LA PRIVATIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS

Desde hace años, los gobiernos de esta “maravillosa democracia” llevan privatizando servicios públicos con la excusa de siempre: que así se ahorra dinero y todo funciona mejor. El cuento de nunca acabar. Y todavía hay gente que se lo compra empaquetadito con lacito.
Yo, sinceramente, todavía no he encontrado a nadie que me explique de verdad dónde coño está la supuesta eficiencia de regalarle servicios públicos a empresas privadas pa’ que hagan negocio con ellos. Porque al final siempre pasa igual.
Primero te dicen que privatizan para “mejorar la gestión”. Traducido: CONVERTIR DERECHOS EN NEGOCIO. ASÍ DE SIMPLE.
Después venden el humo del ahorro económico. Pero resulta que ese “ahorro” mágico solo sirve pa’ pintar las cuentas a corto plazo, porque a la larga acaba costando más dinero y dando peor servicio. O sea, que el AHORRO ES MÁS FALSO que una moneda de tres euros.
Mientras tanto, las empresas amigas se llevan contratos millonarios, concesiones eternas y dinero público a paladas. Qué casualidad oye… siempre aparecen los mismos LISTOS HACIENDO CAJA.
Y claro, pa’ que el negocio sea rentable, ¿qué hacen? Pues recortar personal, empeorar condiciones laborales, bajar salarios y exprimir recursos hasta dejar el servicio hecho una mierda. PORQUE UNA EMPRESA PRIVADA NO ESTÁ PA’ CUIDAR DERECHOS: ESTÁ PA’ GANAR DINERO. PUNTO.
Entonces llega el truco final del mago:
primero abandonan lo público, lo dejan deteriorarse poco a poco, recortan inversión, hacen que funcione peor… y después aparecen diciendo:
“¿Ven? Lo privado funciona mejor”.
Normal, señoras/es. Si llevas años desmontando lo público a martillazos.
Y aquí lo más triste no es que lo haga la derecha, porque eso les viene ya en el ADN ideológico y por lo menos son coherentes con lo suyo. Lo realmente descarado es ver a toda la progresía haciendo exactamente lo mismo mientras te sueltan discursos sociales y se hacen fotos muy preocupaditos.
Ayuntamientos, cabildos, gobiernos autonómicos… da igual el color. Al final muchos acaban entregando servicios públicos a empresas privadas mientras hablan de justicia social con una sonrisita de anuncio de pasta de dientes.
Y así nos va:
Sanidad saturada, educación deteriorada, dependencia colapsada y ciudadanos pagando cada vez más por servicios que ya financiaban con sus impuestos.
Pero lo peor de todo es otra cosa:
Que de tanto repetir estas barbaridades, la gente las acaba viendo normales. Como si fuera inevitable. Como si no hubiera otra opción.
Afortunadamente algunos todavía seguimos mirando a nuestro alrededor y pensando:
¿PERO EN SERIO NADIE VE EL PEDAZO DE TOMADURA DE PELO QUE NOS ESTÁN METIENDO?
MIGUEL MONZÓN

