LA CRUZ, LOMO OBRERO Y ALTABACALES

Acercarnos a las tierras de los alisios tiene su encanto, sobre todo si no salimos de la isla de Gran Canaria para comprobar como la caricia de las nubes constantes, hacen del norte insular un capricho perenne de invierno untado con una potente primavera. Y es que el fenómeno del alisio hace que, sin movernos mucho dentro de nuestro pequeño continente isleño, nos brinde unos escenarios idílicos.

Esta vez hemos querido dar una vuelta por los alrededores de Firgas en las lindes termófilas del bosque Doramas, seguimos buscando rincones en Gran Canaria, en esta parte de la isla, los anexos o carreteras rurales, estrechas abundan, bien como servidumbre de tierras y vecinos diseminados por las laderas de la montaña de Osorio, y encontramos un crucigrama de caminos, a los que el tiempo y el paseo irá ordenando para escudriñar bien todos los rincones escondidos. 

La ruta de hoy es sencilla y viene a descifrar un pasillo agrícola de muchos recovecos que abren los espacios en fincas y tierras de cultivo de la gente del pueblo. Podemos situarnos o pasear hasta la rotonda de la caldera de Firgas, donde acaba la autovía que sube de Arucas, a partir de ahí cruzamos el pueblo de la caldera, y antes de girar hacia Firgas, seguimos de frente, por la calle, que continua desviándose más adelante y convirtiéndose en una pista agrícola en buen estado, para reconocerla, nos dejamos llevar por su sintonía y vamos a seguir costeando la falda de la montaña de Osorio, haciéndonos la idea que vamos un nivel por debajo de la carretera de los Castillos – Cruce Los Chorros. 

Tener en cuenta que hay varios cruces que nos intimidan a subir, no. Vamos a seguir en dirección sur por Afurgad, como si quisiéramos rodear la Montaña. Cruzamos un primer cruce que sube a los chorros, seguimos por el camino Los Lomitos, un segundo cruce, que sube a la fortaleza o baja a los Pinos en el Lomo Obrero, y continuamos para entrar en otra vaguada, en la zona de Altabacales, con muchos terrenos agrícolas, ganando altura en la lejanía para conectar con la carretera de los Peñones. GC-240, cerca de la Fuente del Laurel.

Ahí podemos volver hacia el Cruce de los Chorros a tomar un cafecito o hacia el Cruce de los Castillos, para planificar más visitas. Esta zona de la isla tiene un encanto increíble, y podemos alternar muchas rutas de este estilo, que iremos desvelando en fascículos, de momento, reconocer bien esta zona, nos ayudará a entender este pequeño continente lleno de rincones con alma canaria y pasajes inolvidables. 

Hemos realizado una ruta sobre 800 metros de altitud y la vegetación es fayal brezal en su mayoría, eucaliptos, y en los barranquillos, las zarzas invasoras se mezclan con los helechos y los nacientes, zona muy húmeda con una climatología espectacular para el paseo en moto, aunque nos acaricie el “Chiribiri” “Calabobos” “Chipi, chipi” o llovizna, todas entendibles, para nuestra cruzada cultura insular del invierno del norte.

Recordarles a nuestros amigos motorizados que los tiempos de visita marcan el espectáculo que nos brinda la tierra, con los colores, las texturas, la luz y las secuencias de una primavera soleada y humedad. Amapolas, retamas, relinchones, margaritas y hasta rosas salvajes se mezclan con el olor a eucaliptos blancos transfiriendo una dulce sintonía que nos transporta a lugares que parecen fuera de nuestra geografía, teniéndolos en la puerta de nuestras casas. 

Solo debemos pasear tranquilos, y detenernos cada vez que el paisaje nos regale una hermosa foto. Recordar moverse en pequeños grupos o solos, pues la facilidad de parar y aparcar momentáneamente, es más fácil y ayuda a disfrutar mejor los rincones y espacios escondidos que abundan, transmitiendo la misma sintonía del paseo. 

Conoce, descubre y cuida tu tierra.

FELI SANTANA

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