MOMENTOS DE GLORIA

Un perro ladra constante y desesperado más allá de nuestro patio. Odio la gente que tiene animales y no los quiere. O solo los quiere para alimentar su ego.

Tristeza y tolerancia, mientras el sonido del agua de la fuente, me traslada al pensamiento egoísta y pretencioso de un rey,  Luis XVI paseando por los jardines de Versalles, mientras, en las míseras ruinas de palacio, la servidumbre accionaba artesanalmente a escondidas las fuentes, a su paso.

Cuánta miseria en el trono, cuánta hipocresía absurda, para emular y disfrazar las mentiras de las ruinas de un reinado, sin misericordia. La historia repetida convierte en lento el capricho de la evolución, nadie es libre de su conciencia, si no acepta su condición de aprendiz de la vida.

El sol sigue alumbrando espacios escondidos del patio, «Momentos de gloria» nombre asignado a pie de espacio libre arriba de casa, que a Inma se le ocurrió como parte de los secretos felices de nuestras vidas, donde dejar liberar las energías para el equilibrio, en busca del siglo de oro perdido, pensamiento.

Hay un ángel blanco caído, con un ala rota sentado en una bola de yeso, que imita el mundo, debajo la fuente. Resignado, escuchando la melodía del chapoteo continuo, no protesta, ni contesta a nuestra forma de interpretar sus caprichos.

Mirada inerte, ahora pura melancolía, suspiros e ignorancia de un pasado frondoso. Somos lo que nuestro triste pensamiento deduce, apenas atisbos de felicidad por encuentros, secuencias o momentos. Y sin embargo la verdad se esconde tan cerca y abandonada en el cultivo del pensamiento, del pensar, actuar, hay una escuela por educar.

Y la vida de mariposa que nos regala ese dios misterioso, solo aletea en la frecuencia de paz e inspiración que induce y demanda respuestas. 

Ayer disfruté una de esas películas post-apocalípticas, El libro de Eli. Dentro de ese carácter de supervivencia en un futuro incierto, atendí al mensaje de amor y salvación en un libro – Biblia-  que se salvó del holocausto apocalíptico del siglo 21. Acertada representación de reconvertir la historia del pasado en otra vuelta al renacimiento del futuro.

Cuántas verdades y enigmas confunden nuestro pobre conocimiento. Sin embargo el mensaje de amor encapsulado brilló con el entusiasmo de la poderosa razón.  Hermosa historia real y antigua, que repite el eslogan: «Aquellos que no estén capacitados para entender la lección,   están condenados a repetir la historia». Me gustó el mensaje.

Acabo de apagar la fuente, porque Luis XVI no entiende el gasto del consumo innecesario.  Sin embargo, su locura egoísta era pura maldad social.

FELI SANTANA

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