ESO DEL SOCIALCOMUNISMO

Javier Durán
JAVIER DURÁN

Me levanté temprano y me dediqué a calibrar el peso del malestar de la derechona, agitada entre la migración, las epístolas golpistas al Rey y la liquidación a precio de congelado del régimen constitucional.

El masoquismo que me eché a la espalda alcanzó a las columnas de Losantos y Ansón, opinadores que llevan décadas a la espera de un Cid Campeador. La etiqueta de moda es que nos encontramos estrujados por una coalición socialcomunista que, para despistar, sube la asignación presupuestaria a la Casa Real, mientras aquilata y ensolera las repúblicas independientes del País Vasco y Cataluña.

LO QUE NOS QUIERE VENDER LA DERECHA FASCISTA

Los canarios no encontramos doblemente afectados por el tifus: Torres se sostiene con Podemos, por lo que es socialcomunista, y los capitalinos aún más, puesto que Hidalgo tiene como socio a Doreste, que admira al soviet, aunque sólo sea literariamente.

Trato de buscar algún indicio socialcomunista: por ejemplo, la incautación de una gran empresa privada para colectivizarla. O la prohibición del rito católico. O peor todavía: un complot para meter en la batidora la Constitución del 78 y convertirla en una flamante fundación marxista-leninista.

La verdad es que son hipótesis, porque es difícil saber a qué se refieren a la hora de anunciar el desmantelamiento del estatus actual por otro socialcomunista. Será pura rabia. Los conspiradores hacia un Stalingrado son tan revolucionarios que hasta se han preocupado, pese al rigor de la pandemia, de que en las entrañables fechas del ritual cristiano puedan sentarse a la mesa nada menos que diez personas.

 Tampoco se conocen procedimientos sumarísimos contra la oposición, con la consiguiente alteración de las reglas del juego democrático, que desembocan en desgraciados ajusticiamientos característicos de las dictaduras fascistas y comunistas.

Y para más inri (fineza coloquial que viene al caso), los propietarios de los medios de producción se sienten a gusto con el socialcomunismo, o al menos con la ministra de Trabajo, perteneciente a la facción más desestabilizadora, a juicio de los que ven próximo un terremoto. Será la rabia.

 Pero todos los días, por una razón o por otra, se machaca con lo mismo, incluso hasta en los debates parlamentarios. Tarda la RAE, tan veloz para otros menesteres, en definir socialcomunista, aunque no hace falta ser un Karpov para saber que es la última pirueta de los traficantes de etiquetas para anunciar que el hombre del saco ya llega cargado de propaganda.

JAVIER DURÁN

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