CON LA QUE CAE, ESTÁ FEO

Todos utilizan las instituciones como centros de colocación y echadero de los suyos

vicente

De un tiempo acá, que no es corto, se ha impuesto un mantra en la vida política que sentencia que lo importante es el relato, y así las palabras se imponen a los hechos y se ponen al servicio de intereses concretos. De esta manera, como ha dicho Soledad Gallego Díaz, la realidad es que en España está quedando fuera de la política mucho de lo que sería fundamental que abarcara. Resultado, con la que está cayendo, en el debate se suceden los exabruptos y la indignación impostada.

Evidentemente, el relato se acomoda al lugar en el que uno se encuentre. Según donde se esté se reclama con vehemencia ejemplaridad o se matiza el código ético. Es aquello de: la moral reina, pero no gobierna.

Sesión del parlamento de Canarias

En estos días en Canarias hemos sido testigos de cómo se ha desatado la palabrería a propósito del uso de las instituciones en favor de intereses partidistas. Cosa fea, por cierto. Pero, tristemente, la verdad es que todos, a poco que tengan oportunidad, hagan repaso, las utilizan como centros de colocación, echadero para los suyos y se valen de ellas para compensar desajustes en sus partidos. El relato viene a ser: si el partido sirvió para llegar a ellas, el partido se vale de ellas. Cosas de la partitocracia reinante.

Chirría, sí; tanto que hasta hubo una ola regeneracionista que parecía imparable, que pretendía corregir esas maneras que hacen que hasta un director de hospital sea designado por el que gobierna, lo que deja a las claras hasta dónde llega el intervencionismo político, que no solo cambia las cúpulas en cada ciclo electoral, sino que se entromete en todos los estamentos, al margen de considerandos profesionales. Pero la ola acabó en lodo.

Lo de Blas Acosta, que van a recolocar en el Gobierno tras perder el poder en el Cabildo majorero, es un caso feo más, entre demasiados. Como también lo es, cuando una parlamentaria, Vidina Espino, explica que no había asistido a ninguna sesión de la Comisión sobre la situación de la infancia porque los jueves, jornada en que se celebran las reuniones, está obligada a cuidar a un hijo menor que vive en Gran Canaria, razón por la que había pedido que se cambiasen de día las sesiones, la consejera de Derechos Sociales, Noemí Santana, le conteste, simplemente, que quedaba claro que ella no mentía al criticarla por no asistir. ‘Ejemplarizante’. Marchando una de conciliación. Y feo es que luego se sepa que la diputada no dijo toda la verdad a la Cámara. Las palabras por encima de los hechos. Y así todos.

VICENTE LLORCA LLINARES

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