CASI 365 DÍAS… Y MIRA TÚ POR DÓNDE, RESULTA QUE SE PODÍA

El tiempo no para, es insaciable y camina a su ritmo, que no perdona. Pero nosotros, los humanos, lo hemos medido para enterarnos de algo, fraccionándolo en segundos, minutos, horas y días. Y de esos días ya han pasado casi 365 desde la moción de censura en Valsequillo.
Este tiempo, que es largo o corto según cómo sople el viento para cada uno, ha servido para dejar una cosa bien clara: que se podía hacer. Que no hacía falta descubrir la pólvora ni inventar la rueda. Simplemente, cuando hay ganas de currar, con ponerse a ello basta para empezar a corregir la parálisis y la torpeza con las que veníamos cargando. Aquellos tiempos en los que mandaban los intereses del partido y, sobre todo, las ambiciones de tres o cuatro listillos/as. Los demás también rascaban algo, claro, aunque su papel era y sigue siendo el de palmeros/as, aplaudir cuando toca, callar cuando conviene y mirar para otro lado si la cosa se pone fea.
Pero es que estos meses han ido mucho más allá. Han demostrado que, además de gestionar, se puede gobernar de otra manera, ABRIENDO LA PUERTA A LA PARTICIPACIÓN DE LA GENTE, DANDO LA CARA, ESCUCHANDO A LOS BARRIOS Y TRATANDO LOS ASUNTOS PÚBLICOS CON SERIEDAD. Una gestión CERCANA, COMPROMETIDA y, sobre todo, RIGUROSA. Esa palabra que quienes estuvieron 14 años, aquellos tránsfugas de primero Teo que iban de aquí para allá, nunca parecieron entender cuando se trataba de administrar lo que es de todos. Eso sí, para buscarse lo suyo eran unas máquinas, ahí no se les escapaba ni un céntimo.
Y vamos a los hechos, que no nos engañemos. Yo pongo lo que me llega y de lo que me acuerdo, y seguro que algo se queda en el tintero, que es ahí donde se acaba el ruido y empiezan los hechos.
PAGAR LO QUE SE DEBÍA. Se anunció el pago de 1,74 millones de euros a proveedores, con más de 600 facturas que estaban durmiendo el sueño de los justos. Facturas que no eran papel mojado para guardar en un cajón, detrás había empresas y trabajadores esperando cobrar por su trabajo. Algunas deudas venían de atrás. Ya era hora de que alguien se sentara a poner orden en la finca, porque un ayuntamiento que te exige que pagues al día también tiene que cumplir con los suyos.
PONER ORDEN EN LA ADMINISTRACIÓN. Se cubrieron los puestos de Secretaría y Tesorería, se terminó de estabilizar al personal y se organizaron los puestos de trabajo. Cosas que quizás no cortan ninguna cinta ni dan para salir guapos en la foto, con muchos aplausos, pero que hacen falta para que el Ayuntamiento funcione como Dios manda. Porque gobernar no es solo salir en la foto, inaugurar lo que se pueda y repartir sonrisas por las esquinas, también es barrer hacia dentro, aunque eso no dé votos de golpe.
RECUPERAR Y DESBLOQUEAR. Se cerró al fin la compra de la Casa Cuartel de El Colmenar. Se volvió a mover ficha con la contratación para terminar el Centro de Formación y Tecnificación Deportiva, una obra que pide a gritos menos cháchara y más bloques y cemento. También se cambió el modelo de gestión de La Piscina y se puso en marcha el plan para arreglar once parques infantiles, con más de 303.000 euros previstos.
Y ojito, que nadie se confunda, aprobar un proyecto no es terminarlo, y sacar a concurso una obra no es entregar las llaves. Pero desbloquear lo que llevaba años atascado ya es empezar a remar. Y después de tanto tiempo viendo expedientes coger polvo, por algo se empieza.
LOS SERVICIOS DE CADA DÍA TAMBIÉN CUENTAN. La recogida de trastos pasó, según los datos del Ayuntamiento, de tres a cinco días. Se mejoraron puntos negros del alumbrado y se respondió rápido a los destrozos de la borrasca Emilia y al desprendimiento de un talud en la GC-41. Además, se agilizaron los trámites para una nueva línea eléctrica subterránea de Endesa, una inversión privada de unos 900.000 euros para que más de 2.000 clientes no sufran apagones.
No todo depende del Ayuntamiento, ni hay que colgarse medallas por el dinero que pone una empresa. Pero echar una mano para que las cosas salgan, en vez de poner palos en las ruedas, es lo mínimo que se le pide a la Administración.
LA GENTE NO VIVE SOLAMENTE DE CEMENTO Y FACTURAS. También necesita calor, cultura, deporte y sitios donde reunirse. Se pusieron nuevas normas para las ayudas sociales y la ayuda a domicilio, se desbloquearon las subvenciones atrasadas a los colectivos y se retomaron las reuniones cara a cara con los vecinos. También volvió el protagonismo de la gente en la organización de la Suelta del Perro Maldito.
Queda mucha trayecto por delante, claro que sí, porque sacar una ordenanza no significa que esté aprobada del todo, ni decir que hay ayudas significa que el dinero vaya a llegar mañana mismo a los bolsillos. Hay que seguir vigilando. Pero de eso se trata, de que las cosas se muevan y luego se pueda comprobar que se hicieron.
Y mientras tanto, el Plan de Sostenibilidad Turística pasó, según los datos del gobierno, del 12 % a rozar el 50 % de ejecución. También se movieron contratos para arreglar instalaciones, cuidar el Aula del Mayor y echar una mano en el turismo. Unos están adjudicados y otros van a medio camino. Cada cosa en su sitio, sin vender la piel del baifo antes de que la cabra lo haya parido.
Porque esa es otra diferencia que conviene no olvidar, gestionar no es cacarear los proyectos como si estuvieran listos. Gestionar es trabajar, dar la cara por lo que se hace y reconocer lo que falta. Y en eso están dando ejemplo.
Y todo esto en menos de un año. No estamos hablando de una legislatura entera ni de catorce años de inacción. Estamos hablando de casi 365 días, que para unas cosas vuelan y para otras se hacen eternos, sobre todo cuando llevas años esperando que te hagan caso y siempre hay una excusa para dejarlo para mañana.
Por supuesto que queda tela que cortar. Valsequillo no se arregla en once meses, ni nadie con dos dedos de frente puede pretender eso. Hay obras pendientes, servicios que afinar y compromisos que tienen que saltar del papel a la calle. Y habrá que estar al loro para que el motor no se apague, que venimos de 14 años de mucha salida de caballo de carreras y llegada de burro cansado.
Pero hay que tener la cara muy dura para negar que hay movimiento, que se toman decisiones y que los asuntos que estaban enquistados ya caminan. Y eso, en un pueblo donde el vecino no come de discursos y una factura impagada no se borra con comunicados de prensa, vale su peso en oro.
A los que preguntan qué ha cambiado, se les puede decir sin alterarse, miren las facturas, los papeles, los servicios y las obras. Pregunten qué está hecho, qué está en marcha y qué falta por hacer. Los documentos están para mirarlos, no para barrerlos debajo de la alfombra.
Y a los que siguen erre que erre diciendo que antes todo era maravilloso, pues nada, que sigan con su película. Faltaría más, cada cual defiende su chiringuito, incluso cuando ya lo ha perdido. Lo que no pueden pretender es que el resto del pueblo se ponga una venda en los ojos y trague con ruedas de molino.
Porque, al final, la política municipal es mucho más sencilla de lo que nos quieren vender, currar, administrar con cabeza el dinero de todos, atender a la gente y dar explicaciones. No hace falta ser un sabio, hace falta tener voluntad, saber dónde se pisan los pies y entender que el Ayuntamiento no es una finca privada ni la propiedad de cuatro amigos.
Y mira tú por dónde, después de tanto enredo, tanto cálculo y tanto interés personal disfrazado de vocación pública, resulta que sí se podía.
CASI 365 DÍAS HAN BASTADO PARA DEMOSTRAR QUE EL PROBLEMA NO ERA EL RELOJ, QUE NUNCA DEJÓ DE CAMINAR; EL PROBLEMA ERA QUE ALGUNOS ESTABAN TAN OCUPADOS MIRÁNDOSE EL OMBLIGO QUE NO SE ENTERABAN DE QUE EL PUEBLO LLEVABA AÑOS ESPERANDO.
Y ahora viene lo mejor: a ver cómo le explican esto los palmeros/as a los suyos. Porque, si antes aplaudían por inercia, ahora van a tener que sudar la camiseta para justificarlo. Y eso sí que es una obra complicada, acostumbrarse a que otros trabajen mientras uno se queda sin función ni aplauso.
¡Ay, mi Valsequillo querido! Tanto tiempo escuchando que no se podía, que faltaba esto, que sobraba aquello, que ya si eso mañana… Y al final va a resultar que no hacían falta milagros, sino ponerse a doblar el lomo.
LO MALO PARA ALGUNOS ES QUE, CUANDO LAS COSAS EMPIEZAN A FUNCIONAR, SE LES ACABA EL CUENTO. Y NO HAY PEOR AVERÍA PARA QUIEN VIVÍA DEL CUENTO QUE DESCUBRIR QUE EL PUEBLO YA NO NECESITA QUE LE CUENTEN MILONGAS.
MIGUEL MONZÓN
