TOLERANCIA CERO CONTRA EL RACISMO

En cierta ocasión tuve que cumplir mi rol de tutor en una circunstancia algo peculiar.
Una alumna me pidió tutoría para una compañera y le pregunté «¿y por qué no vino ella?», a lo que me contestó que era una situación muy particular, de hecho me pidió permiso para estar presente pues así lo había solicitado esta persona.
Por supuesto le dije que sí, pero la intriga me comía. Era alumnado en prácticas externas de la Facultad de Ciencias de la Educación. Desde que yo era niño recuerdo ver al alumnado de «Magisterio» venir por las aulas a hacer sus prácticas y mira por dónde que con el tiempo me tocó ser su tutor.
El día propuesto, las dos se presentaron en el punto acordado, y cuando la chica empezó a hablar noté su nerviosismo y traté de calmarla intentando hacerle ver que el espacio era de confianza.
Su relato estaba hecho sobre su experiencia personal. Una tarde en el centro concertado dónde ejercía sus prácticas, tuvo que mediar entre dos niños porque uno era acosado por el color de su piel. No dudó un segundo en intervenir, y en la secuencia lógica de actuación esperó que la madre del acosador se presentara a la hora de regocer al alumnado y decirle lo que había pasado. Cuál fue su sorpresa cuando escuchó el razonamiento de esta madre al decirle «¿y qué?» poco menos que justificando y aplaudiendo la acción del menor.
La chica me decía en conclusión que aunque estuviera en tercero de carrera, lo que le había pasado le hacía pensar que era mejor abandonar, que no se sentía preparada para afrontar este mundo, que no valía la pena el sacrificio del estudio, conocer todas las teorías del aprendizaje y cómo saber implementarlas en el aula si luego ese era el caldo de cultivo con el que había que mediar.
Sólo supe decirle que ahora su continuidad era fundamental. Que ahora que sabía cual era la realidad que no se escribe en los libros, ella tenía que seguir adelante, culminar sus estudios y afrontar la situación le viniera por donde fuera.
Porque estamos necesitados de gente que no se achique ante semejantes órdagos.
Que ahora como en otras ocasiones que creíamos superadas, la lucha por el respeto de los valores está más en juego que nunca.
De nada vale incluir la palabra «igualdad» en los currículos si no hay gente para defenderla más allá del peso de un boletín oficial del estado.
SI despreciar a alguien por el color de su piel es deleznable, educar en el racismo es igual que asesinar a toda una sociedad.
Contra el racismo, tolerancia CERO.
FERNANDO TOSCANO BENÍTEZ
