LA POLVAJERA (PARTE I): LA DESPEDIDA SIN ADIÓS

_»Yo rencorosa no soy, pero cuando se traspasa el respeto personal, no tengo nada que añadir»_
Lo expresó Lucía Melián, concejal no adscrita del Ayuntamiento de Valsequillo, en la despedida a Gregorio Peñate, quien permaneció en la política local por 35 años. Gregorio Peñate ha sido un personaje de luces y sombras cuyas formas y maneras en la gestión municipal ha generado intensidad emocional entre sus vecinos.
Un político que movilizó el voto con técnicas y mediaciones que al tiempo quedaron obsoletas.
Y la manifestación política de ello, Lucía Melián.
La edil provocó un tsunami con su salida del grupo de Gobierno ASBA/CC, llevándose el acta bajo el brazo, y dando la oportunidad de un cambio de gestión en el municipio que se pedía en la calle a gritos silenciosos. En los bares, en el supermercado, en la iglesia… Y llegó.
En forma de moción de censura de la mano de la valentía de Lucía Melián.
Su osadía le valió sufrir una persecución intensa, profunda… y muy personal.
Se llegó al extremo de denuncias falseadas a su familia por supuestas infracciones urbanísticas.
Una apuesta intimidante. Una marca ASBA/CC.
Fue insultada con el término «tránsfuga», cuando en sentido estricto, tránsfuga es quien se va a otro partido por una mejora. Pero Melián facilitó un cambio de Gobierno sin recibir nada a cambio.
Demostró que no todo se compra ni se vende.
Y fue sincera en su despedida sin adiós
En la noche del pleno más largo de la historia reciente de Valsequillo (siete horas, 420 minutos, 25.200 segundos), Lucía Melián, callada, austera, concisa en sus manifestaciones, dejó una evidencia al descubierto: «Los vecinos se miran mal por unos líderes políticos que cuando cierran las puertas del Consistorio patean por igual al gato negro que se les cruza en la plaza».
Diría un defensor de la honestidad de Melián.
_»Esto no es un teatro» _ dijo Fabiola Calderín (ASBA/CC) en un alegato al uso nada convincente, para después remarcar un pero, _»Pero, no es necesario llevarse el debate fuera del arco plenario. Compartimos momentos personales y muy humanos»_.
Y se oyó de fondo un perro ladrar.
Apostada en la esquina del arco plenario ¿cuáles serían los pensamientos de Lucía Melián?
Gregorio Peñate admitió, públicamente, que con Lucía Melián tenía «una espina clavada» por haberse ido, y que «no la había perdonado», para afirmar en la misma entradilla, que no iba «a vivir eternamente con ese rencor», _como si le estuviera concedido el milagro de la vida eterna_.
Y el resto del arco plenario eligió un homenaje de exaltadas palabras de agradecimiento al estilo alabanzas:_El Señor es mi Pastor_.
Más propio de una iglesia evangelista o la llegada del Papa que de la realidad vecinal.
Y quedó claro que después de cada tempestad…
Llega el olvido.
REYES BOLAÑOS




