VESPASIÓN CANARIAS, LA GOMERA (3)

No sé cómo comenzar, ni qué decir, me abandonaron las musas… y Nicolasa. Estoy aturdido, pues se manifiestan muchos sentimientos encontrados, en la etapa antes de la salida, los presagios eran buenos, aunque Nicolasa no iba del todo redonda, sí había hecho un esfuerzo increíble por regalarme este último día en la tierra.

Brillaba más azul que nunca, más radiante que siempre, era pura sintonía con la belleza de la isla colombina; sus bosques de laurisilva, sus valles de palmeras, su fortaleza natural encantada. Rodamos pletóricos con más de dos kilómetros de Caravana, una enorme serpiente de humo y color que decoraba todos los pasillos de esta hermosa isla dando el mayor concierto vespero de la historia y para la historia.

La tristeza más desesperante es tener que tirar la toalla, antes tengo que aplaudir su actitud, tantos años dando la talla, tanta soledad a cambio de míseras salidas, iba a pasar factura. La enfermedad del olvido es flagrante, dura, una losa que se va cerrando irremediablemente y sella una etapa de vida útil.

Entre sus últimas virtudes y demandas me pidió visitar un antiguo recuerdo que se mantenía perenne en el pueblo de Las Rosas, entre Agulo y Vallehermoso. Allí frente a la frescura blanca de su ermita de palmeras y terrazas verdes, estaba la venta de Luis y Toña. La tiendita de aceite y vinagre, que nos descubrió el pasado como uno de los pasajes, más bellos que se recuerdan. Descubrimos la calidad humana de sus dueños y el arte culinario de su escondite. Tortilla de berros, pollo al ajillo con papas, y mil y una sonrisas de felicidad incrustado. Cuantos momentos más inolvidables, pero allí estaba Toña firme como una piedra, sufridora e integra como la vida misma.

Pronto entendí que aquel Luis, su marido que había conocido en el pasado, había desaparecido. Una mañana fue a comprar azúcar y nunca más volvió, aún se bebe su rabia, digiere su fracaso. Me dejó dos hijos pequeños de regalo y estos veinticinco años que les he dedicado. Mientras degustábamos queso duro ahumado con almogrote gomero de su trabajo, la tienda estaba intacta, tal cual la dejamos hace escasos treinta años.

Comenzó a mostrar fotografías en blanco y negro, de su niñez, de su vida junto a Luis, de su apego a la tierra. Mientras afuera en la plaza blanca, el tiempo seguía intacto la ermita de Santa Rosa de Lima abierta de par en par, cuida el pueblo y la fe de Toña. Se mantiene intacta, en el fondo espera que Luis regrese con el azúcar de la amargura de aquella taza de café que le despachó el destino.

Nicolasa estaba inquieta como un duende que le llama el bosque encantado. Ven sube al Cedro, descubre esos momentos paralelos de amor que no regresarán jamás, disfruta este Vespasión mágico. Y allá danzando como Hansel y Gretel, nos internados en el bosque de las risas y el encanto para subir a la cima de la isla. Habíamos abandonado el grupo, para seguir nuestro Vespasión particular.

Un primer aviso de parada, me recordó la reserva y el miedo. Gasolina… uff excesivo consumo, quedan unos kilómetros para el cruce de la cumbre y de ahí tirarnos veintisiete kilómetros cuesta abajo con la inercia del tobogán, a escasos cien metros del cruce, dio su último latido de esfuerzo y calló. Pepe hizo unos apaños con una jeringuilla gigante inyectando unos chutes de gasolina de las otras vespas y allá vamos …

Persignándonos por el vértigo del descenso, su edad y el triste tambor de freno que soportaba nuestro suicida y kamikaze avance hacia San Sebastián en busca de llenar de vida y preparar el desenlace final…

FELI SANTANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.