OPINIÓN

UNA MIRADA OPTIMISTA

Es curioso observar cómo un cambio en la gestión municipal puede alterar también el ánimo de un pueblo. Las dinámicas cambian, aparecen otras ilusiones y una mayoría que durante demasiado tiempo permanecía en silencio encuentra de pronto un marco donde expresarse, acercarse, compartir inquietudes y volver a participar.

Valsequillo de Gran Canaria ha pasado demasiado tiempo en una especie de baipás de espera, acumulando sueños, proyectos demorados y esa sensación incómoda de observar cómo otros municipios avanzaban en cuestiones que aquí parecían eternizarse.

Educación, cultura, patrimonio, servicios sociales, instalaciones públicas, turismo, mantenimiento, prioridades y capacidad de respuesta forman parte de ese conjunto que define la calidad de vida de un municipio. No se trata solamente de inaugurar cosas, sino de conseguir que lo que ya existe funcione, que el teatro esté en condiciones, que las instalaciones deportivas respondan a su finalidad, que el patrimonio se cuide y que las necesidades cotidianas encuentren una administración capaz de escucharlas y resolverlas.

Ahí está probablemente la verdadera medida de una buena gestión.

Vivimos, además, tiempos políticos extraños. La política nacional atraviesa un periodo de desgaste, crispación y cambios de ciclo que inevitablemente terminan trasladándose a los pueblos. La democracia funciona también por oleadas: llega una, desgasta sus fuerzas, retrocede y deja espacio para otra que intenta ocupar su lugar.

Pero los municipios deberían aprender a sobrevivir a esas mareas.

Porque cuando hablamos de un pueblo, las grandes batallas ideológicas terminan importando menos que una acera, una escuela, una ayuda social, una instalación deportiva, una carretera o un proyecto capaz de generar oportunidades.

Muchas veces escuchamos aquello de que antes, con menos, hacíamos más. Y quizá la memoria nos engañe un poco.

Antes también había menos prestaciones, menos servicios, menos protección social y unas expectativas de bienestar bastante más modestas. Hoy exigimos más porque nuestra sociedad también ha avanzado y porque entendemos que las instituciones deben acompañar ese progreso.

En Valsequillo empieza a percibirse un cambio de dinámica.

Una voluntad de conectar cultura, participación, patrimonio y desarrollo desde una responsabilidad común. Ese trabajo municipal, que muchas veces se realiza lejos de los focos y que puede ser malinterpretado con facilidad, necesita proyectos claros, continuidad y capacidad para escuchar.

Porque gobernar un municipio no consiste únicamente en administrar expedientes.

Consiste en tener una idea de pueblo, saber hacia dónde queremos caminar.

Ordenar el crecimiento, defender nuestro patrimonio, cuidar a quienes necesitan ayuda, crear oportunidades.

Y conseguir que los vecinos sientan que forman parte del proyecto.

Para eso hace falta liderazgo, pero también independencia de criterio. Un municipio no puede vivir permanentemente pendiente de las corrientes políticas exteriores ni de los compadreos circunstanciales. Tiene que saber defender sus necesidades ante cualquier administración, gobierne quien gobierne.

La libertad de un pueblo comienza también por no casarse con nadie cuando están en juego sus intereses.

Las ideas claras, los objetivos concretos y la voluntad de trabajar deberían pesar más que cualquier fotografía política.

Porque cuando un municipio demuestra que sabe lo que necesita, que presenta buenos proyectos y que pelea por ellos con constancia, comienza a construir confianza.

Y la confianza es contagiosa, trae participación y nuevas iniciativas, devuelve ilusión.

Lo contrario también lo conocemos demasiado bien: cuando los proyectos se eternizan, las promesas no encuentran salida y las personas dejan de creer, aparecen la desilusión y la apatía.

Por eso prefiero quedarme con una mirada optimista, no porque todo esté solucionado.

Ni porque debamos dejar de exigir. Precisamente, al contrario.

El optimismo útil consiste en reconocer los movimientos positivos, acompañarlos y mantener la vigilancia necesaria para que no se pierdan por el camino.

Valsequillo necesita recuperar confianza en sí mismo.

Creer nuevamente en sus posibilidades, cuidar su identidad y transformar las buenas intenciones en proyectos visibles.

Porque un pueblo no avanza únicamente cuando llegan recursos.

Avanza cuando vuelve a tener ganas de avanzar.

Feli Santana

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