EN LA MEDIANÍA DE LA TARDE

La tarde-noche del 27 de septiembre me fui al Festivalito de San Miguel, que tan sabiamente monta con ayuda del Ayto. de Valsequillo mi querido amigo y sabedor de esto de contar cuentos, Paco el Rubio.
Fui a ver y escuchar a Juan Carlos Tacoronte y salí de allí con la cabeza dando vueltas, y eso hoy en día, ya es mucho.
Porque En la medianía de la tarde no fue solamente contar cuentos, no señor@s, decir eso sería quedarse en la superficie.
Tacoronte se puso allí delante, con su manera de hablar, de mirar, de hacerte reír y de meterte una puñalada por dentro cuando menos te lo esperas, y empezó a hablarnos de la vida, de la nuestra y de la de otros.
Y habló del niño Aylan que apareció muerto en una playa de Turquía. Un niño que podía haber sido de cualquier playa, de cualquier pueblo, de cualquier familia. Y de repente aquel niño dejó de ser una noticia lejana y se nos metió aquí dentro, entre nuestras montañas, nuestros barrancos y nuestras playas. Porque el dolor, cuando es dolor de verdad, no entiende de fronteras.
Y apareció Palestina, y apareció Canarias. Porque también somos islas, también sabemos lo que significa mirar al mar y no saber qué coño hay al otro lado. También sabemos lo que es vivir con la sensación de estar lejos de todo y, al mismo tiempo, tener el mundo entero metido por la ventana.
Y habló de la vivienda. de esta Canarias donde cada vez cuesta más encontrar una casa donde crear un hogar, donde meterse sin tener que dejarse medio sueldo y el otro medio en el intento. Y ahí ya alguno estaría pensando ¡Coño, Juan Carlos, ¡tú viniste a contar cuentos!
Pero es que de eso se trata, de contar cuentos para hablar de lo que nos pasa.
Y entre una cosa y otra nos fue llevando por la libertad, por la muerte, por la vida… por esa manía que tenemos los humanos de creernos que tenemos todo controlado, cuando en realidad estamos aquí de prestado y cualquier día nos vamos sin avisar.
Y también hubo humor, claro, porque si los canarios no nos reímos de la vida, con la que nos cae, apaga y vámonos.
Lo bonito fue que no salías de allí con la sensación de haber visto un espectáculo y ya está. Salías pensando, recordando, y hasta mirando al de al lado de otra manera.
Gracias, Juan Carlos, por venir a Valsequillo y por contarnos estas cosas sin darnos la brasa, sin ponerte por encima de nadie y sin decirnos lo que tenemos que pensar.
Nos dejaste las historias encima de la mesa y que cada cual se llevara pa’ su casa lo que quisiera. Y eso, amigo, también es libertad.
Una tarde de cuentos, pero también de vida, de muerte, de memoria, de esperanzas y, sobre todo, de humanidad.
Y MIRA TÚ POR DÓNDE… AL FINAL RESULTA QUE LOS CUENTOS TAMBIÉN SIRVEN PA’ MIRARNOS UN POQUITO AL ESPEJO, Y ESO SIEMPRE VIENE BIEN. AUNQUE A VECES EL ESPEJO NO NOS GUSTE DEMASIADO.
MIGUEL MONZÓN
