DEL PROCESO AL 'PROCÉS'

limiñanaDesconozco si las matemáticas son alguna vez una ciencia exacta, pero tengo claro que hay momentos en los que son profundamente inexactas a la par que subjetivas, tanto que más que una ciencia formal, objetiva, se diría que se trata de una suerte de variante de la hermenéutica: las manifestaciones. Y es que hace dos sábados miles de independentistas catalanes ocuparon las calles del centro de Madrid, pero no podemos saber, a ciencia cierta, ni siquiera en una aproximación razonable, cuántos fueron: 120.000, según la Asamblea Nacional Catalana (ANC); 18.000, según la Policía Nacional; y 55.000, según la estimación del diario El País, cuyo método no sé si consiste en sacar una media ponderada a la baja entre las dos cifras anteriores escorándose, no demasiado, hacia el dato ofrecido por la policía.

Si ni siquiera con los números parece posible, en el caso que nos ocupa, alcanzar un mínimo de objetividad, no debe sorprender a nadie que cualquier análisis que se haga al respecto del procés y del juicio que se está celebrando contra algunos de sus líderes esté siempre cargado de subjetividad. Se entiende así que mientras unos hablan de políticos presos y fugados de la justicia, otros se refieran a las mismas personas como presos políticos y exiliados; que mientras los primeros afirman que los líderes independentistas están siendo juzgados por, presuntamente, haber quebrantado la ley y no por sus ideas políticas, los segundos insistan en que se trata de un juicio político contra el independentismo que atenta contra los principios más elementales de la democracia. Y entre tanta confusión numérica y lingüística, es posible que el hartazgo haya embargado a más de uno y que a buena parte de la opinión pública el procès y todo lo que lo rodea empiece a resultarle de puro cansino indiferente.

LO QUE HAY QUE RECORDAR

LUISA DEL ROSARIOLa aporofobia es el término que define el miedo a la pobreza y a la persona pobre. La población más vulnerable y las «clases populares» son, además, objeto de escarnio cuando se habla de economía sumergida. Ese señor que cobra el paro y hace chapuzas bajo manga o esa mujer que limpia escaleras y cuida a mayores sin mediar factura. Sin esos trabajos miserables no superarían la primera semana de cada mes, pero contra ellos van los luchadores contra el fraude de traje y chaqueta que después aparecen en los papeles de Panamá.

Precisamente, esta semana hemos conocido cómo una quincena de grandes empresas se organizó entre los años 2002 y 2016 para amañar concursos públicos de licitación en relación con las vías ferroviarias. Compadreando durante 14 años para repartirse el dinero público, engañar a las administraciones y disparar los sobrecostes. La empresa que ganaba, que a veces elegían al azar, debía repartir entre las demás el 6% de lo que se lograba con el contrato. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) acaba de multar a esas empresas, que, entre todas, deben pagar 118 millones de euros. Cualquiera podría decir que en España la corrupción sale a cuenta y que, si vas a robar, mejor hazlo a lo grande, porque, como todo buen negocio, los beneficios son cuantiosos.

NOS VIOLAN

myriamEn las sociedades supuestamente civilizadas que pueblan nuestro planeta, la violación sexual se considera un delito. Los motivos que impulsan a su comisión son tan dispares como los propios tipos de violador, pero en todos ellos subyace un trasfondo de violencia y superioridad machista, cuando no un más que probable complejo de inferioridad e incapacidad de aceptar una negativa. En nuestro país se cometen cerca de mil doscientas violaciones cada año, para las que en un treinta por ciento se recurre de uno u otro modo a las drogas. En un altísimo porcentaje de los casos, las víctimas optan por no denunciar los hechos y, aquí también, las razones son tan diversas como las circunstancias de las damnificadas. 

A veces es debido a un miedo paralizante. Otras, a causa de una profunda vergüenza. A menudo, por temor a las represalias. Y, en no pocas ocasiones, por una total falta de ánimo para enfrentar un doloroso e incierto proceso judicial. De modo que prefieren guardar silencio e intentar borrar de la memoria (por supuesto, sin éxito) el drama vivido. Con todo, es injusto culpabilizarlas por no dar el paso de relatar la tragedia sufrida. Bastante tienen con arrastrar los gravísimos traumas físicos y psicológicos que les han quedado como herencia. El fenómeno en cuestión se torna además especialmente repugnante cuando se lleva a cabo en el ámbito doméstico, siendo sus propias parejas quienes fuerzan sistemáticamente a las mujeres como forma "alternativa" de consumar una relación íntima. 

IMPACTO PAISAJÍSTICO

vicenteDesde su irrupción en el planeta Tierra el ser humano ha moldeado el paisaje atendiendo a sus necesidades. Una veces de manera nimia y otras con exacerbada agresividad, sobre todo en la etapa histórica más reciente. Hemos vivido de espaldas al paisaje, seducidos por un sistema que obliga al crecimiento constante, ajeno a la destrucción medioambiental que ello pueda conllevar, y se ha ignorado que el paisaje, el territorio en el que se desarrolla la vida de un pueblo, forma parte de su identidad. Les aconsejo la lectura de la ponencia Paisaje e identidad, que el geógrafo Rubén Naranjo presentó en el 1º Congreso Autonómico Progreso e Identidad Canaria.

«El proyecto Chira-Soria, oportunidad para resolver el debate entre desarrollo y preservación de nuestros valores»

ATASCOS,MOTOS Y RESIGNACIÓN

carril1Poco a poco amanece en la isla redonda. Los amaneceres desperezan llenos de luces en movimiento. Coches que mueven el tráfico de la ciudad al sur y viceversa a la capital, carriles densos. Conglomerado de chatarra futura ambulante. Un arrancar y parar constante. Gente “enlatada” que viaja sola y aún no se desesperan del lujo y las condiciones de su libertad.

En esta última década he vuelto a la ruta del pasado. Estuve cerca de veinte años trabajando en el Sur y he visto la evolución en el concepto del tráfico. Comencé a usar la moto como solución a las largas colas kilométricas que, un día sí y el otro también, se repetían como castigo de una sociedad actualizada y desproporcionada en soluciones.

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