¿ISRAEL DETRÁS DE LAS AVERÍAS EN ESPAÑA? ¡AGÁRRATE QUE VIENE CURVA!

A ver, señoras/es, ponte cómodo y tómate un buche de café, que la cosa viene con enredo del bueno. Resulta que ahora nos enteramos de que medio país está enchufado, de una manera o de otra, a tecnología, ciberseguridad y capital israelí. Sí, señoras/es, desde los aeropuertos y los puertos, pasando por las centrales eléctricas, el agua de las presas, las redes de emergencias y hasta la señalización de los mismísimos trenes y metros de la España peninsular.
O sea, que no les hace falta ni tomarse el trabajo de hackearnos desde un búnker, si quisieran tienen la llave del mostrador, la puerta trasera abierta y el control remoto en el bolsillo. Que sus directivos y jefes de empresas sean exagentes del Mossad, exmilitares de la IDF o políticos retirados debe de ser pura casualidad de la vida, claro que sí. Cosas del destino, como quien monta un ventorrillo en las fiestas del pueblo después de jubilarse. Menos mal que nos quieren bien y no nos apagan el interruptor porque no les da la gana
Y claro, salta el trágico accidente del tren y a más de uno se le encienden las alarmas. Por si fuera poco, vas y miras los papeles de las contratas de Renfe y ¡ñooss!: ahí aparece I-SEC Spain gestionando la vigilancia de estaciones, una firma vinculada al grupo ICTS (fundado por antiguos componentes del servicio secreto Shin Bet). Vas a la ciberseguridad de las vías y resulta que Alstom, el gigante de las señales, metió sus millos en la israelí Cylus. Vamos, que la tecnología de allá está metida hasta en las entrañas de las catenarias.
Ahora bien, ojito al parche, que nadie está afirmando aquí categóricamente que desde Tel Aviv hayan apretado un botón para descarrilar un tren en la Península. Faltaría más. Entre el despiste del error humano y que la red de trenes de este país lleva años pidiendo la hora con más remiendos que los pantalones de un agricultor, los fallos saltan solos. No nos pongamos a vender la piel del baifo antes de que la cabra lo para ni a montar la película completa sin pruebas.
Pero la duda, ese como, come que a uno le queda por dentro, es inevitable y deja a cualquiera pensando, si un Estado no tiene reparos en machacar escuelas y bombardeando hospitales a la vista de todo el mundo en Gaza… ¿qué no sería capaz de idear, por debajo de la mesa y sin hacer ruido, para darle un susto o desestabilizar a cualquier país europeo que se atreva a levantarle la voz y cantarle las verdades del barquero en la plaza pública?
Ahí queda el dato para el que quiera masticarlo. Que cada cual saque sus conclusiones, pero, por si las moscas, mejor no mirar mucho para arriba no sea que nos apaguen el WiFi desde Jerusalén.
MIGUEL MONZÓN
