UN CUENTO DEL PERINQUÉ: LA SEÑORA MARIQUITA

Mariquita Pérez, una comadre Valsequillera, entrada en años y en chismes, no sale de su calle. Vocifera su visión de la realidad que reinterpreta con sus chinijos ‘ojitos’ tras unas grandes lentes.
Esos que en su día decíamos ‘culo de botella’.
Las lentes ahora son más finas, las gafas son de Dior, Boss o Prada, y la realidad es más visible.
Todos los vecinos de Valsequillo lo saben y también saben que Mariquita se despista. Pero ¿qué le van a hacer? Le asienten _Que sí mujer, que sí, lo que usted diga…_ Y siguen a lo suyo.
Mariquita Pérez, con traje negro y pañuelo hasta las cejas, viste de luto. Ella grita a los cuatro vientos que es bruja visionaria de influjo y _de las buenas oiga_, pero que un día le hizo una promesa a Santa Lucía y no se la cumplió. Y culpa a la virgen porque desde entonces, dice, la dejó con esa visión borrosa que la llevó al culo de botella y a no acertar ni una.
Mariquita perdió su visión por simple desgaste.
Por simple vejez.
Pero ella tira que tira a la virgen.
Lo peor son los días de luna llena. Mariquita grita y grita: _ Traidora de Valsequillo. Tránsfuga. Traidora. Traidora_ Y la virgen impertérrita.
Y como la virgen no le contesta tira el chisme para otros vientos: Que si hay una mala pécora en San Roque, que si en Era de Mota se soltó un alacrán, que si el alcalde es un traficante de sentimientos, que si su vecino, el hijo de los Del Barro, es un buen chorizo pero que le falta azafrán…
Y hasta un chiquillo buenajo, cuyo único mal es trabajar en las carreteras, es tiro de señora Mariquita.
Y así borda la buena mujer, esa especie de locura quijotesca, entre tramas y urdimbres.
Los compradres, preocupados, buscaron una explicación en el Profeta de Gibran Khalil Gibran.
_Díganos buena persona qué le ocurre a Doña Mariquita que se siente la Mesías_ y Al Mustafá, el Profeta, el Elegido, el Bienamado, así les habló:
_ ¿Cómo podrá marcharse ese espíritu en paz y sin pena? No, no será sin una herida en el alma al dejar su vecindad. Largos fueron sus días de amargura entre muros, y largas, sus noches de soledad. ¿Y quien puede despedirse sin tristeza de su amargura y de su soledad?
El Profeta continuó:
_Muchos fueron los trozos de su alma quebrada esparcidos por el suelo, y muchas las horas de sueño, por su desnuda ansiedad. Y no puede, abandonar, sin sentir clara opresión en el pecho.
_No es una vestimenta pueril y chismosa la que se arranca Mariquita a cada jirón _, concluyó:
_Sino su propia piel.
REYES BOLAÑOS



