RAFAEL LESMES: SU ELEFANTE ROSA Y LA CARRERA POR LA VIDA (Parte 2)
Entrevista a Rafael Lesmes Suárez por Antonio Gil Ramón
‒¿Qué fue lo más difícil o extremo que has hecho en este Dakar?
Es que en realidad es todo y nada, o sea, al final, todas las etapas son muy complicadas. No, no, no… A ver, eh, Antonio, lo que venga, se acepta, se suma y se gestiona, punto. No hay más, no le demos la vuelta. Lo que te echen, ahí sí, mira, piedra, vale, ¿y cuántos kilómetros hay de piedra? Pues, 200, vale, pues, 200 kilómetros de piedra. A ver si no pinchamos, vale, pero si no pinchas, levantas. Si levantas, pues no vas a pinchar, pero te vas a ir para atrás. Es todo un…vasos comunicantes. Hasta aquí llegó, hasta aquí arriesgo, oye dunas, 30 kilómetros. Cuidado porque la última duna tiene una cortada de peligro 3. Eso quiere decir que te puedes hacer mucho daño, sí. Pues vale, pues venga, pero, ¿qué vas a hacer? Siempre, cuando estamos allí decimos: “oye, nadie me ha obligado a estar aquí, estoy aquí porque quiero así que tira pa’ lante y cállate, déjate de llorar como una nenaza, y tira pa’ lante.”
‒ Nos vamos acercando al final. ¿En qué momento te diste cuenta, o se dieron cuenta, que podrían ganar el primer puesto del podio en tu categoría?

En realidad la primera semana no miramos ni la clasificación, porque es algo que yo tengo muy asumido.Yo, voy a terminar. Cuando te pones a mirar la clasificación ya te metes presión a ti mismo, y era mi primer año en camión, José Luis era la primera vez que se subía en el camión como mecánico. Siempre había estado conmigo, pero en el campamento. Y a Tábata, como les expliqué antes, la incorporamos de última hora, y tampoco la conocíamos mucho, ni ella a nosotros. Entonces la primera semana dije: “Hey, vamos a ir día a día, vamos a terminar, vamos a intentar que el camión no sufra, nosotros tampoco. Día a día, y en el día de descanso nos sentamos y hablamos.”
El día de descanso vimos que íbamos los vigésimos de la general e íbamos terceros en camiones. Y nos llamó la atención, dijimos: “Bueno, pues cónchale, para haber ido como hemos ido estamos bien.” Nos planteamos “¿Qué hacemos?” y yo dije “Hay que terminar porque tengo un compromiso, y no voy a hacer nada que arriesgue la terminación de la misma.” Pero después del día de descanso que fue cuando tomamos esta decisión vinieron tres días muy complicados de gestionar. Y ahí sí que lo hicimos muy bien y ya pasamos del 20 al 15, del 15 al 13. Y ya nos pusimos a nada del camión que iba delante. En el día de descanso íbamos terceros en camiones. El último día fue muy complicado porque era una etapa por una zona de muchos valles, como muy revirada, muy ratonera, con mucho polvo. Además, los vehículos del final de la clasificación salían primero, y los que íbamos primero salíamos los últimos. Con lo cual nos encontramos la pista llena de piedras, polvo, no se veía nada, pero lo pasamos fatal. Al final, afortunadamente, salió bien. Ya te digo lo de haber ganado es una guinda, pero el pastel grande es haber terminado. Yo siempre lo digo y lo reitero, esto está muy bien, esto es un precioso el trofeo de campeón de camiones, de metacrilato y metal. Pero mi mayor trofeo es haberle brindado la carrera a esta gente, a estas personas, y haber recibido audios y Whatsapps de ellos diciendo: “Oye, Rafa, nos has hecho felices. Llevamos 20 días levantándonos por la mañana con la ilusión de ver cómo iba, como íbamos.” ¿Cómo íbamos? Chos…Amigo, eso sí que es un trofeo. Eso sí que no se paga con dinero.
‒ Mira, Rafa, igual ya lo has respondido, ¿no? La tenía preparada aquí, pero te voy a preguntar de todas maneras. ¿Cuál fue el primer pensamiento cuando subiste al podio, el primero que te vino a la cabeza?
Pues mira lo que te digo, lo de decirle a todas estas personas con cáncer de mama que lo están pasando muy mal… Oye, mira, aquí está. Yo sí he conseguido generarles una sonrisa y que ustedes hayan compartido la ilusión y que se hayan sentido vivos estos 20 días, bien está. Después también a mi mujer que la pobre es la que más lo sufre, es la gran sufridora. De hecho, lo primero que hice fue darle la medalla porque mira, esta medalla te la mereces tú más que yo. Porque al final nuestros seres queridos pasan miedo, ustedes pasan más miedo aquí que nosotros allí, claro, mis hijos. En toda esta gente que sabes que ha estado contigo, que cuando estás allí de bajona te mandan un audio o un Whatsapp diciendo: “Tira, tira, tira oye venga, no te rindas.” Eso se agradece mucho. Entonces, toda esta gente también son el equipo. El equipo no somos cuatro, el equipo somos cientos de personas.

‒ ¿Piensas seguir participando en el próximo año? Y si es así, ¿repetirás en camiones? ¿o probarías otra modalidad?
No, sí que sigo, porque el proyecto con el camión era a dos años. Tengan en cuenta que yo me saqué el carnet de camiones el año pasado, yo no me había subido en un camión en mi vida. A ver, sí, de copiloto. Pero así un camión… yo me subí en un camión por primera vez en la Baja España con Alberto Herrero, el piloto del camión. Él condujo, él pilotó y yo iba al lado para ver cómo era. Y después me subí cinco días en Marruecos, que hice unos mil kilómetros y ahora en el Dakar. Entonces yo iba a decir bueno, yo voy a rodar, a coger experiencia, a aprender tácticas y técnicas de conducción. Y el año que viene ya iba a ser algo mejor. Pero no, no, sigo porque el proyecto, como les digo, estaba para 2024 y 2025. Y con el camión estoy muy feliz, el camión solo me ha dado alegrías. El año pasado con el buggy todo fue sufrimiento y “El camión es como un caballo brioso, es como un toro. Tú tienes que demostrarle que tú sabes y entonces él deja que lo lleves.” Pero a la que tú tengas dudas o indecisiones el camión toma el mando. Es que conducir un camión por esas pistas, por dunas o por barrancos o por trialeras, no es fácil, pero eso es lo que tiene de bonito.
‒ Eso me recuerda ahora que creo que había una imagen muy, muy clásica, ¿no? Del Dakar. No recuerdo quién era el conductor, creo que era, sí, recuerdo que creo que era noruego, ¿no? El piloto de camiones, sí, que una edición adelantó a Ari Vatanen con el camión, no recuerdo el coche era el que llevaba.
Sí, llevaba el Peugeot y era de Rooy, Gerard de Rooy, el holandés. El holandés que tenía un DAF…
‒ Un DAF, sí.
…de 2000 caballos. Y aquellos iban por allí, pues tranquilamente, a 200-220, imagínate. De locos. Eso ya no se permite, porque de hecho ese camión tuvo un accidente y el copiloto falleció.
‒ Yo lo decía porque igual te veo adelantando en la próxima edición a Carlos Sainz con el elefante rosa.
No, no, no, no. Carlos Sainz es un grandísimo piloto. Tiene un vehículo que es brutal. Pero, mira, ahora que dices eso. Para que tu audiencia tenga una referencia. Se hizo viral el año pasado al Audi de Carlos Sainz subiendo una duna, ¿se acuerdan? Iba subiendo y no llegaba, y empezaba a derivar a la derecha. Pero tiene tantos caballos que se iba manteniendo, iba derivando, ahí demuestra la calidad del piloto. Porque eso no lo hace cualquiera, porque eso da mucho miedo. Ir a toda hostia para arriba, que el coche te va llevando de lado, que parece que vas a caer. Él aguanta, aguanta, aguanta, hasta que ya al final corona la duna. Eso Carlos Sainz con un coche que tiene 2 millones de presupuesto, imagínate lo que le está costando superar la duna. Ahora ustedes piensen lo que nos puede costar a los que vamos los últimos de la fila. Yo creo que esta reflexión no llega a cualquiera, es normal, o sea, si se lo ponen difícil a los de delante, imagínense lo que sufrimos los de detrás. Si se lo ponen difícil al que tiene 2 millones de presupuesto, imagínate lo que vamos a sufrir los que tenemos 150 mil euros, Yo creo que eso marca muy bien, de forma muy directa donde nos estamos metiendo y con qué herramientas nos estamos metiendo.

‒ Muchísimo mérito tiene eso, Rafa. Hacerlo con tan poco presupuesto.
+Sí, claro. Pero es que, si no, no voy. No me queda otra. A mí me gustaría tener medio millón de presupuesto, hombre, ¿o no? Pero no lo he conseguido nunca. Y soy un privilegiado, porque he conseguido cubrir un presupuesto mínimo para poder ir. Hay infinidad de pilotos que yo conozco que se me acercan, que hablan conmigo, que su ilusión es hacer un Dakar en la vida y no lo van a hacer nunca. Es que no es fácil, no es fácil hombre. Yo llevo 40 años dedicándome a esto, he sido semiprofesional, yo tengo un palmarés, lo digo con humildad. Yo tengo un prestigio, y hay gente que me dice “Oye, pues mira, sí, tú eres una persona que yo sé que invierto en tu equipo y lo voy a recuperar.” Al final esto es un quid pro quo, es un win to win, nadie me da el dinero por mi cara bonita, me lo dan porque dicen “Oye, pues sí, yo sumo tanto importe en este proyecto y puedo decir ahora después de haberlo terminado que hemos multiplicado yo qué sé, por 300 o por 400 la inversión. Porque la difusión que hemos tenido en todo el planeta, por el proyecto del elefante rosa que ha sido la sensación.” Y bueno, eso a mí me da muchísimo orgullo y me da mucha tranquilidad. El que tú dijeras “Oye, toma, mira, yo te puedo dar tanto” y yo decirte “Oye, mira, es que te lo devuelvo, pero multiplicado por tanto.” Eso también va a hacer que el año que viene será más sencillo cubrir el presupuesto e incluso tener un poco más. Que al final si tuviera medio millón, medio millón metemos, y si tienes un millón, un millón. No es que me vaya a comprar un chalet en Maspalomas. No, no. Es que lo que tengas, el equipo lo va a absorber y vas a ganar en tranquilidad. Y sobre todo en opciones de terminar más y mejor.
‒ Antes me comentaste una anécdota, yo tenía puesto aquí pues que tú me contaras una anécdota de esta 46 edición. Si tienes alguna otra.

A ver, es que anécdotas hay miles. Hay noticias terribles, que Falcón el motero muriera. Que al final cada año cada año fallece alguien. Eso es algo que cuando vamos para allá y estamos en la salida, o estamos ya en el campamento, por lo menos yo siempre me hago esas referencias. Digo: “Bueno, de todos los que estamos aquí probablemente -ojalá me equivoque- alguno no volverá, o volverá fallecido.” Domingo, un compañero mío del equipo, con un buggy, con un Polaris, se comió una duna cortada. Y acabó hospitalizado con una vértebra rota, tres días en Riad, avión medicalizado a España, operación en España, a punto de quedarse para o tetrapléjico. O sea que esto no es un juego de niños, esto es muy serio. Por otro lado, también hay otras vivencias cuando en la etapa maratón que todos tenemos que llevar una caseta de campaña en el vehículo y dormimos en medio del desierto como se hacía en los rallyes africanos. Pues el que nos reunimos los cuatro equipos españoles que estábamos allí e hicimos una cena conjunta, sentados con un fuego hablando. Allí no hay tele, no hay radio, no hay Whatsapp, no hay Instagram. Y te pones a hablar, y te pones a contar chistes, y te estás riendo por tonterías como no te reirías aquí en Europa en muchos años. Eso es impresionante o ver las estrellas en medio del desierto. Es impagable, un Dakar es la madre de todas las carreras. Todo aquel que tenga afición por este mundo, yo siempre digo vete, aunque sea a fregar platos en la cocina del campamento. Vete a cambiar ruedas, porque es fascinante. Es muy difícil que yo pueda transmitir lo que allí se vive, tanto lo bueno como lo malo. Pero merece la pena, ahora lo digo hace dos semanas no quería saber nada del Dakar, pero bueno, se te va olvidando, se te va quitando el rencor.

Bueno vamos con las dos últimas preguntas, esta te la voy a hacer ahora porque me ha quedado. No la tenía anotada aquí, pero te la voy a hacer. ¿Había similitud entre el París-Dakar o el Dakar de ahora con el Camel Trophy que hacían ustedes en su momento ahí? ¿Son más o menos lo mismo, o no tienen nada que ver?
No, el Camel Trophy éramos un conjunto de vehículos de diferentes países que entrábamos en la época de lluvias en una zona. Por ejemplo, en mi caso en el Amazonas, pero otra vez fue en Borneo, otra vez fue en Tanzania. Cuando la pista es un lodazal y la filosofía del Camel Trophy era que sólo ayudándonos entre todos saliamos adelante. Eran mil millas por una trocha que durante la época de lluvias está cerrada porque nadie la usa, porque no se puede usar. Entonces era ese concepto de bueno vamos todos, y yo recuerdo jornadas de lodazal de 8 o 10 horas para avanzar 500 metros. Era de locos. Era un concepto más de trabajo en equipo, de team building que se llama ahora. Un poco de los precursores de esa filosofía de que remando todos juntos llegamos más lejos. La filosofía inicial del París-Dakar, la que sacó Thierry Sabine, que para mí era un iluminado. La filosofía del Dakar es más, aquí estás, esto es lo que hay, búscate la vida. Porque yo en 2004, estando en Mauritania fundí el motor y nos tuvimos que buscar la vida nosotros solos para salir del desierto y sacar el coche. Muchas veces tienes que dejar el coche. Eso te da mucha presión. Ya te digo, son conceptos diferentes, pero el espíritu aventurero sí que está en los dos, porque también estar de barro hasta las orejas 30 días. El Dakar es ahora mismo la última gran aventura que hay en el mundo del motor, es la última que hay. Durísima, extrema, peligrosa, pero fascinante. He tenido la suerte de participar en las dos, creo que hay muy poca gente en el mundo que pueda decir eso, pero bueno, a mí me cuadró.
‒ Bueno, Rafa, lo último sería, si quieres decir algo, ya para cerrar esta entrevista. A lo mejor quieres aportar algo que no se haya dicho.

Sí, siempre, siempre, siempre, porque desde el principio he dicho que este proyecto deportivo pasó a ser un proyecto deportivo con responsabilidad social. Que asumimos el rol de ser embajadores y mensajeros de que la detección precoz salva vidas, tanto en el cáncer de mama como en cualquiera de ellos. Detección precoz salva vidas y ahorra mucho dinero a la seguridad social, que está muy bien. Y que el cáncer de mamá en hombres existe, que lo tengamos en cuenta, que pensamos que solo les pasa a las mujeres y que lo más importante de todo lo que voy a decir en esta entrevista es lo que les estoy diciendo ahora. Que me siento inmensamente feliz de ser el mensajero de este mensaje, permíteme la redundancia y poco más. Agradecerles a ustedes el interés por este humilde piloto aventurero y encantado de haber estado este rato.
-Rafa, enhorabuena por el triunfo, por la labor que haces y que esperamos volverte a ver el próximo año de nuevo.
Bueno, si me invitan, vengo.
¿Y ganando otra vez?
Si fuera inteligente me retiraría, diría se acabó, ya no. Pero no me dan miedo lo retos y tampoco será un fracaso si sale peor, no pasa nada. Mira, y esto es importante, sobre todo para la gente joven que nos pueda estar escuchando. El año pasado con el buggy todo salió absolutamente mal, rematadamente mal, nada salió bien. Desde la primera curva en la prórroga hasta que nos retiramos todos fueron sufrimientos y problemas, pero en vez de amargarme la vida, en vez de ponerme a llorar como un tonto en una esquina, dije “Bueno, ¡qué pasa! ¿Salió mal? Pues cométela y tira pa’ lante. Te levantas, te limpias el polvo y vuelves a intentarlo.” Y mira, este año salió todo bien, y esa quizás es la mejor enseñanza que puedo trasladar y transmitir a gente joven que nos esté escuchando y viendo que no te rindas nunca y siempre vuelva a tirar pa’ lante.

