UN OTOÑO QUE HUELE A LLUVIA

Noviembre fue siempre un mes transitorio. Antesala del cambio de los tiempos climáticos, de la visita de las nubes y las tempranas lluvias que se dejan sentir, con pequeños escarceos nocturnos o tristes días copiosos de nubes y “calabobos”. Probablemente cuando estos compases de melodía climática se manifiestan, uno recurre a los comentarios y observaciones de los más viejos, que van mirando cabañuelas y recordando episodios con algún sentido o similitud para enmarcar tales años. De momento la frase resuelta y de primera reacción, es que la lluvia estos últimos años se han anticipado a los tiempos, es decir, el invierno se está adelantando, como dirían los más rápidos en resolver los enigmas y a primera vista no deja de resultar curioso, pero “por ahí van los tiros” como dirían los cazadores. 

Hoy recordé el sabor de la lluvia, mastiqué los granos de sus gotas en mi boca, las puntas de los alfileres en mi cara, corrió el agua por la visera, por el casco, por el parabrisas de la moto, sentí que me estaba mojando de felicidad, era una sensación antigua, mojarme, sentir la lluvia como un regalo del grifo divino, que cae sobre su tierra, para refrescarla, lavarla y volverla a gestar de vida. Lo cierto es que en estas secuencias del pensamiento que intentan describir que los tiempos frescos se acercan junto con la ropa mojada y los chubasqueros escurriendo. Yo me alegro mucho de que llueva, para mi conducir la moto bajo la lluvia es un regalo que me divierte. Alfonso un amigo, me dice que debo estar poco cuerdo para que me guste rodar bajo el agua en moto, Me encanta, no es que desee que llueva para sacar la moto, es simplemente, que sigo usando la moto como si fuera verano, pues hasta el coche lo he vendido, para evitar los atascos del tráfico. 

Por supuesto que hay más riesgo, menos visibilidad, más salpique, más frío, más atascos, claro. Ya eso lo he superado. Por la misma regla de tres, la gente es más sensible, más prudente y hasta más considerada cuando te ve mojándote con la moto y ellos enlatados oyendo la radio musical. Diferentes maneras de interpretar la melodía de la lluvia. 

Sin embargo, salir al campo mientras llueve es simplemente espectacular, la tierra se muestra placentera, recibiendo la gracia de la lluvia, los pájaros y aves desaparecen a sus cobijos, es la respuesta al riego del cielo, todos al soco. Pero también se produce muchas manifestaciones invernales, de animales que salen a jugar, como los caracoles, las orugas, o toda la fauna imperceptible a nuestra visión, a buen seguro tantos y tan simpáticos organizan sus propias fiestas bajo las cortinas de agua. Siempre habrá gente o animales que se diviertan bajo la lluvia, unos bailando otros tejiendo. El fenómeno del tiempo y sus lágrimas sobre la tierra es un poema de vida que se repite, para la naturaleza. Por este encuentro otoñal con la lluvia y que cunda sobre el campo canario esa estampa idílica del verde isleño, a la espera, mientras se lavan las carreteras y refrescan los árboles y las visiones, todo se volverá a colorear de belleza y nosotros de afecto invernal disfrutando los regresos y los paseos.

Por supuesto rodar en moto bajo la lluvia con prudencia, suavidad y equipamiento, es todo un placer para los mortales de las dos ruedas, descúbrelo.

FELI SANTANA

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