ESPECTÁCULO EN CAMPAÑA ELECTORAL

ALBERTO ARTILESTodo espectáculo que se tercie necesita al exhibicionista, al que mira y el escenario mediático. La manera en la que se mueven los políticos durante la campaña electoral ha cambiado con el paso del tiempo y ahora el cómo es casi más importante que el qué con la fugacidad de las redes sociales y la política convertida un circo televisado. Se inaugura un trozo de acerca si hace falta justo para salir en el informativo de las 14.00 horas de la tele pública o se hace el ridículo contando los pasos de un carril bici mientras te graban con el móvil. Todo vale con el objetivo de hacer ruido y conseguir muchos likes y compartidos en Facebook, Twitter o Instagram.

Nosotros, los medios, somos cómplices del teatrillo, el altavoz de toda esa escenificación forzada del candidato en estas semanas de promesas con fecha de caducidad. Sin embargo, cuando hay que dar la cara para despejar las sospechas, se entra dos horas antes al juzgado para evitar a los fotógrafos por la puerta de atrás como los delincuentes peligrosos, en plena semana festiva y con los votantes en cholas, para evitar la imagen del investigado y conseguir que los titulares incómodos pasen desapercibidos entre las procesiones y los días de playa.

LO MENOS MALO

LUISA DEL ROSARIOYa es oficial. Estamos en campaña y, según la entienden algunos partidos, serán unas elecciones a dos vueltas. La primera, el 20 de abril, día en el que elegiremos a quienes ocuparán los escaños del Congreso y las butacas del Senado. La segunda, el 26 de mayo, con los comicios locales, insulares y regionales, además de los europeos, con ese brexit rondando.

Pero, en realidad, ni son elecciones a dos vueltas ni tampoco elegimos presidencia de ningún tipo. Nuestro sistema es representativo y son los y las diputadas electas quienes, con su voto, una vez constituidas las Cortes, eligen a la persona que ocupará la presidencia. En Canarias, por muy nuevo Estatuto que tengamos o esa gran novedad llamada lista regional, tampoco elegimos directamente al futuro presidente o presidenta. Elegimos a la Cámara, y por eso parece absurda la disputa sobre quién va en la lista regional y o quién en la insular. El debate es meramente publicitario y, por qué no decirlo, simplemente infantil.

LA RUTA DE LA MORTADELA

davidDesconfío de esas sonrisas forzadas como las que suele poner Ana Oramas, un gesto antinatural muy lejano a esa campechanía de pueblo que quiere aparentar. Estos días la candidata de CC al Congreso ha comenzado la ruta de los bocadillos de mortadela, incentivo para acudir a sus mítines, y su peregrinar por distintas entrevistas. Alguna con un mal final, gritos y descalificaciones a periodistas solventes que le preguntaron por su desprecio a Las 3.000 viviendas como sucedió en los pasillos de RTVE en Canarias.

Oramas encabeza esta campaña de Coalición Canaria, determinante para el futuro de su organización, erradicada completamente en Gran Canaria y con terror a perder su diputada tinerfeña. La estrategia política se basa en el costumbrismo mágico, una suerte de concepción particular del costumbrismo. Ya se sabe la definición que la voz canaria en Madrid quiso dar del terruño desde la meseta; «Una playa con una chuleta, unas papas, una guitarra, unas garrafas de vino y dejar pasar el tiempo», indicó en una entrevista.

CARTA ABIERTA

rosell 1Hoy empieza la campaña electoral. ¿Te acuerdas de la de diciembre de 2015? El 20 D se celebraron las primeras elecciones generales a las que se presentó Podemos, y en Las Palmas el rival era un ministro que tenía sus negocios en paraísos fiscales. Fue una campaña oscura y tramposa, como los tiempos que nos hicieron vivir. Quisieron escribir nuestra historia. Con ayuda de un juez y algunos medios de comunicación que publicaron todas las mentiras de las cloacas del estado, fabricaron pruebas falsas contra mí, con las que Soria presentó una querella.

HACERSE EL DORMIDO

Enrique Bethencourt«A veces hay que hacerse el dormido por la noche para no cambiar un pañal, que lo hace todo el mundo y yo, también». La muy desafortunada frase la pronunció Albert Rivera o Alberto Carlos Rivera, como ustedes prefieran, en un programa televisivo de alta audiencia. Su confesión canalla, así la han denominado, no constituye, en mi opinión, un ejemplo de amor a su hija ni, tampoco, de la más mínima solidaridad con su mujer/compañera de entonces. Irresponsable, caradura, vago, machista... fueron algunos de los muy merecidos calificativos que recibió en las redes el líder de Ciudadanos.

Hace una semana escuché a un chico de unos quince años hablar con otro de parecida edad en la guagua. Le aseguraba, entre risas, al parecer orgulloso de su singular hazaña, que en muchas ocasiones se hacía el dormido en el trayecto que realizaba todos los días entre su casa y su centro educativo para no tener que ceder el asiento a una persona mayor, a alguien con problemas de movilidad o a una mujer embarazada. Parece que es una actitud que se repite en metros o tranvías en distintas ciudades españolas (desconozco si en Europa u otros lugares se comportan de manera semejante) como forma de hacerse el loco y seguir bien acomodado mientras a unos escasos metros se encuentra alguien con dificultades para viajar de pie. Y que retrata, muy mal, a sus practicantes.

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