LA SOLEDAD ELEGIDA

La soledad es muy hermosa cuando se tiene alguien a quién decírselo». Con solo dos líneas Bécquer mete la pala en el enorme abismo que existe entre la soledad escogida y la que llega a la fuerza, sin que tengamos ocasión de apostar por la vida en común. El ser humano es capaz de vivir solo, pero siempre tendrá la necesidad de compartir cosas con los demás. Está probado que muy pocos encuentran compañía consigo mismos. Entre esos elegidos se encuentra ahora Pedro Sánchez que con su decisión de bajar la cabeza ante Marruecos ha logrado lo que hasta el pasado viernes parecía imposible en este país: poner a todos de acuerdo en su contra.

Su renuncia «unilateral», «temeraria» y «traicionera» a 47 años de memoria histórica sobre lo ocurrido en 1975 en el Sáhara supone mucho más que un giro de 180 grados en la posición española sobre su antigua colonia. Sánchez decidió «con nocturnidad y alevosía» entregar derechos humanos a cambio de una «nueva etapa» de relaciones «de buena vecindad» con Rabat. Y lo hizo en solitario: sin el apoyo de su socio de gobierno, sin escuchar a los partidos que lo invistieron, sin consultar con la oposición, sin negociar con Argelia…Tras esta lista de insultos a la razón que obliga en un país democrático, el que ni informara al presidente canario solo es la aceituna que un virrey se toma en la barra tras el Martini. Dudo mucho que Ángel Víctor Torres le fuera a recordar lo que pone el programa electoral del PSOE, bastante tiene con tragarse el hueso a tres días del debate de la nacionalidad.

También encaja en el perfil de un líder solitario el momento elegido por Sánchez para abandonar el barco del derecho internacional en plena guerra de Ucrania. Estar en contra del derecho de un pueblo a la autodeterminación no cuadra mucho con la noble política, pero los viajes en falcon por toda Europa dan al presidente español una visión estratégica que quiere ejercer en soledad. ¿Preguntaría el César si procede aplastar o no una pequeña aldea gala? Claro que no, se pisotea hasta lo más sagrado y punto.

Más allá de la polvareda política, está por ver el coste que pagará España por esta sorprendente decisión, sobre todo por la reacción de Argelia y su capacidad para cortar el grifo del gas que llega de su suelo en plena crisis energética. También habrá que ver cuál será la factura a pagar al rey alauita a cambio de que contenga la inmigración y el yihadismo. La historia, siempre tozuda, juzga incluso a los solitarios. Por elección propia.

REBECA CHACÓN

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