AÑO ELECTORAL

  Vividores de la política          Se acercan las elecciones, pero no siento el prurito de casi todas las mismas que ha habido hasta hoy día. Puede ser que se esté uno haciendo viejo o a lo mejor me pasa como a unos chiquillajes de mi tiempo que siempre estaban de juerga y un día le dijo un pureta a otro: “estos jodíos no paran, empatan un tenderete con otro” y el otro le contestó sabiamente: “tu déjalos que ellos tocan fondo”. Quizás me pase eso a mi también, que ya toqué fondo y no me excite ya la margarita que deshojé en el pasado o que mi ilusión porque las cosas cambien a mejor entró en una vía muerta. No me quiero apuntar a la lista de los autodenominados apolíticos, no creo que exista ni uno, pero mi motivación relacionada con la política está en este momento bajo mínimos. Cuando hablo de la política me refiero a ella de manera general, o sea, la local, insular, regional, la de aquí, la de allá y la de acullá.

UTOPÍA

   PODEMOS2         El fenómeno de “podemos”  ha revolucionado el panorama político from coast to coast , los políticos “profesionales” enquistados en el poder no dan crédito a la morrocotuda sorpresa que se llevaron tras las elecciones europeas y tratan por todos los medios de frustrar este valor en alza que forma este grupo de jóvenes que se vislumbra en el panorama político como la esperanza que la mayoría de ninguneados por los poderosos han deseado siempre.

Tanto la derecha pura y dura como esas izquierdas light abominan de este nuevo partido y lo acusan sin miramientos de extrema izquierda; de amantes de la revolución bolivariana; de proetarras y de lo que se les va ocurriendo día sí y día también, y es que es para estar preocupados, digo, desde su punto de vista, porque, amigos, está en juego la poltrona de estos partidos que en vez de ser uno alternativa del otro se han convertido en una mera, burda y simple alternancia. Vergüenza deberían sentir los que se autoproclaman republicanos y votan a favor de la monarquía, a mi modesto entender una cosa excluye a la otra; y también es una desfachatez  que se afore al rey y luego se diga que hay que regular la cantidad de aforados en España. ¿En qué quedamos?.

NUESTRA MANERA DE HABLAR

silboCuando vamos conduciendo y nuestro coche roza con algo por debajo lo sentimos como si el roce nos lo diéramos nosotros, algo parecido me suele pasar cada vez que oigo a un paisano o paisana nuestra utilizar expresiones peninsulares. Cada vez prolifera más esta actitud en nuestra gente por el dichoso complejo de creerse inferior por hablar canario en vez sentir orgullo de nuestra manera de hablar.

            Hablar canario no es, como dice Ramón Trujillo en el prólogo del libro “En defensa del habla canaria de Marcial Morera”, ensartar un vulgarismo tras otro, eso pasa cuando las personas que así se expresan carecen de una adecuada cultura, porque una cosa es hablar de manera folklórica y afectada, que a veces despierta en uno vergüenza ajena y algo de pena, y otra muy distinta hacerlo sin prejuicios y utilizar nuestras propias y singulares expresiones para hablar en familia, con los amigos o en el congreso de los diputados. Nuestras madres utilizan la expresión, “no verdad” y seguro que a mucha gente le parece un hablar “mauro”; sin embargo oímos a un argentino decir, “no cierto” ¡oiga! y que bonito suena. Vamos a ver ¿por qué muchísima gente dice globo en vez de sopladera, es que le da vergüenza? Jamás he utilizado la palabra globo refiriéndome a una sopladera, no sé si me creerán, pero a mi todos me han entendido siempre que he utilizado esta última. Y una cosa curiosísima es que todos/as sin excepción cuando en un control le ponen el alcoholímetro dicen ¡chacho, ahí bajo estaba la policía poniendo la sopladera. Señores aquí hay algo que no cuadra…

El interés nos obliga al silencio

foto11Como se suele decir, uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras o como leí recientemente en un libro antiguo: las palabras son plata y el silencio es oro. En fin, parece que este tipo de ideas impelen a uno hacia la taciturnidad o a pensar muy bien antes de hablar. Y es que si uno habla o, como dicen los bien hablados, piensa en voz alta, corre el peligro de que los demás participen de tu forma de pensar y, de alguna manera, seas, valga la metáfora, transparente y así crear una opinión de ti que quizás esté alejada de lo que pretendes. Pero, amigos, las palabras exteriorizan nuestra personalidad y en cierto modo nos desnudan ante los demás sobre todo si somos extrovertidos. Por otro lado las palabras son sólo palabras. Piense usted en los seres metafísicos creados por la mente humana en todas las culturas y que a pesar de la poca  probabilidad de su existencia pretenden darle entidad y encima los adoran, etc., etc.

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