EDITORIALOPINIÓN

HERMANA, LA HUELLA IMBORRABLE DE “LA PUNTA LANTE”

Hay noticias que detienen el pulso de un municipio, y la pérdida de Teodora Suárez Peña, cariñosamente llamada “Hermana”, es sin duda una de ellas. Con su fallecimiento a los 73 años, Valsequillo no despide únicamente a una vecina querida, sino a uno de esos pilares humanos y culturales imprescindibles que sostienen la identidad de un pueblo.

Leer su trayectoria es entender el significado más puro del compromiso cívico. Hermana fue pionera donde hacía falta abrir camino —convirtiéndose en la primera mujer concejala del Ayuntamiento de Valsequillo—, pero su verdadera trinchera siempre fue la calle, la cultura popular y el calor de su gente. Su afán por «hacer pueblo» no respondía a intereses partidistas o de despacho, sino a una vocación inquebrantable de servicio y mejora colectiva.

Lo que verdaderamente la convierte en un referente inolvidable es la polifonía de su legado. Para su familia, era el centro gravitacional, la matriarca. Pero para generaciones de niños y jóvenes del municipio, Hermana fue mucho más: fue la mentora que les crió ilusiones, la que les enseñó a socializar, a descubrir el mundo y a ganar autonomía con una sonrisa y una forma divertida de entender la vida. Fue, en el sentido más noble de la palabra, una educadora social de la vieja escuela, de las que marcan el alma con el ejemplo.

Esa misma pasión la volcó en la defensa y divulgación del folclore y las tradiciones canarias. Estar en «la punta lante» no era solo una metáfora de su liderazgo natural en cada acto o agrupación musical y de baile; era la radiografía de una mujer valiente que nunca se escondió, que tiraba del carro hasta en sus últimos días y que entendía que la cultura es el alma viva de una comunidad.

Por todo ello, el título de Hija Predilecta de Valsequillo no fue un reconocimiento protocolario, sino la constatación oficial de lo que sus vecinos ya sabían: que Hermana era, por derecho propio, patrimonio vivo del municipio.

Hoy, las redes sociales se llenan de un dolor genuino y de mensajes de condolencia que evidencian algo maravilloso: el amor que sembró en vida no se apaga con su partida. Nos deja una madre, una hermana, una protectora y un faro cultural. Descansa en paz, Hermana; Valsequillo jamás olvidará tus pasos al frente.

JUAN ANTONIO OJEDA MUÑOZ

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