Martes, Agosto 20, 2019
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Reflexiones

FOTO 7…. y por ello recomienda las siguientes medidas:

A-. Formar grupos de capacidad intelectual

homogénea sin dar prioridad a la edad

cronológica.

Publicado hace 50 años en la revista “Acta pediátrica española” por el doctor Ruíz de Santamaría.

Además de esta recomendación, el doctor Ruiz propone otra serie de medidas como evitar simultanear materias similares para no mezclar elementos parecidos,  confección de programas asequibles a las características de cada grupo o el aumento del número de recreos breves a fin de potenciar la fijación de las ideas adquiridas y evitar la fatiga mental.

    Curiosamente, la idea inicialmente expuesta, tan simple y coherente como una piedra, es una de las más controvertidas en el sistema educativo actual ya que en si misma ofrece la oportunidad a los diferentes sectores implicados (docentes, familias, ideólogos, funcionarios, políticos…) de reconvertirla en su particular campo de batalla.

    Porque una idea, aunque sea como ésta, transparente como una gota de agua, puede también ser desmembrada en moléculas o gérmenes patógenos y su traducción básica, entiéndase  grupos de capacidad intelectual homogénea para facilitar el aprendizaje integral,  objetivo último del sistema educativo, puede ser insertada en otros contenidos como agravio comparativo, desajuste social, ...  

    Lo anecdótico de este tema es que a todas las partes implicadas les parece aceptable el hecho de la atención a la población académica más desfavorecida intelectual, económica o socialmente. Aunque tristemente nos limitamos a aceptarlo sin cuestionar la calidad del servicio prestado mientras no nos afecte de modo directo. Pero, en definitiva, parece haber una opinión generalizada: el sistema educativo tiene que atender la diversidad, clases de refuerzo educativo dentro del horario escolar, atención psicopedagógica, adaptaciones curriculares individuales, grupos de diversificación…  Lamentablemente, estos servicios gratuitos, públicos y a demanda, no suelen contar con los recursos apropiados y no me refiero a los profesores, que son en todo caso los verdaderos magos que hacen lo imposible con nada, me refiero a la carencia de personal suficientes y un marco legal que posibilite las intervenciones directas de reeducación familiar, atención individualizada….. Aún con todo, existe el concepto, la herramienta dentro del sistema educativo que nos permite su uso aún cuando esté deteriorada.

     Y volviendo a la anécdota, ¿qué sucede en la opinión pública cuando trasladamos esta atención al otro extremo? Pues que pasa de denominarse “atención a la diversidad a ser calificada como “premio a la excelencia” con todo el matiz connotativo de ambos términos,  entiéndase privilegio, exceso, minoría, revalorización, regalo….  El propio sistema educativo de antemano califica negativamente la atención a otro grupo diverso que es el de los alumnos no sólo con mayor capacidad académica, sino con mayor capacidad de esfuerzo y autosuperación. Y, como para casi todo, hay una explicación que me permitiré detallar.

       Por un lado y creo que el más contundente, el éxito académico está actualmente monopolizado por la educación privada que proporciona no siempre personas íntegras pero si cualificadas para ejercer poder en el ámbito económico-social. Cierto es que los investigadores, pensadores… proceden mayoritariamente de la educación pública pero el poder económico se encuentra en manos de los hijos de la educación privada a la que tan solidariamente ayudamos con la inversión estatal en pro de la defensa de la igualdad de oportunidades. Patético sistema educativo que ejerce recortes demenciales a una educación pública desatendida mientras continua subvencionando la educación privada.

       Por otro lado, la implementación de un modelo educativo que atendiera la diversidad en ambos extremos, necesidades educativas por deficiencia y por excelencia, implicaría una reorganización del propio sistema y una inversión en recursos de infraestructura y personal que queda fuera de todo cuestionamiento, no sólo por la coyuntura económica actual, si no porque hipotéticamente funcionaría. Un sistema en el que las aulas están dotadas, el número de alumnos reducido, los grupos homogéneos, los contenidos adecuados, el profesorado suficiente, las intervenciones familiares efectivas si fueran necesarias, el modelo de enseñanza-aprendizaje motivador e implicador,     … A partir de este modelo es de suponer que el sistema educativo funcionaría mejor como sistema social de formación integral (entiéndase académica y socialmente) de seres humanos. 

       Y por último, y he aquí donde ya no deduzco causas, si no transmito las que la experiencia en el terreno educativo me ha enseñado a modo de bofetadas, está la necedad del ser humano. En los centros por los que he ejercido, los alumnos que bien por aptitud o por esfuerzo sobresalen en el terreno académico son marginados en las aulas por sus compañeros, y más aún cuanto menor es su número. Si tienen la suerte de estar en una clase donde haya al menos cinco o seis alumnos que tengan interés y motivación, la marginación puede ser más leve, pero como se encuentren solos, la tortura psicológica es incalificable. No, no es porque todos los que trabajan carezcan de habilidades sociales, es porque no es su sitio. Son alumnos que se aburren, que requieren otro ritmo, que pasan seis horas diarias dibujando en los márgenes del cuaderno porque ya han oído la misma explicación tantas veces que podrían echarse a dormir, alumnos cuyo interés decae si además no cuentan con el factor socialización. No me refiero a alumnos sobredotados, esto es aún más difícil, me refiero alumnos “estudiosos” para los que nuestro sistema educativo no tiene respuesta. Y, como seres humanos que son, merecen la misma atención que aquel que, por cualquiera causa, tiene dificultades académicas en el sentido contrario. Pero he aquí que nuestra caridad empieza con lo que nos queda bajo la planta del pie y termina donde nos nace el cabello. He presenciado protestas de padres porque a un alumno se le destinaban horas de atención educativa al tener un coeficiente de sobredotación, exigiendo que esas horas se les destinaran a sus hijos, porque la ignorancia es muy atrevida. He oído quejas porque los alumnos que más leen son seleccionados para una actividad especial fuera del centro. He visto verdaderos pleitos porque los alumnos del grupo bilingüe se encontraban agrupados en una clase y esto les favorecía, quejas de familias que, por diferentes motivos, no han logrado que sus hijos sean responsables con sus estudios pero que tampoco han utilizado los recursos ni la  ayuda ni el esfuerzo para que esto fuera así.  He sentido rabia materializada en el ambiente cuando se comentó la noticia de los llamados “bachilleratos de excelencia”, como si esto fuese un atentado contra la dignidad humana en lugar de una opción para aquellos que se lo han “currado”. Qué deterioro de valores demostramos cuando la envidia o la sensación de fracaso nos impiden valorar justamente las medidas sociales. Y, en lugar de aplaudir medidas que fomenten el esfuerzo (valor en desuso), la responsabilidad y la formación, nos entretenemos en declamaciones sistemáticas sobre la desigualdad social y los derechos.

Que desequilibrado ejemplo damos a nuestros hijos cuando en lugar de analizar qué pared es la que no hemos construido bien en nuestro hogar e intentar repararla, nos lanzamos herramientas en mano a destruir la casa del prójimo.

       En fin, duerman tranquilos, que el riesgo de que el sistema educativo mejore y de que a los padres se nos requiera como responsables de la educación de nuestros hijos, es francamente escaso.  

GELU

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