EL MOTOCICLISMO EN LAS FIESTAS POPULARES

Feli Santana
Feli Santana cargado de anécdotas y costumbrismo

Repasando el inagotable archivo histórico del motociclismo canario y su actividad, encontramos las primeras manifestaciones deportivas y de ocio en el despertar de los años cincuenta. La proliferación industrial tenía la repercusión directa en el motor y pronto las referencias y la necesidad de expandir y proyectar su ocio se hacía patente, más cuando los ecos del motociclismo Internacional y la actividad deportiva ya tenía su arraigo en Inglaterra y los países europeos del que exportábamos turismo y costumbres.

El ocio más antiguo del que tenemos constancia en motociclismo en Canarias eran las famosas “carreras de cintas” heredadas de su desarrollo en bicicletas, con competiciones importantes en todas las fiestas locales de pueblos. La habilidad y destreza iban perfeccionando y creando a los distinguidos pilotos y rivales de las diferentes zonas, muy famosas las carreras de cintas de La Isleta, en la capital grancanaria, donde acudían de muchos pueblos de la isla los más espléndidos rivales con sus bicicletas.

La diversión en las fiestas populares

Destacamos a los héroes de aquellos tiempos con el honor de ser los príncipes de las fiestas locales de los pueblos más importantes, con el consiguiente regodeo y entusiasmo en los ligues con las chicas más guapas. En la provincia de Tenerife, la disciplina se llamaba “Carrera de la Sortija” y el acto protocolario de la entrega de las cintas bordadas al cuello de los corredores por las reinas de las fiestas y sus damas de honor, era el preludio de una sintonía distinguida en los jóvenes y un clásico de mucho prestigio para el marco de la fiesta.

En su evolución natural hacia lo deportivo y en paralelo con las primeras competiciones aparecía una nueva modalidad de competición: La Gynkana o Yincana, derivada de las competiciones de habilidades por equipos en su conjunto y destreza incluyendo el factor tiempo y traspasadas al motociclismo o automovilismo emergente. Así las primeras manifestaciones se complementaban en las fiestas de los pueblos con las carreras de cintas y el conjunto de las actividades creaban una expectación importante.

Manolito el Latonero en su época de campeón de carreras de cintas

La cuchara en la boca con el huevo, rodar con los ojos vendados mientras te orienta el pasajero, desmontar y montar una rueda de la llanta con palancas, etc. Todo esto se desarrollaba en un circuito o bucle con más apuestas de habilidades y creaban ese ambiente expectante de competición que añadía esencia al génesis del nacimiento del deporte del motor en su amplio abanico.

Hasta finales de la década de los 80, era un clásico disfrutar en todas las fiestas patronales y locales de las islas de esta actividad. Aún encontramos alguna manifestación esporádica en los puntos más rurales de la geografía y sus barrios del interior. Actualmente la “carrera de cintas” se sigue desarrollando dentro del marco de las concentraciones de motos clásicas en especial en El Sauzal en Tenerife y en el Viejas Glorias Canarias, en Gran Canaria, como un clásico del recuerdo.

Destacar que para la práctica de dicha prueba valía cualquier tipo de motocicleta, destacando las de pequeña cilindrada que abundaban por ser las más usuales y del pueblo… ¡Con una cuerda, cintas y tres docenas de argollas, tenían la fiesta amenizada!

Feli Santana

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