EL RAPTO DE TENESOYA

octavio

OCTAVIO MONTESDEOCA

Hoy les hago el resumen de uno de los relatos de «Ritos y leyendas guanches», de Sabas Martín. No sé cuánto de historia y cuánto de leyenda hay en este relato, pero creo que es bueno conocerlo:

Ochenta españoles prendió en la batalla de Tirajana Doramas, bravo caudillo de Telde. Ochenta cautivos que entorpecían a los isleños no sólo por ser indispensable tenerlos con guardias de vista, sino también porque les consumían los sustentos. Doramas sometió a consideración de los guayres y del faycán la suerte de los prisioneros. Fue rotundo el veredicto. Los ochenta cristianos quedaron condenados a muerte.

Ligados de pies y manos eran conducidos al lugar del suplicio. Doramas y sus guayres contemplaban el oscuro desfile cuando cierta anciana comenzó a dar terribles voces dirigidas a Aimedeyacoan, uno de los guayres.

tenesoya

«No Aimedeyacoan, no tengas parte en la muerte de estas gentes, pues sobrevendrán grandes castigos a nuestra tierra si mueren. Alcorac nuestro dios me lo ha dado a entender así y yo te prevengo».

Aquella anciana era la madre de Aimedeyacoan y la principal de las harimaguadas de los adoratorios de Gran Canaria. Finalmente los isleños, para evitar el daño que auguraba la anciana, cortaron las ataduras de los prisioneros y les concedieron la libertad.

Los ecos del suceso se hubiesen desvanecido sin dejar mayor rastro si no se hubiese averiguado más adelante que el guayre Aimedeyacoan y su madre la harimaguada habían obrado de mutuo acuerdo secreto. Aimedeyacoan se compadeció de aquellos ochenta cristianos porque él mismo lo era, porque su hija Tenesoya le había bautizado al poco de regresar de Lanzarote, a donde la condujeron cuando fue raptada.

Ocurrió en el paraje que llaman Los Bañaderos. Hasta allí habían llegado las huestes de Diego de Herrera, y pudieron oír las voces y las risas de tres jóvenes isleñas que se bañaban en las orillas del mar. Ocultos, los soldados acechaban a las muchachas hasta que decidieron salir de entre los arbustos. Huyeron sus dos compañeras, mas Tenesoya, hija del guayre Aimedeyacoan, sobrina del guanarteme de Gáldar, cayó en manos de sus captores. En su ayuda acudió su aya, Tazirga. También a ella la apresaron. A Lanzarote llevaron a Tenesoya y la entregaron al servicio de Inés Peraza, mujer de Diego de Herrera. Allí vivió, fue instruida en el cristianismo, bautizada con el nombre de Luisa y desposada.

Más tarde, su tío el guanarteme ofreció por su rescate ciento trece cautivos que tenía en su poder. Accedieron los cristianos y cambiaron a Tenesoya por los prisioneros. Apenas se concluyó el canje y regresó a Gáldar la muchacha junto con su aya Tazirga, pronto se reconoció que aquella no era la misma Tenesoya que fue robada un día en Los Bañaderos. Lo primero que hizo fue convertir a la religión cristiana a su padre y bautizarle. Al poco, asistida por Tazirga y al favor de la noche, huyó de su casa encaminándose hacia la playa. Allí embarcó en una carabela en la que la esperaba su marido.

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