OPINIÓN

LAS PUERTAS CORREDERAS Y DOÑA FABIOLA CALDERÍN

El arte de ver la paja en el ojo ajeno desde una ventana oscilobatiente

Dicen en el pueblo —y el sabio refranero rara vez se equivoca— que «siempre habla quien más tiene por qué callar». Sin embargo, la política local de Valsequillo nos regaló en el último pleno municipal un espectáculo de desfachatez que trasciende cualquier refrán popular.

La concejala de Coalición Canaria, Doña Fabiola Calderín, acudió a la sesión plenaria con su habitual estilo: sin leerse el orden del día y con los deberes por hacer, pero con la audacia de quien cree que la memoria colectiva dura lo mismo que un parpadeo.

En un alarde de equilibrismo retórico y buscando desviar la atención de un debate centrado precisamente en la transparencia que está demostrando el concejal de Hacienda, Víctor Navarro, resulta que Doña Fabiola decidió sembrar la duda en el arco plenario insinuando el posible uso de «puertas giratorias» por parte del nuevo grupo de gobierno.

La estupefacción fue tal que las caras de los concejales —incluidos todos sus antiguos socios menos uno— eran un poema. ¿De verdad estaba hablando de «puertas» la persona con el currículum más «ventilado» del municipio?

Fabiola, conoce de sobras todos los modelos de puertas que hay en el mercadeo político; de hecho, en el «Manual Calderín» se pueden apreciar los diferentes accesos a puestos de relevancia a pesar de su limitado nivel académico: estudio primarios y un diploma de francés «nivel principiante».

Para entender la osadía de acusar sin fundamento a profesionales capacitados y funcionarios que acreditan sus titulaciones, conviene repasar el historial de doña Fabiola a lo largo de su trayectoria política.

De todos los modelos de puertas o ventanas que sirven de coladero a los políticos con escasa formación, destaca la preferida por la concejala de Coalición Canaria: la ventana «Oscilobatiente», el modelo exclusivo por el que parece haber entrado Doña Fabiola como asistenta del Presidente del Gobierno de Canarias. Un acceso inclinado, cómodo y sin necesidad de pasar por el filtro de la titulación ni la luz pública.

Es de una ironía colosal que quien ostenta un sueldo público como «asistenta» en Presidencia del Gobierno sin que se le conozca función concreta, horario ni mérito académico conocido más allá del carnet del partido, intente dar lecciones de ética profesional a quienes sí pueden demostrar su valía.

Recomienda «apechugar», cosa que ella nunca hizo. De hecho, para ella es un vocablo en desuso.

La jugada de la concejala no solo fue un ataque indecente a personas ajenas al circo político; fue una confesión velada. Aplacada por otro dicho indiscutible: «Cree el ladrón que todos son de su condición».

Al verse acorralada ante la propuesta de transparencia del grupo de gobierno y sin argumento alguno, prefirió poner en duda la labor del Secretario Municipal y alegar un posible «procedimiento inadecuado» ante la comparecencia de Víctor Navarro a petición propia.

Era la incompetencia revestida de indignación.

Y cuando llegó la hora de recibir la preceptiva reprensión y escuchar la respuesta del grupo de gobierno a sus acusaciones infundadas… llegó la espantada. Aludiendo a una supuesta «falta de respeto», Doña Fabiola optó por la retirada táctica: levantarse y huir del pleno antes de ser confrontada con la realidad.

Pero huir no borra el diario de sesiones.

La moción de censura que la apartó del gobierno municipal no fue un accidente; fue la consecuencia lógica de la opacidad, la mala gestión y la incompetencia. La lección magistral que recibió antes de su apresurada fuga dejó registrado uno de los episodios más bochornosos que se recuerdan en la casa consistorial.

Mientras tanto, en la alta política regional, las puertas correderas, las giratorias y las oscilobatientes siguen girando para acomodar a los suyos.

Eso sí, recomendamos a Doña Fabiola Calderín que la próxima vez que intente dar una lección de moral, procure al menos dar un repaso al orden del día. Que el sueldo —el de la oposición (150€ por Pleno) y el otro, el de la puerta oscilobatiente, (37.776,06€ al año)— bien lo merece.

Además, los intentos de «apuntarse el tanto» sobre la posible llegada de una ambulancia del Servicio Canario de Salud con base en Valsequillo, entra en otra partida presupuestaria: la del pitorreo mediocre y ruin de alguien que se sabe amortizada y pretende apropiarse del trabajo de otros.

(PERFIL ACLARANDO VALSEQUILLO)

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