NACE STANCE CANARY LOW SOCIETY: REVOLUCIÓN EN ESTADO PURO

Aunque de todos es bien sabida la extraordinaria pasión y cultura del automóvil que existe en Canarias, nos congratula especialmente comprobar cómo las nuevas generaciones cultivan nuevos conceptos dentro del amplísimo universo del automovilismo. Unifican criterios, argumentan objetivos y establecen sus propios patrones para dar continuidad a pasiones que, bien orquestadas, encuentran nuevas formas de expresión.
Dejemos por un momento a un lado a los puristas y puritanos del automóvil clásico, para quienes cualquier transformación que altere su estado original supone casi una herejía mecánica, y acerquémonos a los creadores, a los apasionados de la cultura del automóvil y a esos auténticos sibaritas de paño y brillo, capaces de invertir horas interminables hasta conseguir que una máquina deje de ser simplemente un coche para convertirse en algo absolutamente personal.
Valsequillo, siempre activo y multicultural, vuelve a entusiasmar por ese amplio abanico de actividades y movimientos creativos que es capaz de mostrar durante sus fiestas patronales y a lo largo de todo el año. Y en esta especie de revolución en estado puro aparecen iniciativas que, naciendo casi modestamente, terminan convirtiéndose en pioneras dentro del amplio catálogo de exposiciones y concentraciones de Canarias.
Ahora le toca el turno, con mucho efecto y extraordinaria presencia visual, a Stance Canary Low Society.
Este fin de semana, coincidiendo con el arranque festivo local, volvió a consolidarse la concentración de automóviles personalizados bajo un concepto eminentemente estético. Clásicos y postclásicos, berlinas, cupés, utilitarios y versiones especiales compartieron espacio después de pasar por las manos y la imaginación de sus propietarios.
Suspensiones rebajadas, llantas, pinturas, carrocerías, escapes, interiores y multitud de pequeños detalles forman parte de un maquillaje de lujo que convierte vehículos conocidos en auténticas estrellas de una pasarela futurista. Coches capaces de detener las miradas y despertar el asombro incluso entre quienes llegan sin conocer demasiado esta cultura.
El propio nombre, Canary Low Society, juega con esa identidad: algo así como la “sociedad canaria de los coches bajos”, una declaración de intenciones dentro de la cultura stance, donde la altura, la posición del vehículo, las ruedas y el equilibrio estético forman una parte esencial del conjunto.
Sus impulsores miran también hacia la cultura europea y hacia aquella legendaria concentración del lago Wörthersee, celebrada en Reifnitz, en la región austriaca de Carintia. Lo que nació alrededor de la pasión por el Volkswagen GTI terminó convirtiéndose en un escaparate extraordinario de creatividad, preparación, diseño y cultura automovilística.
Y algo de aquel espíritu se percibe aquí.
El resultado son verdaderas obras de arte rodante. Carrocerías adaptadas a un nuevo concepto que realza sus líneas y dispara la imaginación hacia la expresión artística. El nivel exhibido en Valsequillo demuestra la buena salud de la cultura stance, que, lejos de esa imagen chabacana o vulgar que algunos todavía quieren atribuir al automóvil modificado, puede alcanzar cotas extraordinarias de creatividad, acabado y puesta en escena.
Sorprende contemplar algunos de estos cupés, berlinas e incluso sencillos utilitarios y descubrir hasta dónde son capaces de evolucionar. Vehículos cotidianos que, después de cientos de horas de trabajo, imaginación e inversión, pasan directamente a formar parte de una particular pasarela de museos ambulantes sobre ruedas.
Pero detrás de cada una de estas maravillas aparece siempre la figura esencial: su propietario.
Ese tipo feliz que se ha dejado el sueldo, las horas y, probablemente, una parte de la razón alimentando su pasión automovilística.
Porque ahí está precisamente una de las claves de todo esto.
No hablamos únicamente de coches. Hablamos de imaginación, habilidad, sacrificio, mecánica, diseño, pintura, tapicería y cultura de las cuatro ruedas. De la capacidad del ser humano para coger algo fabricado en serie y transformarlo hasta hacerlo suyo, diferente y reconocible.
Muchos colectivos, garajes y talleres profesionales comienzan ya a afinar sus apuestas para unas concentraciones en las que cada vez se busca subir un poco más el listón: premios especiales, concursos de belleza, exhibiciones, pasarelas de honor, sonido, detalles mecánicos y todo un universo alrededor del automóvil personalizado.
Y ahí aparece el amigo Miguel Rodríguez López. «Miguel El del Jetta»
Arropado por su colectivo, Miguel es uno de esos inquietos ilusionados que sueñan con elevar una concentración específica hasta convertirla en referencia en Canarias. Quiere añadir elementos que la hagan diferente, darle personalidad propia y convertirla, poco a poco, en punto de encuentro anual para todos sus adeptos.
De momento ya ha conseguido lo más difícil: que la ilusión encuentre camino.
Que su entusiasmo mueva fichas entre los amigos, que su constancia vaya madurando el proyecto y que cada edición permita cuidar un poco más los detalles. Sin prisas, pero sin pausa. Con esa habilidad que tienen los buenos impulsores para abrir caminos, reunir voluntades y terminar compartiendo con los demás aquello que un día solamente existió en su imaginación.
Nos quedamos gratamente sorprendidos por tanto entusiasmos y felices de comprobar que Valsequillo vuelve a convertirse en escaparate de nuevas generaciones que ordenan, diseñan, restauran, crean, comparten y evolucionan la cultura del automóvil.
Porque también esto forma parte de la historia del motor.
Los clásicos que hoy veneramos fueron un día coches nuevos. Las preparaciones que ayer parecían atrevidas terminaron marcando épocas. Y probablemente algunos de estos automóviles que hoy vemos rozando el asfalto, provocando miradas y rompiendo moldes, serán mañana el recuerdo de otra generación.
Fue un feliz encuentro, cargado de sorpresas y, sobre todo, de una esperanzadora sensación de continuidad.
Que ruede la imaginación. Que siga bajando la altura. Y que siga subiendo la pasión.
Felicidades, amigos.
Feli Santana
