EL PERRO MALDITO VUELVE A SU ESENCIA

Tras unos años en verdadero declive en el contenido y la escenificación, donde el exceso de teatralidad, profesionalismo y palabras malsonantes había supuesto un retroceso en el que los espectadores perdían el hilo conductor del mensaje que tradicionalmente transmitía, este año ha vuelto a recuperar esa seña de identidad, donde la esencia del bien y el mal se percibió con total claridad y el factor sorpresa hizo vibrar a los presentes con una serie de elementos en el vestuario, que a falta de llamas, fue catalizador en los personajes.
La XXXIX edición del Perro Maldito, bajo el título “A contrarreloj”, que no solo fue la trama que deshiló el relato, sino que también se vio conectado con la sensación previa a la puesta en marcha de todos los trabajos y talleres previos debido al retraso en la contratación de la empresa que dinamizara todo el proceso para el gran día.
La trama de la representación giraba en torno al paso del tiempo, donde ni el perro ni nadie escapa a su inexorable avance. Todos estamos expuestos al día a día, donde cada minuto cuenta en la vida sin controlar muy bien donde lo invertimos y que cuando nos damos cuenta ya no hay marcha atrás. La diosa del tiempo y el perro se enfrentaron en un enconado duelo reflejando que en camino de la vida la vejez nos llega a todos.
El gran elenco de actores locales, tras los frenéticos preparativos previos, hicieron una puesta en escena precisa donde la sincronización y coordinación dieron muestras del buen trabajo realizado y de la experiencia de muchos de los intervinientes. Zancudos, cantantes, séquitos, cuerpos de baile, colaboradores, pusieron toda la carne en asador para que la escenificación fuera todo un éxito en torno al hilo conductor de las representaciones centrales interpretadas por Adrián y Armando como perros joven y viejo, Cristo como el caminante y Marta como diosa del tiempo.
Hacer un reconocimiento especial a todas las personas, jóvenes y no tan jóvenes, que han hecho posible esta nueva edición del perro y a la empresa local Tembrujo que a toda prisa y con el tiempo echándosele encima, que fueran capaces de sacar adelante los talleres de disfraces, decorados. En menos de dos meses, por el retraso del ayuntamiento en activar el proceso administrativo para la concesión de la representación del perro, entre todos fueron capaces de hacerlo realidad. Un gran esfuerzo que demuestra que cuando la participación popular se promueve, hasta la más complicado sale adelante, sin la necesidad de profesionalizar el acto.





Después del accidente del 2011 elperro fue perdiendo fuelle y su esencia. El exceso de teatralización, la poca fuerza de su puesta en escena, el exceso de textos altisonantes, la pérdida de nuestra identidad lingüística y vocablos canarios, el alejamiento del entramado organizativo de la participación y voluntad popular fue generando cierto rechazo. Este año se recuperaron muchas de las señas que lo hacían un acto atractivo, sorpresivo y rompedor.