EL MAR ROJO A LA VISTA

Este mar rojo de conflictos que atesora los poderes de oriente, se encuentra en el punto de mira final, de los chicos dakarianos, están todos de vuelta y el ritmo es de velero transoceánico llegando al Índico de Yambú. En estos compases de final de carrera, todo se vuelve como una vieja angustia de las penalidades y al desespero por llegar salvos. Es la caravana de la eliminación, de la fatiga, en ella, los curtidos sacan esencia para mantener el tipo, pero el rastro de la apisonadora de la carrera, va marcando huellas de arena en la tierra y grietas de sal en la cara de los corredores.
La piel dura untada de polvo y sudor, de paisajes de piedras y arena cálida. De espejismos de montañas gigantes que se atragantan los motores en la escalada a la cima. Es el mar adentro de los puntos dorados vacíos del planeta, cruzar por su corteza incluye experimentar todas las emociones y temores del sistema neurológico. El pensamiento y la guerra con sus obstinados dilemas de supervivencia, cuestionan cada minuto de carrera y sobreexponen la condición física y mental para la resistencia.
Ya suenan las trompetas de Jericó en la fe de los guerreros, estas cruzadas modernas no diluyen ningún pueblo. Exaltan la condición humana contra los elementos, máquinas del mañana que luchan contra la era terciaria, a través del movimiento y la competición, el gran circo del desierto.
Madre mía la tormenta de hoy. Que pena por Loeb, que ha hecho lo impagable, llevar al Matador a su esencia más pura en el ruedo de morir o vencer, lástima esa guerra tan descompensada entre la soledad de un número y el bastión de un equipo como Audi, que se limitaban a escoltar a Carlos por sus mejores caballeros del desierto. Nada menos que la leyenda a su servicio. Debió desquiciarse el galo y maldecir el orgullo y el ego de Al Attiyah por dejarlo abandonado en una lucha épica de la que se lleva la cobardía de un guerrero sin disciplina. Grande Loeb leyenda del salvaje arenal. Grande Sainz que, de maestría y lidia vas sobrado siempre.
Las motos de la roja. Quieren apabullar el orgullo hindú y parece lo van a conseguir. El jabato Ross Branch, está al límite de sus fuerzas y tan solo un milagro catapultaría una sonora victoria de una nueva arma de guerra, contra la brutal flota perenne de todas las citas. Esperamos al menos que el segundo escalón del podium se lo reserven a su hazaña y el tercero a una marca austriaca para ser justos en el reparto del pastel de la aventura.
Nuestra calima canaria, se defiende bien en esa niebla de polvo y tierra. En los genes de nuestro Pedro Peñate, su costra de langosta se deja llevar por el soplo del viento y avanzar en las rachas de buenos tramos. Odisea de pedregal, que recuerda su esencia endurera y el trato con las rocas del cuaternario, sabedor de que su estrella le acompaña en la experiencia. Navega y se reinventa cada día.
La Expedición Canaria está dando un recital de cohesión y ensamblaje. La suerte los lleva en volandas hasta Yambú. Esperamos que, en ese viaje de retorno, salpiquen de ilusión y alegría a todos los que se han mantenido fieles al equipo, a su lucha sin tregua y a su nivel de integración y representación de la comunidad canaria. Un año más en la carrera más dura del mundo. Les esperamos en el podium chicos. A por la propina de azúcar dorada.
Feli Santana
