MIEDO COBARDE

Gigante, azul abierto democratico…en fin el mar!
Creo que es de Neruda
…”Paco”, Nota aclaratoria (¡Ojito! cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia):
En las redes sociales, que ya de por sí parecen un patio de colegio (nunca mejor dicho) a última hora, hay un personaje que se ha venido arriba. Va con nombre de andar por casa, foto flor de almendrero y mucha prisa por largar lo primero que le pasa por la cabeza. Ese perfil fantasma que aparece, suelta la pulla, deja la viñeta envenenada y sale corriendo como quien tira un volador y se esconde detrás del muro.
Pero lo gracioso, si es que tuviera gracia, es el papelón que se monta. Se cree fino, satírico, hasta valiente. Y lo que da es una mezcla de vergüenza ajena y risa floja. Porque hay que tener poca cosa dentro para vivir pendiente de soltar bilis desde una cuenta que no da la cara. Mucho teclado y poca presencia que se diria.
Lo que se intuye detrás es un cuadro bastante claro: alguien pasado de revoluciones, con el ego hecho una pelota que ya no le cabe ni en el bolsillo, y con una obsesión tremenda por seguir en la pomada aunque sea a base de hacer el ridículo. Porque sí, esto ya no es ni critica ni nada que se le parezca. Es puro disparate, desvarío.

Es como ver a un boxeador que lleva rato en la lona, pero se levanta tambaleando, tirando manotazos al aire, convencido de que está ganando el combate. Y tú desde fuera dices: “chacho,chacho, siéntate un momento y tómate un vasito de agua, que no sabes ni dónde estás”.
Y mientras tanto, dale que te pego con las viñetitas, los mensajitos y las indirectas de patio chico. Todo muy valiente, si… siempre que nadie le ponga nombre y apellidos al asunto. Porque ahí ya cambia la cosa.
Aquí nosotros podremos ser tranquilos, pero no somos tontos. Cuando alguien se pasa de listo, se le ve el plumero en dos minutos y desde lejos. Y este ya ni disimula: cuanto más escribe, más se retrata. Y cuanto más intenta parecer grande, más chico se queda.
Al final, lo que queda es un espectáculo lamentable, medio triste: alguien escondido detrás de una careta digital, creyéndose protagonista de algo, cuando en realidad no pasa de ser ruido del fondo. Ruido «molesto», sí, pero ruido al fin y al cabo.
Así que nada, que siga la función. Pero que no se confunda: esto no es valentía ni es ingenio. Es MIEDO COBARDE con wifi y ego sin freno. Y eso, por mucho que se maquille, siempre termina oliendo muy MAL.
MIGUEL MONZÓN
