos de agua, que deberían continuar la senda de la recuperación. En el casco histórico del pueblo sucede algo parecido: tres puntos de referencia histórica se mantienen apenas con una placa y un texto, como si eso bastara para conservar la memoria.
Recuperar el Mirador del Helechal no es solo rehabilitar una construcción: es rescatar una mirada sobre Valsequillo, una parte de su memoria turística, paisajística y social.
Feli Santana
