NUESTRA MANERA DE HABLAR

silboCuando vamos conduciendo y nuestro coche roza con algo por debajo lo sentimos como si el roce nos lo diéramos nosotros, algo parecido me suele pasar cada vez que oigo a un paisano o paisana nuestra utilizar expresiones peninsulares. Cada vez prolifera más esta actitud en nuestra gente por el dichoso complejo de creerse inferior por hablar canario en vez sentir orgullo de nuestra manera de hablar.

            Hablar canario no es, como dice Ramón Trujillo en el prólogo del libro “En defensa del habla canaria de Marcial Morera”, ensartar un vulgarismo tras otro, eso pasa cuando las personas que así se expresan carecen de una adecuada cultura, porque una cosa es hablar de manera folklórica y afectada, que a veces despierta en uno vergüenza ajena y algo de pena, y otra muy distinta hacerlo sin prejuicios y utilizar nuestras propias y singulares expresiones para hablar en familia, con los amigos o en el congreso de los diputados. Nuestras madres utilizan la expresión, “no verdad” y seguro que a mucha gente le parece un hablar “mauro”; sin embargo oímos a un argentino decir, “no cierto” ¡oiga! y que bonito suena. Vamos a ver ¿por qué muchísima gente dice globo en vez de sopladera, es que le da vergüenza? Jamás he utilizado la palabra globo refiriéndome a una sopladera, no sé si me creerán, pero a mi todos me han entendido siempre que he utilizado esta última. Y una cosa curiosísima es que todos/as sin excepción cuando en un control le ponen el alcoholímetro dicen ¡chacho, ahí bajo estaba la policía poniendo la sopladera. Señores aquí hay algo que no cuadra…

El interés nos obliga al silencio

foto11Como se suele decir, uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras o como leí recientemente en un libro antiguo: las palabras son plata y el silencio es oro. En fin, parece que este tipo de ideas impelen a uno hacia la taciturnidad o a pensar muy bien antes de hablar. Y es que si uno habla o, como dicen los bien hablados, piensa en voz alta, corre el peligro de que los demás participen de tu forma de pensar y, de alguna manera, seas, valga la metáfora, transparente y así crear una opinión de ti que quizás esté alejada de lo que pretendes. Pero, amigos, las palabras exteriorizan nuestra personalidad y en cierto modo nos desnudan ante los demás sobre todo si somos extrovertidos. Por otro lado las palabras son sólo palabras. Piense usted en los seres metafísicos creados por la mente humana en todas las culturas y que a pesar de la poca  probabilidad de su existencia pretenden darle entidad y encima los adoran, etc., etc.

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