HOMENAJE AL «GUARDIÁN DE LAS ESTRELLAS»

Chanito y los trialeros

Entre el bosque y el cielo, arriba donde nace el barranco de Guayadeque, donde las cumbres antes peladas se tiñeron después de pinares, mientras el viejo cráter de los Marteles duerme su agonía milenaria, se localiza los altos de Orian y en la falda del volcán dormido al calor de sus viejas cenizas, vive una historia de supervivencia entre la cumbre y el cielo.

Chanito Zacarías ha tenido tiempo de leer en las constelaciones la evolución de la canariedad, ha visto nacer todo el pinar de las cumbres, subir los arrieros por los barrancos y sendas, practicar y atender la trashumancia.

Chanito es el guardián de las estrellas de la finca los Bucios, con sus 101 años y tres meses, como explica, le ha visto la cara a muchos inviernos, ha deambulado lomo arriba, barranco abajo, a su municipio de Valsequillo. El pastoreo, la recolección de las almendras, las plantaciones del pinar han sido su principal fuente de subsistencia.

En su senectud es el anfitrión de honor de la caldera. Por su morada pasan trialeros, vecinos, senderistas. Orian es una especie de santuario del Mencey. Él vive allí, cerca de la sepultura del Gigante. -Aquel pastor aborigen del que cuenta la leyenda que era tan grande, que cuando murió le dieron sepultura en el mismo lugar donde pastoreaba.

En este otro invierno de borrascas y bendiciones invernales, recordamos la figura de Chanito Zacarias y sus hijos Paco y Chano. Al que en más de una ocasión hemos acudido a su refugio con las motos de trial (VER DETALLES) a aliviar los puñales helados del frio. Y mientras, a la luz del Zoco y las candelas recuperamos aliento.

 Chanito nos cuenta historias de sus antepasados. Los topónimos de toda la vida: Los Cascajales, Los Juaniles, La cañada de la perra, El Morro los Cardos, La Montaña del Pleito, en la que se pelearon tres pastores aborígenes por las lindes de tres municipios: Telde, Valsequillo y San Bartolomé de Tirajana. Él va desgranando historias con la sabiduría de su centenario observatorio, mientras con un sentido del humor exquisito nos deja embelesados.

Vaya nuestro homenaje motorista, al Señor de Orián, el guardián de las estrellas.

FELI SANTANA

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