CEUTA, Y ESA HERIDA QUE TENEMOS AHÍ METIDA

Llevamos muchos días viendo lo de Ceuta. Que si cifras, policías, militares, frontera, devoluciones, invasión… un montón de palabras que ahora usamos más para pelearnos que para entendernos, y a mí lo que se me queda clavado son los niños.
Niños y niñas que han llegado hasta allí buscando una vida un poco mejor, o simplemente buscando una salida, porque pretenden que se nos olvide que son niños.
Un chiquillo no elige nacer en Marruecos, en Senegal, en Mali, Sudán o en Afganistán. Tampoco elige nacer con una guerra encima, con hambre o sin un duro. Eso le viene dado, igual que a nosotros nos tocó nacer aquí.
Y hay padres que los mandan por delante, que los dejan irse en una patera o saltando una valla, jugándose la vida. Porque con lo poco que les queda, creen que aquí van a estar mejor.
¿Y quién no quiere lo mejor para un hijo? ¿Quién no haría una locura si piensa que su hijo va a vivir mejor?
Desde el sofá, viendo la tele, con la nevera llena, es fácil juzgar, pero hay que estar allí. Y no todos son marroquíes, ni todos vienen por lo mismo. Unos huyen de una guerra, otros del hambre, otros de la miseria, otros buscan un trabajo y ya está.
¿Qué entre ellos hay algún chorizo, algún aprovechado? Pues claro. Como aquí, como en Madrid, o en Canarias, donde hay gente hay de todo, y donde hay necesidad aparecen los buitres, eso no lo vamos a descubrir ahora.
Una cosa es ir a por el que monta el lío y otra es meter a todos en el mismo saco, eso es lo fácil, y lo más injusto.
UN NIÑO NO TIENE CULPA DE HABER NACIDO DONDE NACIÓ. NINGUNA.
Ahora todo es una invasión, y yo me pregunto, ¿un niño puede ser un invasor? ¿Un chiquillo que ha dejado su casa, su familia y todo lo que conoce, es nuestro enemigo? ¿Un tío que viene huyendo de una guerra es un invasor?
Si empezamos a llamar invasor a todo el que viene a sobrevivir, estamos perdiendo algo por el camino. Que sí que las leyes están para cumplirse y las fronteras existen y que un país tiene que organizarse, eso está claro.
Pero se puede cumplir la ley sin perder la humanidad, se puede controlar una frontera sin convertir al que llega en un enemigo, las dos cosas caben.
Lo que no cabe es el odio, y aquí es donde me da vueltas la cabeza, ¿y si fuera tu hijo? No el del otro, el tuyo. El que has visto crecer, el que llevas a la escuela, el que te tiene a veces hasta arriba pero quieres más que a tu vida. ¿Y si fuera él el que está al otro lado de la valla intentando pasar? ¿Y si fuera tu hermano? ¿tu hija? ¿o tú mismo, si te hubiera tocado nacer al otro lado?
NADIE ELIGE DÓNDE NACE. ESO SE NOS OLVIDA.
Tenemos una herida todos, unos más abierta que otros. La diferencia muchas veces no es lo que somos, es dónde nos tocó nacer
Yo no quiero una sociedad que mire para otro lado, pero tampoco una ingenua, quiero una con leyes, con orden y con sentido común. Pero con corazón también.
Porque si para defender lo nuestro tenemos que dejar de ver al otro como una persona, entonces estamos defendiendo mucho y perdiendo lo más importante.
¡No nos deshumanicemos, coño!
Y ojo con otra cosa, hay mucha gente interesada en meternos miedo todo el día. Políticos, medios, redes con cuentas falsas por ahí… todo el día con el discurso del miedo, de los otros, del odio. Que sí, que hay problemas y hay que hablarlos, pero una cosa es mirar la realidad de frente y otra es que te la vayan cocinando a base de cabreo hasta que ves un enemigo donde hay una persona.
AL FINAL PERDEMOS MÁS NOSOTROS QUE NADIE. PERDEMOS LA HUMANIDAD.
Y termino con una frase que escuché anoche a Tacoronte el cuentacuentos, que decía que era de su abuela, y es muy nuestra,
Todos tenemos esa herida, pero hay que sanarla. Porque si nos hacemos todos cochinos, ¿quién nos pone de comer después?
Ahí lo dejo. Las abuelas en dos frases te dicen lo que nosotros no sabemos decir en veinte. Un poco de sentido común, otro poco de humanidad y menos odio. Que no es mucho pedir.
MIGUEL MONZÓN
