LOS TIEMPOS DE ANTES

Es un placer disfrutar de esta lluvia tan esperada que hemos tenido estos días, por momentos parece que hemos vuelto a vivir un invierno de antaño, como si la sombra del cambio climático hubiese desaparecido, y con la esperanza de que el clima mundial se olvidase de su tendencia última y nos volviese a regalar lo que conocimos como normal años atrás.
Recuerdo hablar con los que eran ancianos en mi juventud oyendo historias de un barranco que corría de lado a lado, de fincas en los márgenes de este mismo desaparecidas por la voracidad de sus aguas, de molinos que giraban a base de corrientes que justificaban su existencia por la constancia de nuestro oro líquido durante todo el año.
El abuelo de mi hijo, Dominguito Cabrera el sastre, criado en el colmenar me decía que cuando niño, la madre lo metía en la última habitación cueva de la casa porque en la noche se asustaba con el ruido de las piedras que sin piedad arrastraba la fuerza del agua por aquel barranco.
En las noches de verano cuando el siroco se hacía con las medianías a base de aire seco, tierra y calor, nos decía Manolo Peña, siempre acompañado por su inseparable perro Mencey, que gracias al aire húmedo y fresco que subía del barranco, se aliviaban las noches en el pueblo de aquellos veranos de su juventud.
Me dijo alguien no hace mucho que el nivel freático de la isla no está bajando tanto como la gente se piensa, me comentó que esta isla es como una esponja, si no está húmeda por arriba succiona lo que tiene alrededor, y eso mismo está pasando, nuestra tierra se está salando a base de agua de mar, y que lentamente camina desde su perímetro hacia el interior, no en vano las tierras costeras de Telde albergaron árboles frutales antaño según me decía el mismo.
El agua es el tesoro que iba quedando en aquella sociedad agreste, era una constante que se mantenía año tras año, las señales de la madre tierra eran fiables, los zahoríes de la lluvia acertaban plenamente… pero en algún momento las cosas fueron cambiando, se dejó de mirar al cielo y este poco a poco dejó de mirar para nosotros, por eso hoy cuando llueve, no solo se moja la tierra, también se humedecen nuestros corazones y se activa esa información dormida de nuestras raíces, se infla nuestro pecho como si pudiéramos saciar la sed de generaciones pasadas, y pudiéramos además resolver las presentes, siempre con la esperanza de que no sea un espejismo y que se mantenga lo suficiente para cubrir esta tierra seca.
Antoñito Jiménez o Antoñito el Cubano, como era conocido en el pueblo por su facilidad para hacer rimas de punto cubano, era un personaje del paisaje del casco de Valsequillo, y anteriormente de Tenteniguada, Vuelta de Sardina y San Mateo, sitios que albergaron su juventud y sus pleitos que no fueron pocos… nosotros, niños, le pedíamos rimas y a la vez nos asombrábamos pues daba igual que palabra le ofreciéramos, que el completaba un poema… Ya mayor me dijo una vez y a colación de la manida conversación sobre lo poco que llovía: “los tiempos de antes pueden volver…” me dejó sin argumentos para rebatirle, poco pensaba yo que esto se pudiese dar, pero visto como está cambiando nuestro mundo y ya no estoy hablando del agua, parece que acertó cual San Malaquías o Nostradamus moderno, espero que con la pluviometría se cumpla, y nos deje esa alegría en nuestros corazones y nuestra tierra.
Felices Fiestas a Todos
HERMANN HELLBUSCH
