TENTENIGUADA: UN PUEBLO QUE PARTICIPA, REIVINDICA Y HACE HISTORIA

El otro día, hablando con Paquillo el Rubio —porque lo poco que nos vemos siempre terminamos haciendo un repaso a la vida de Tenteniguada—, empezamos a recordar personas, momentos, historias y tantas cosas que hemos vivido en nuestro pueblo.
Después me encontré con Conchi, la de Las Casillas, en el duelo de Pepa Rosa y, como suele pasar cuando nos encontramos personas que llevamos tantos años compartiendo recuerdos, volvimos a hablar de lo mismo.
Fue curioso porque, entre una conversación y otra, empezaron a aparecer recuerdos que creíamos olvidados: nombres, caras, lugares, fiestas, reuniones, actividades, anécdotas…
Entonces pensé:
¡Cuántas cosas hemos vivido en Tenteniguada y cuánto se nos puede quedar en el camino si no las contamos!
Porque los años pasan. Los que éramos jóvenes ya no lo somos tanto, muchos de aquellos vecinos ya no están y otros quizás ya no recuerdan con claridad todo lo que hicieron.
Creo que tenemos una responsabilidad con nuestra memoria. No solamente quiero hablar de nuestra época. Quiero que miremos mucho más atrás y también mucho más adelante: a quienes estuvieron antes que nosotros, a quienes continuaron después y a quienes hoy siguen participando y haciendo cosas por Tenteniguada.
Porque la historia de un pueblo no la escribe una sola generación; la construyen todas.
UNA HISTORIA DE PARTICIPACIÓN
Tenteniguada siempre se ha caracterizado por ser un pueblo participativo, reivindicativo y luchador. Un pueblo donde, cuando había que hacer algo, siempre aparecía alguien dispuesto a arrimar el hombro.
Y cuando hablamos de participación, para mí es imposible no acordarme de la Casa de la Cultura.
Por lo que he escuchado desde pequeña a mis padres, familiares y vecinos, aquella historia comenzó mucho antes de que nosotros llegáramos. La Casa de la Cultura se fue haciendo poco a poco, con el esfuerzo de los propios vecinos.
No fue solo levantar unas paredes: fue levantar un sueño colectivo.

Fue conseguir un lugar donde los vecinos pudieran reunirse, aprender, organizar actividades, celebrar, hablar, compartir y, por qué no, también reivindicar.
Me gustaría que algún día pudiéramos poner nombre y apellidos a todas aquellas personas que estuvieron en sus comienzos. Personas que quizás nunca recibieron un reconocimiento, pero que dedicaron su tiempo y su esfuerzo a construir algo para todos.
LOS RECUERDOS DE CUANDO ÉRAMOS NIÑOS
Yo era pequeña cuando empecé a vivir algunas de aquellas actividades.
Recuerdo especialmente cuando Constanza nos daba clases de baile Canario.
Recuerdo aquella falda corta de color verde, que era de la Sección Femenina, y
aquellas tardes de baile.
En aquel momento no éramos conscientes de que estábamos viviendo cosas que muchos años después recordaríamos con cariño.
Éramos niños, éramos jóvenes; simplemente vivíamos.
Pero ahora, mirando atrás, aquellos pequeños momentos se convierten en recuerdos enormes.
Seguro que se hicieron muchísimas más cosas que no recuerdo. Por eso quiero que esta historia la hagamos entre todos.
LOS AÑOS 80 Y LA CASA DE LA CULTURA
En los años 80 entramos a participar en la Casa de la Cultura Juan Antonio, el de Pepa Rosa; Pepa González; Tomás, el del Rincón; Conchita, la de Las Casillas; mi prima María del Mar (Mary) y yo, junto a muchos otros vecinos.
Nos tocó vivir una época de mucha actividad y coincidimos también con los comienzos de ASBA.

Participamos con ellos en algunas iniciativas, pero la Casa de la Cultura siempre quiso mantener su independencia y mantenerse al margen de la política partidista.
Precisamente esa independencia fue también motivo de algunos conflictos con el Ayuntamiento.
Uno de los ejemplos que recuerdo fue la organización de las Fiestas del Almendrero.
En aquella época, la Casa de la Cultura tenía un papel fundamental. Éramos quienes buscábamos artesanos, organizábamos el montaje de las casetas, contactábamos con grupos y preparábamos muchas de las actividades.
El Ayuntamiento aportaba una pequeña cantidad de dinero para los artesanos, pero quienes gobernaban querían entregar personalmente ese dinero. Nosotros entendíamos que no debía hacerse de esa manera y nos negamos.
Y para qué fue aquello…
Cada vez que teníamos que ir al Ayuntamiento de Valsequillo a preparar las fiestas, salíamos, como se decía entonces, «escardados».
La tensión fue creciendo hasta que Paco, «el Toro», nos bautizó con aquel nombre que todavía recuerdo:
«Las niñas de ATI», en referencia a la Asociación de Tenteniguada Independiente.
Con todo aquel malestar, llegó un momento en que incluso se animó a vecinos para intentar desbancarnos.
Hoy, tantos años después, quizás algunas de aquellas cosas nos hagan sonreír; otras seguramente todavía despierten sentimientos.
Pero creo que lo importante es entender que, detrás de todo aquello, había vecinos que estaban intentando hacer cosas por su pueblo.
MUCHO MÁS QUE UN EDIFICIO
La Casa de la Cultura era mucho más que un edificio.
Era un punto de encuentro.
Era cultura.
Era fiestas.
Era reuniones.
Era baile.
Era participación.
Era solidaridad.
Era, en definitiva, pueblo.
Recuerdo también cuando desde el Cabildo se proporcionó material de construcción para arreglar las casas de algunos vecinos y era la Casa de la Cultura quien se encargaba de gestionarlo.
Son recuerdos que quizás para algunos parezcan pequeños, pero que, cuando los juntas, forman una parte muy importante de la historia de Tenteniguada.
UNA HISTORIA QUE NO EMPEZAMOS NOSOTROS
Hay algo que me emociona especialmente cuando pienso en todo esto: que no empezamos nosotros.
Antes hubo otros.
Otros vecinos que dieron los primeros pasos, otros que se organizaron, otros que pusieron tiempo, trabajo e ilusión.
Después llegamos nosotros y continuamos, de alguna manera, aquel camino.
Y después vinieron otros, y otros, y otros…
Y hoy hay personas que siguen haciéndolo.
Por eso no quiero que esto sea un homenaje únicamente a los que vivimos los años 80.
Quiero que sea un reconocimiento a todas las generaciones de Tenteniguada que, de una manera u otra, han participado y han hecho pueblo:
A los que estuvieron en la Casa de la Cultura.

A los que organizaron fiestas.
A los que participaron en la parroquia.
A los que lucharon por mejoras para el barrio.
A los que hicieron actividades para niños y mayores.
A los que estuvieron detrás de las fiestas sin que nadie los viera.
Y a todos aquellos que simplemente, un día tras otro, arrimaron el hombro cuando hizo falta.
AHORA NOS TOCA RECORDAR
Muchas veces conocemos el resultado, pero olvidamos a las personas que estuvieron detrás.
Esas personas también merecen ser recordadas.

Por eso quiero hacer una invitación a los que vivieron los años 60 y 70, a los de los 80, a los de los 90, a quienes participaron después y a quienes hoy siguen formando parte activa de nuestro pueblo:
Cuéntenme. Cuéntennos.
¿Quiénes fueron los primeros?
¿Qué actividades se hacían?
¿Cómo se consiguió la Casa de la Cultura?
¿Quiénes trabajaron para levantarla?
¿Qué fiestas recuerdan?
¿Qué reivindicaciones hubo?
¿Qué personas fueron importantes en cada época?
¿Qué fotografías guardan?
¿Qué historias se han quedado en la memoria familiar?
Seguro que entre todos podemos recuperar nombres y recuerdos que, de otra manera, terminarán desapareciendo.
Los edificios envejecen, las fotografías se deterioran y las personas nos vamos.
Pero mientras haya alguien que recuerde y alguien que quiera contar, la historia permanece.

UNA CADENA DE GENERACIONES
Quizás eso sea lo más bonito que podemos hacer por nuestro pueblo: recordar a quienes estuvieron antes, valorar a quienes están ahora y dejar memoria para los que vendrán.
Tenteniguada no es solamente un lugar donde vivimos.
Tenteniguada somos nosotros.
Somos nuestros padres y nuestros abuelos.
Somos los que estuvieron y los que ya no están.
Somos los que fuimos niños y hoy peinamos canas.
Somos los jóvenes que hoy toman el relevo.
Y somos las personas que siguen luchando, participando y queriendo mejorar nuestro pueblo.
Sobre todo, somos una cadena: una generación detrás de otra.
Por eso, Paquillo, Conchi… gracias por aquella conversación que hizo que empezáramos a recordar.
Y gracias también a todos los que, a lo largo de tantos años, han puesto un poquito de su vida al servicio de Tenteniguada.
Quizás nosotros no fuimos conscientes en aquel momento de lo que estábamos haciendo, pero hoy, mirando hacia atrás, podemos decirlo con orgullo: Fuimos parte de algo.
Ahora nos toca contar lo vivido para que quienes vengan detrás sepan que antes que ellos también hubo un pueblo que soñó, que trabajó, que participó, que se organizó y que luchó.
Porque la historia de Tenteniguada no está solamente en los libros.
La historia de Tenteniguada está escrita en la memoria de su gente.
Vamos a contarla entre todos.
LOLI MARTEL, LA DEL MONTECILLO





