EL MAL DE LA POLÍTICA VALSEQUILLERA

fangoQue suerte tenemos en nuestro pueblo, que las mayorías políticas son como rebaños de ovejas, que solo esperan el pienso y el silbido del pastor. No son conscientes del polvorín de ignorancia que engendran para un futuro decadente. Qué pena que el poder de un favor los anexione, que trágico que los valores democráticos los sigan usando para jugar sucio y «barriobajero».

La política local es un nido vacío de sarmientos y zarzas. Donde acuden los depredadores en busca de carroña. El mal latino de la política se traduce en la sombra, al baile del destrozo y el saqueo. Donde los listos cargan sus intereses, los espabilados sus habilidades y los pobres sus digestiones. Desgraciadamente el poder de la mayoría es la decisión  que queda establecida. Y los resultados son la suma de sus adeptos. Valsequillo como tantos otros pueblos tiene sus connotaciones históricas y esta vez  ha bajado tres peldaños.

 

No puede ser que nadie desee lo mejor para Valsequillo, aunque a buen seguro lo hagan a su manera de interpretarlo. Las urnas  y el periplo de cuatro años de poder solo acarreará males e injusticias, gobernar a la deriva de los Robin Hoods y los pequeños dictadores de mafias, convierten los juzgados en salón de plenos y a los técnicos municipales en marionetas de terapia. Dios nos libre de tales asedios. Y ojalá mi pensamiento solo sea el reproche del sabor amargo de la decepción.

Admiración y lealtad al trabajo impoluto de Juan Carlos. Que más de mil votantes vuelvan a confirmarle su lealtad sin condiciones, honra el deseo de su slogan. Que la paz social sea el logro más valiente, ennoblece aún más su estimada empatía personal y política, que el futuro sea consciente de su energía galante, de sus valores constructivos, de su lúcido talante, más personas de su talla necesita este pueblo, más asambleas de amigos valsequilleros que construyan sonrisas y respeten los valores de la democracia. Con ellos siempre hay esperanzas, con ellos menos injusticias y más claridad.

El pueblo necesita de la oposición y el equilibrio parlamentario, de no ser así, estaremos condenados a la destrucción  y al abandono. Pero esto no puede ser a cualquier precio. El de la honestidad lleva consigo una sobrecarga de valentía y un don de servicio. Dosifiquemos estas artes y sigamos jugando con armonía la salud de la democracia y la cultura de sus adeptos.

Gracias Asava por hacernos soñar con el deseo de un Valsequillo mejor.

FELI SANTANA

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