NOCHES DE PLATA
Veinticinco años cantándole a la vida

Una frase, una expresión popular, convirtió la fruta en música, la justicia en equilibrio y la generosidad en un eco de voces de parranda, de buena gente del pueblo.
Cualquier celebración es motivo de alegría cuando la manifestación alcanza la cúspide de veinticinco años de vida activa: encuentros de amigos y parrandas que se transforman en emoción compartida, al ritmo de una elaboración musical sincera y viva.
La noche, serena, fría y decidida, se arrejuntó en la penumbra del pequeño teatro donde late la cultura de Valsequillo, ese rincón que reclama con urgencia un proyecto cultural potente y creativo. Paisaje de cantadores, oráculos y teatreros. El eco de sus paredes estalló en aplausos continuos: un coro de ángeles cantándole a la noche y a la nostalgia.
Poemas de Víctor Jara o Silvio Rodríguez nos recordaron el poder latino de las musas. Añoranzas que respiraban por la piel entre boleros y habaneras. Ritmos de coros a contrapunto con bachatas y rancheras. Y el rasgueo sonoro del timple armonizando folías. Apenas quedó espacio para el folclore de las islas, tan saturado de repertorio, porque sus coros de mujeres y hombres están llamados a la parranda del contagio popular: a la alegría de entender la música como pasaporte para lidiar la vida y la amistad, ahondando en las estrofas populares, salvoconducto de su filosofía.
Hubo tiempo esa noche para hablar con nuestros antepasados, recordarlos en prosas y palabras; a los inspiradores de este colectivo que ayer fueron jóvenes y guapos y hoy son agradecidos y sabios. Pasajes filmados nos transportaron por aquellas páginas de la historia de hombres y mujeres que creyeron en su destino y que, de la mano de la tolerancia y el respeto a las tradiciones, avanzaron con la memoria siempre alerta para refrescar cantares y romances.
La Parranda de Medio Higo pa’l Kilo nos insufló el chupito de ron miel y la textura blanquecina y flexible de los higos pasados, para regalarnos la dulzura de sus razones y el apellido de sus ancestros. En el cuidado de las tradiciones, sin olvidar los ritmos de la vida, celebraron la alegría colectiva de compartir —con música y encuentros— la belleza de las cosas sencillas.
Fue una de esas noches mágicas que han marcado a Valsequillo. En las sonrisas espontáneas y en el aplauso continuo estaba el calor de los suyos, el arropo de sus paisanos. Noches de plata y frío, noches de cancioneros dormidos y estribillos de parranda.
Lo que hace grandes a los colectivos musicales es el poder de su plenitud: la alegría del encuentro. Los repasos históricos son pequeñas metas, logros y principios; y en esta tesis emocional se junta toda una vida de emociones y encantamiento.
Grandes amigos de la parranda, Medio Higo pa’l Kilo, como el circo montañoso que abraza a este pueblo de cantadores y vivencias. Que este escalón de veteranía sea solo la rampa de salida hacia la continuidad histórica. Y que no se apague nunca el eco de sus cantos a la vida y a la parranda cultural.
Feli Santana


Desde la Parranda del Medio Jigo pa´l Kilo queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento por una crónica que no sólo narra, sino que abraza. Tus palabras han sabido escuchar lo que ocurrió aquella noche y devolverlo convertido en memoria, emoción y sentido. Has puesto nombre y pulso a lo que para nosotros es esencia: el encuentro, la amistad, la tradición compartida y la música entendida como un acto de vida.
Leer esta crónica ha sido reconocernos en el espejo de la palabra bien dicha, sentir que cada acorde, cada voz y cada recuerdo encontró eco más allá del escenario. Nos honra profundamente que hayas sabido enlazar pasado y presente, a nuestros mayores y a quienes hoy seguimos caminando, desde el respeto a las raíces y la alegría de seguir cantando juntos.
Gracias por mirar a la parranda no sólo como música, sino como comunidad; por entender que en cada canción que interpretamos, late una forma de estar en el mundo y de querer a nuestro pueblo. Tu texto ya forma parte de nuestra historia compartida y se suma, como un verso más, a ese cancionero que no queremos que se apague.
Gracias, Feli, de corazón, por acompañarnos con tu mirada sensible y por regalarnos este recuerdo escrito que seguirá sonando en el tiempo.