OPINIÓN

QUÉ PASARÁ SI LA DERECHA PONE SUS MANOS EN EDUCACIÓN

¿Y si la derecha y ultraderecha pone sus manos en educación?

No hace falta ser adivino para imaginar lo que pasaría si se meten de lleno en las escuelas.

Basta con mirar lo que ya han hecho cuando han pillado poder: la educación pública sale trasquilada.

Lo primero que cambia es la idea misma de para qué sirve estudiar.

Deja de ser un derecho fundamental con criterios de igualdad y libertad y se convierte en un club VIP: mejores condiciones para quien puede pagarlo.

Venden la moto con lo de la “libertad educativa”, que en la práctica significa abrir la puerta para que el dinero público se vaya a colegios privados y confesionales. La universidad no se libra.

Resultado: si tu familia tiene pasta, tu cole tiene césped, tablets y laboratorio. Si no, te toca el público de toda la vida, pero con menos profes, goteras, sin aire acondicionado ni calefacción y sin presupuesto ni para folios.

Y no es solo cosa de dinero.

También le meterán mano al temario. Ya ocurrió con la LOCE y con la LOMCE: todo lo que huela a pensamiento crítico pasa a ser “sospechoso”.

¿Diversidad de género?

Fuera.

¿Feminismo?

Demasiado lío.

¿Historia de movimientos sociales?

Mejor contamos batallitas de la patria y punto.

La ley de Memoria Histórica ni mencionarla. De hecho se la cargarán. Ya han implementado en las comunidades en que gobiernan el pin parental.

Le llaman evitar el “adoctrinamiento”, pero lo que hacen es imponer el suyo: más banderas, más moral conservadora y menos preguntas incómodas sobre quién manda y por qué.

La ciencia tampoco se libra.

Si el cambio climático molesta a ciertas empresas, pues se baja el volumen en clase o directamente se dice que “hay dudas”. La educación ambiental estorba, la justicia social estorba, todo lo que implique pensar por ti mismo estorba.

Lo que quieren es gente que compre, obedezca y no dé guerra.

¿Y los profes?

En el punto de mira desde el minuto uno.

A la derecha y ultraderecha en este país no le gusta un pelo que en las aulas haya gente que anime a pensar distinto.

Así que tocan tres palos: sueldos más justitos, sindicatos más débiles y mucho control.

Que si te pasas de “político” hablando de derechos humanos, te cae bronca.

Que si pones a los alumnos a debatir desigualdades, igual te denuncian.

Les piden “neutralidad”, pero traducido significa: cállate y no incomodes al poder.

Esto no se queda en el cole.

Las universidades públicas, que siempre han sido un sitio donde se investiga y se discute de todo, también reciben.

Tijeretazo a la pasta para ciencia y cultura, y prioridad a lo que le guste al sector privado. ¿Humanidades? ¿Artes? ¿Ciencias sociales?

Eso no da beneficios ya, así que fuera.

Si no sirve para hacer negocio, no cuenta.

En resumen: con esta derecha y ultraderecha mandando en educación, tendríamos un sistema más desigual, más dirigido y pensado para que las élites sigan siendo élites.

La escuela dejaría de ser un ascensor social para convertirse en un guardaespaldas del “siempre ha sido así”.

¿Está todo perdido si pasa?

Tampoco.

La educación lleva siglos siendo un lugar donde la gente planta cara.

Un profe que no se calla, un alumno que pregunta “¿por qué?”, un barrio que defiende su cole público…

Ahí hay esperanza.

Defender una educación pública, que incluya a todo el mundo y que te enseñe a pensar no es solo cosa de pedagogos.

Es pelear por la democracia.

Y esa pelea, nos guste o no, no se acaba nunca.

FIDELA VELÁZQUEZ

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