OPINIÓN

CUANDO LA TRANSPARENCIA SE CONVIERTE EN UN PRINCIPIO BÁSICO DE GOBIERNO

En política abundan los personajes mezquinos, autoinmersos en su propia soberbia, que, a pesar de que las evidencias son palmarias, continúan erre que erre tirando piedras para levantar un majano, a ver si de esa montaña logran sacar algún rédito que higienice su imagen. Francisco Atta es uno de esos entes superfluos que vive vendiendo humo y que padece una tortícolis deshonesta, la cual le impide girar el pescuezo para repasar su propia trayectoria en materia de transparencia durante los nefastos 14 años en los que ostentó el gobierno local.

Tira del hilo reclamando luz y luz, pero la cometa se le escurre de las manos y emprende el vuelo como un verso libre: no hay actitud más nefasta que exigirle a quienes hoy llevan las riendas de la corporación aquello que él ni por asomo llegó a cumplir. La transparencia no se promete; se demuestra. Te puedes dar el lujo de fiscalizar y exigir, pero solo cuando tu historial prueba que has actuado con esa misma reciprocidad. Nada más lejos de la realidad.

Ante cualquier solicitud de información o acceso a expedientes, los actuales gobernantes —entonces en la oposición— pasaron las de Caín para recibir un solo informe, sufriendo esperas de hasta un año. Eso sin contar con que, para hacer el paripé, les entregaban documentación que no coincidía con lo solicitado, todo en aras de empantanar el trabajo y ningunear a la oposición.

Según se evidenció en el debate del último pleno celebrado, el actual alcalde, Juan Carlos Hernández Atta, lo dejó meridianamente claro:

«En estos 8 meses de gobierno, la oposición ha tenido más acceso a la documentación solicitada que el que tuve yo en 12 años en la oposición. Todas y cada una de las solicitudes que han hecho los portavoces de la oposición pidiendo acceso a expedientes de este ayuntamiento se han respondido y han tenido acceso a la primera».

Cuando quien hoy protesta ha sido un incumplidor de primera que actuó al margen del derecho, dificultando al máximo la labor fiscalizadora de sus adversarios bajo la convicción de que ese solar era suyo y nadie se lo podía arrebatar, echa por la borda cualquier argumentario enredador. Al final, no le queda más remedio que cerrar el pico —cual gallina que solo sabe cacarear, pero no poner huevos— y comerse con papas toda una diatriba inconsistente que solo sirve para retratarlo como político y como persona.

Francisco Atta y su equipo a la deriva no tienen el perfil ni la coherencia política para dar lecciones de transparencia, pues jamás la respetaron en el estricto sentido del término, a pesar de ser de obligado cumplimiento por ley. Tuvo 14 años para dar luz verde al acceso a la información sin cortapisas, pero fue incapaz de hacerlo de forma voluntaria. Ahora le escuece que el gobierno actual de Valsequillo haya puesto orden en solo 8 meses tras la moción de censura.

Ver para creer. Llegados a este punto, no hay más ciego que el que no quiere ver o el que mira al horizonte con las gafas empañadas para no reconocer que se ha avanzado sustancialmente en el marco de la transparencia institucional.

Como cierre, vale la pena rescatar la sentencia del alcalde en sus declaraciones: «Quien no debe nada, no esconde nada. Aquí las puertas están abiertas: para la oposición y para cualquier vecino. Así se gestiona. Así funciona un ayuntamiento».

JUAN ANTONIO OJEDA MUÑOZ

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