CUANDO LA HUMANIDAD SE SIENTA A MIRAR

Vamos a ver, algo raro está pasando y no sé si es que ya nos acostumbramos a ver gente muriendo por la tele y nos da igual. Como quien pone el parte del tiempo y luego cambia de canal y sigue friendo las papas.
El otro día en Naciones Unidas se sube Netanyahu a soltar su rollo de Israel, Gaza y todo el follón, y media sala se levanta y se marcha. Se fueron, así, sin más, cogieron y se salieron por la puerta.
Y no me vengan ahora con la cuenta exacta de cuántos fueron y cuántos se quedaron, que esa es la trampa que si 70, que si 100… qué más da en la foto se vio, mucha silla vacía, y otros que ni aparecieron directamente, la imagen habla por si sola.
Una cosa es la política, que si los negocios, las armas, el petróleo, que si tú me das y yo te doy, toda esa revoltura que ellos llaman interés nacional. Y otra cosa muy distinta es ser persona, coño. Ahí es donde a mí se me revuelve todo.
Porque tú ves a los niños muertos, a familias durmiendo en el suelo, hospitales reventados, gente viviendo entre escombros… y tú dices, joder, ¿de verdad pesa más un contrato que la vida de una persona, de un niño?
Y no hablo de derechas ni de izquierdas, ni de si eres de Israel o de Palestina. Esa gente que se pone a clasificar los muertos según la bandera, a ver cuáles valen y cuáles no.
Hablo de algo más simple, de lo que te enseña tu madre en tu casa, UN NIÑO ES UN NIÑO, VENGA DE DONDE VENGA, y parece que ahora hay que explicarlo con un cartel.
Yo no soy ningún entendido, ni falta que me hace. Yo soy de pueblo, de Valsequillo, y uno aprende mirando.
Si al vecino se le está prendiendo fuego la casa, tú no te quedas en la esquina mirando a ver si es de los tuyos o no. Tú coges un balde y vas a ayudar. Después ya veremos quién dejó el fogón encendido. Pero primero se apaga el fuego, ¿no? ¡Coño, que se le está quemando la casa!
Pues eso es lo que yo echo en falta, HUMANIDAD.
Humanidad para decir basta ya cuando matar gente se vuelve costumbre, para no mirar para otro lado porque el que dispara es colega tuyo, para no justificar una burrada solo porque la hace uno de los tuyos.
Que los derechos humanos no pueden ser como cuando vas al bar y eliges, este sí, este no, según quién pague.
Por eso me gustó que se levantaran y se fueran de la sala. Eso no va a parar ninguna guerra, no seamos bobos, pero al menos se levantaron y dijeron con el cuerpo lo que muchos no se atreven a decir con la boca, con esto no me junten, no me confundan.
Lo que me acojona de verdad es lo otro.
Que haya tantas muertes y nosotros aquí en el sofá, como si fuera un partido de futbol. Unos con los suyos, otros con los otros, discutiendo en el Facebook quién tiene la razón mientras hay gente enterrando a sus hijos. Ahí, señor@s, ahí es donde la hemos cagado del todo.
Porque el problema no es solo Netanyahu, ni un gobierno solo. El problema es que vivimos en un mundo donde EL DINERO MANDA MÁS QUE LA VIDA, DONDE EL NEGOCIO VALE MÁS QUE LA GENTE.
Y eso da miedo, porque hoy es allí y mañana puede ser aquí, puede cambiar la bandera, el nombre, la religión, lo que sea. La barbarie no tiene acento, en cuanto le dejas un hueco se te mete en la casa.
Y luego vienen los listos de siempre a decirte que era inevitable, que no quedaba otra, que si la seguridad, que si la historia…siempre tienen una excusa para matar.
Lo jodido es encontrar una excusa para dejar de hacerlo. Y yo me pregunto una cosa que no hace falta ir a la universidad para responder,
¿EN QUÉ MOMENTO SE NOS OLVIDÓ QUE EL DOLOR DEL OTRO TAMBIÉN ES NUESTRO?
Porque si un niño muerto nos duele menos porque nació al otro lado de una raya en el mapa, vamos por mal camino. Y si primero tenemos que preguntar de qué bando era para saber si nos da pena… apaga y vámonos, ya hemos perdido.
Y el peligro es ese, que la barbarie ya ni tiene que tocar la puerta.
LE HEMOS PUESTO EL SILLÓN EN MEDIO DEL SALÓN Y HASTA LE SERVIMOS EL CAFÉ.
Y eso sí que acojona. Porque al final, cuando todo esto acabe, cuando los políticos vuelvan a sus despachos y los generales a sus mapas y nosotros a lo nuestro, va a quedar una pregunta, una sola, mucho más simple que todas las que se hacen en la ONU.
No va a ser qué bandera tenías, ni de qué lado estabas, va a ser esta y nada más,
¿QUÉ HICISTE TÚ CUANDO VISTE SUFRIR A OTRO?
Y ahí, no te vale esconderte detrás de ninguna bandera.
MIGUEL MONZÓN
