DEL ESTANCAMIENTO AL TIMÓN DEL CAMBIO EN VALSEQUILLO

Tras años de parálisis institucional, el municipio busca reconstruir su gestión pública y devolver la dignidad a su Ayuntamiento.
La libreta de gestión marca el inicio del día a día en Valsequillo: deber a deber, prioridad sobre necesidad. Todo un tropel de acción y de gracia para ir recuperando las credenciales, amarrando lo que olía a promesas eternas y custodiando la monumental desidia que ambulaba por los pasillos del Almogaren.
Es más que evidente la sartenada de desorganización y la falta de rigor sobre los objetivos que pastaban en la casa de todos: una ventisca de querer y no poder, porque tú, y tú… no están por la labor o por la competencia. El hechizo de un poder rancio se cuela en el excesivo celo de la acción personalizada, denostando la falta de iniciativa del resto. Pero dejemos aquí el relato caduco.
El invierno ha sido generoso en riego y escorrentías; la humedad ha saltado los muros de palacio y el informe de las cosas putrefactas comienza a airearse. No con el odio que engendra recelos, sino con la luz que alumbra la verdad, que clarifica el colapso administrativo y parroquial en el que se había convertido el ayuntamiento.
Atrás quedan voluntades inconexas y el eterno estancamiento. Esperamos, con absoluta comprensión, que estos signos que brotan sean el preludio de una abundante primavera de ilusiones, y que el esfuerzo aplicado a horas interminables de trabajo y acción se traduzca en el soplo de esperanza que necesitamos para cambiar y mejorar tantas decadencias.
El Valsequillo del siglo XXI sigue siendo, en esencia, la sombra de una aldea rural donde las cosas más elementales y básicas no se pueden cambiar de la noche a la mañana. Se institucionalizó mal durante demasiado tiempo y no se aprovecharon, cuando tocaba, las inversiones estatales y europeas que hubieran modernizado el estatus activo del municipio. Hoy quedan en el olvido, en el toro pasado sin perdón.
La historia cuenta las batallas que siempre van al lado del ganador —dicen— porque los perdedores desaparecen y el relato puede tergiversarse en su contenido. Salvo que la transparencia de los hechos y las acciones reluzca sobre el tapiz de las verdades. Para ello la comunicación debe ser proverbial, la denuncia valiente, la búsqueda de fondos constante y casi de ratones de biblioteca, y las soluciones deben seguir una hoja de ruta firme.
En estas tesis nos consta que se ha empeñado el actual equipo de gobierno, que, viendo la deriva brutal a la que estaba sometido el ayuntamiento, tomó el timón del control mediante una moción de censura.
Una salvación tranquilizadora en la dura batalla de actualizar las malas praxis y devolver los valores olvidados. Hay que remar fuerte, con un timón firme, con una apuesta sólida y una comunicación constante. El Valsequillo que queremos debe parecerse al que soñamos.
Cien días no son cuenta nueva, pero sí han dado tiempo para focalizar y analizar la raíz de muchos problemas. Otra cosa son las soluciones, que vendrán despacio con las aplicaciones correctas. En este año preelectoral para muchos, para el municipio de Valsequillo será un encarnizado duelo de esperanza por fraguar el cambio necesario.
En tan solo unos meses de acción se ha devuelto la ilusión al equipo humano de técnicos, a los barrios olvidados, a los clubes deportivos del municipio y a la gloria de proteger y conservar el patrimonio.
En el pensamiento de ese Valsequillo más digno navegan el trabajo y las credenciales de quienes han tomado las riendas con energía y resolución, aunque nunca estarán libres de los argumentos obsoletos y arcaicos de anteriores gobiernos.
Feli Santana
