PSICOLOGÍA DEL DEPORTE Y CONFINAMIENTO

CONFComo un puñetazo súbito, como un disparo seco junto al palo, como un contrapié, el confinamiento, la crisis del coronavirus, nos ha alcanzado de improviso. Podría pensarse que un deportista de élite, acostumbrado a situaciones de máxima exigencia, lidiará con una situación como esta mejor que una persona común. En efecto, están más acostumbrados a situaciones extremas, pero eso no significa ni que él pueda lidiar con esta crisis sin preocuparse más que en la forma física, ni que cualquiera de nosotros, aunque cada persona es un mundo, no pueda aplicar técnicas como las que se utilizan en la psicología deportiva para enfrentarse a estas situaciones.

 

PSICOLOGÍA DEL DEPORTE Y CONFINAMIENTO: «LA INCERTIDUMBRE ES EL MAYOR PROBLEMA»

DONATEJosé García Donate es psicólogo deportivo. Y piensa que en este confinamiento que se va prolongando «la incertidumbre es uno de los problemas más grandes. Nadie nos puede dar garantía de cuándo va a volver a la normalidad, y si va a volver. Esa incertidumbre provoca muchas veces desmotivación: yo tenía unos objetivos, y ahora no los puedo cumplir. Por tanto, ahora es conveniente adaptar los objetivos a la realidad: Por ejemplo, un deportista plantearse cosas como ‘alcanzar un determinado nivel de fuerza’, o ‘estudiar videos para mejorar una técnica’. Es difícil, porque no se tienen a mano los medios normales, pero es un motivo para mantenerse activo».

Otro de los problemas que detecta José es el que señalan muchos deportistas: A veces han vivido una parada repentina por lesión, pero una situación como esta era imprevisible. «La visualización es útil para la competición, porque crea una huella mental que luego reduce el impacto emocional de la realidad. Pero en efecto, esta situación no se puede imaginar. Uno de los grandes problemas que me encuentro es que se visualizan en exceso escenarios futuros, que es lo que muchas veces produce la ansiedad».

La ansiedad es conocida como exceso de futuro»

«Esta también es conocida como exceso de futuro, porque estamos centrados excesivamente en lo que puede ocurrir, y en la mayoría de las ocasiones, de forma pesimista: esto no lo voy a lograr, esto no va a acabar nunca… Y el cerebro no distingue entre lo que imaginas y la realidad. Es decir, que si yo me pongo en una situación que me provoca miedo, mi cuerpo responderá como si esa situación fuera real. Es una respuesta que nos prepara ante una amenaza y eso está bien. Pero si esta respuesta es muy prolongada en el tiempo o de mucha intensidad, vienen los problemas».

Y son problemas variados, e inesperados: «Por ejemplo, en estas situaciones el cuerpo ‘olvida’ el sistema digestivo. Y esto provoca muchos problemas estomacales porque además se genera una hormona llamada cortisol, que influye. El sistema inmunológico, igual: deja de funcionar porque el cuerpo está preparado para esa respuesta inmediata. Y si se prolonga, llega un desgaste y consecuencias negativas para la salud».

El cerebro no distingue entre lo que imaginas y la realidad»

Esta situación de confinamiento, el hecho de haber perdido temporalmente la vida cotidiana nos lleva también a la necesidad de un periodo de adaptación, que puede identificarse con las fases del duelo, «que son las que surgen cuando fallece un familiar, o se sufre una pérdida. Se suele pasar, aunque el orden y la duración dependen de cada persona. Primero está la Fase de Negación, cuando no somos capaces de hacer frente a la realidad y nos es imposible creer lo que pasa. Luego la de ira o enfado, cuando aparece la rabia al comprobar que la situación es irreversible. A veces la frustración se paga con quien no tiene culpa. Luego, la negociación o ambivalencia, imaginar los posibles escenarios para que el hecho no sucediera. Después, tristeza, al empezar a hacer frente a la situación, y finalmente aceptación. Puede variar el orden y duración, pero casi siempre se acaba en la aceptación. Si no, hablaríamos de duelo patológico. Tener presente esto es importante, tanto en una lesión, en un deportista, como ahora en la cuarentena. Al final hemos perdido algo, nuestra forma de vivir, en este caso».

Así, ahora… ¿A los deportistas les pasa algo distinto al resto de la gente?. «Ahora, durante la cuarentena, trabajo tanto con deportistas con un entrenamiento mental adaptado, y otros con problemas específicos de esta situación. Por ejemplo, hay muchos temas de convivencia. A veces hay miedo de decir ‘es que no aguanto a mi pareja, a mi madre, a mi padre…’ Pero es normal y lógico. Esta situación no es sana. Yo animo a tener ratos de intimidad, a hacer planes en común, sin forzarlos. Hay que respetar un poco los espacios y también controlar las discusiones, al menos hasta que puedan salir a dar un paseo en vez de discutir».

Además otro tipo de problemas es el de la alimentación: «Tengo casos de gente con problemas por subida de peso. Antes a lo mejor se hacía una compra para el día o algo más. Ahora se compra mucho para salir lo menos posible. Antes se estaba ocupado haciendo cosas. Ahora se está todo el día metido en casa, con más tiempo para la cocina…» En este punto José pregunta «¿a qué quieres que te acompañe? ¿A llevar mejor esto, o a intentar cambiarlo? Porque en un momento complicado tampoco es cuestión de llegar y decir ‘esto no puedes hacerlo, estás superando este peso’ porque lo único que vas a hacer es causar más ansiedad y estrés, y eso puede acentuar el hambre. Esta puede ser normal o emocional. Si viene de la ansiedad, es bueno cambiarla por relajarse, distraerse… porque realmente no es una necesidad fisiológica, simplemente es que calmas la ansiedad de esa forma. Es bastante común».

Ahora parece que se empieza a ver alguna luz al final del túnel del confinamiento pero, ya lo sabemos, es en la recta final cuando hay que estar a tope.

Fernando M. Carreño

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