CULTO A LAS FLORES Y A LA ENRAMADA

La devoción vecinal convierte la enramada de la Virgen de Las Vegas en una ofrenda de flores, tradición y memoria compartida
En muchas iglesias de nuestros pueblos, y en mayor medida en las de los barrios rurales, existe un culto especial a la ornamentación de las imágenes religiosas. Este fenómeno de enramar a los patronos para que luzcan con todo su esplendor en las procesiones es tan antiguo como la propia religión. En Canarias, además, se acentúa con la devoción, la creatividad y el entusiasmo del regalo.
Este año, la iglesia de Nuestra Señora de Las Vegas, en Valsequillo, se vio de nuevo superada por esa energía renovadora de entrega a su Virgen. Muchas vecinas, tradicionalmente, han llevado a cabo esta labor en colaboración con la iglesia, como una forma de expresar su fe y de ayudar a los curas a resaltar las pasiones religiosas, contribuyendo así a la mejor exaltación de su patrona.
Así, Nievita Ortega, como antes lo fue Mariquita o Antoñita Pérez y tantas otras mujeres entregadas, aprendió el honor de repicar las campanas en los días previos y al mediodía. Sus campanadas acompañan la suelta de voladores, que convierten el rito en aviso sonoro de las fiestas patronales.
Ayer, Nievita, mientras atendía la tienda de toda la vida, hizo un paréntesis, dejó a su sobrina al cargo y salió corriendo a tocar las campanas. Llegó apurada, porque no quiere faltar a su cita con la tradición. A la vuelta comentaba que, aunque todavía marca el ritmo, ya no tiene la misma fuerza de antes. Y claro, la resonancia es cuestión de golpes duros y tirón de cuerda.
En cualquier caso, su expediente está cubierto desde hace muchos decenios. Mientras los estampidos de los voladores espantan a las palomas, ella entrega las aportaciones que los vecinos dan para la compra de las flores con las que se enrama la iglesia.
Entonces aparece el segundo equipo de la enramada, mientras otros siguen la romería y los actos culturales y festivos. A la iglesia va llegando el batallón de las flores y del entusiasmo, liderado por manos creativas como las de Paca Suárez, que adorna con exquisito arte floral los tronos, el altar y los atriles.
Paca lleva también toda la vida enramando a la Virgen y cargando con ella en la procesión, porque este culto del paseo es otro honor que se hereda y que ella guarda como un deber con las fiestas. Fina Martel y su aportación siempre altruista, además, las bellas orquídeas cultivadas por Bernardo, que añadieron otro sello de color extraordinario.
Por la noche, la iglesia estaba lista para revista, con un ambiente cercano de observación, ayuda y recogimiento. Un trabajo excelente, donde convergen culto y tradición para hacer grandes y comprometidos los asuntos del pueblo con sus creencias.
Hoy, las alegorías y los piropos fueron para ellas: para las manos que contienen y entregan esa belleza en los tronos. La procesión fué el regalo de tal exhibición, y el paseo por los principales núcleos del barrio rendirá honor del vecindario a Nuestra Señora de las Cosechas, patrona de Las Vegas un año más, con todos sus fieles.
Feli Santana
