CELESTIALES VISIONES SOBRE LAS DICTADURAS

NICOLAS GUERRADictadura del proletariado o dictadura burguesa, da igual. Ninguna de las dos puede ser justificada pues ambas significan la pérdida de básicos principios inherentes a la condición humana: libertad, ejercicio de la palabra para expresar ideas, poder absolutamente en manos de la ciudadanía a través de justas leyes...

Así, como simple referencia histórica solo enmarcable en un tiempo muy pasado y absolutamente ajeno a la sociedad actual, traigo a colación uno de los pensamientos más impactantes durante los siglos XIX y XX como natural reacción fundamentalmente obrera: la dictadura del proletariado, cuya primera fase triunfó en 1917 (Revolución de Octubre, Rusia)... pero no condujo al socialismo a causa, precisamente, de la imperfección humana.

Este instrumento de la revolución proletaria surgió por oposición a la dictadura de la burguesía (incluye a la nobleza), esclavista e inhumana. En Fundamentos del leninismo (Madrid, 1975) su autor defiende que la revolución proletaria solo se hace realidad a través de aquella. No es necesaria para vencer a la burguesía, pero sí se vuelve «el puntal básico» para el triunfo final. En palabras de Lenin, «La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad».

Y, POR SUPUESTO, LO HAN HECHO

ALFONSOComo ha quedado definitivamente claro: el PP y Vox firmaban un pacto político para sumar sus votos en la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como presidente de la Junta de Andalucía. Todo el proceso ha sido chusco, esquinado y refitolero. El acuerdo se negocia y se firma en Madrid en ausencia del candidato presidencial del PP, que no ha asistido a las reuniones ni a las rúbricas, pero qué negociaciones, mi alma, descritas hace más de un siglo en una copla perfecta: "En la puerta de un sordo,/ en la puerta de un sordo/cantaba un mudo,/cantaba un mudo/ y un ciego le miraba, /y un ciego le miraba/con disimulo". Los dirigentes de Ciudadanos han pactado previamente con el PP, pero no han participado en los fructíferos desencuentros entre los (muy) conservadores y esta ultraderecha de escrotos unos, grandes y libres. Creerán Albert Rivera y los suyos que con cerrar los ojos los ultras no existen. El señor Juan Marín es vicepresidente gracias a los votos de los voxistas, aunque evite cualquier foto virilizable como los vampiros evitan los espejos: para que no se note que no está sin estar. Es un curioso doble pacto que articula una mayoría para la investidura, pero que no compromete a las tres organizaciones políticas alrededor de un mínimo programa de gobierno. Eso, al fin y a la postre, son minucias. Marín es perfectamente capaz de pactar sin haber pactado con los ultraderechistas o -si es imprescindible- viceversa. Militó en Alianza Popular, transitó por el Partido Andalucista, montó su propio partidete en Sanlúcar de Barrameda, fichó por Ciudadanos, sostuvo al susanismo en Andalucía durante tres años y medio a cambio de una nada poblada de siestas interminables, sonrisas polisémicas e indiferencias plenarias. Sabe lo que se hace y, sobre todo, lo que no se hace.

LA MUJER EN CASA, CATÓLICA Y SIN OPINIÓN

albertoEn el Antiguo Testamento la mujer ya aparecía como la representación de la tentación y el pecado, con una Eva que, sin personalidad propia y fruto de una costilla del hombre, encarnaba la provocación y el mal. Este planteamiento se repite como un mantra en toda la Biblia: mientras los hombres acaparan un protagonismo heroico, la mujer se dibuja siempre como figurante y, cuando destaca, solo es como ejemplo negativo.

En esos textos puede haberse visto reflejada en las últimas horas Rocío Ruiz, de Ciudadanos. Vox ha provocado la primera polémica (y crisis) en el recién creado nuevo Gobierno de Andalucía con el Partido Popular, Ciudadanos y el partido de extrema derecha como socios a cuenta de un artículo que publicó en 2013 la recién estrenada consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación andaluza.

IRÁN Y LAS LIEBRES DE VOX

RONALDTanto hablar de Venezuela y, mira por donde, en Irán estaba la clave. Resulta que un grupo de extrema derecha de este país fue el gran padrino de Vox en su nacimiento. Y ante este descubrimiento, el partido guarda silencio para ganar tiempo y buscar una justificación con la que Abascal, este hombre que aboga por la mili obligatoria sin haber pisado un cuartel, pueda responder al contratiempo. Bueno, en realidad sí alzó al voz, pero, sorpresa, con mentiras. El líder de la fuerza política aseguró, tras conocer la revelación, que los donativos fueron legales porque su partido entregó la lista al Tribunal de Cuentas. Una afirmación que el organismo fiscalizador niega. Pero no pasa nada, Arriba España y, de paso, arriba Irán. Sin ellos y su millón de euros, Vox no sería posible.

«Abascal miente para justificar el dinero iraní con el que Vox se fundó, pero su discurso sigue calando entre seres como el cazador y las 60 liebres»

CIRCULEN

ALFONSO2La técnica es más vieja que el hilo negro y ha sido utilizada habitualmente por movimientos y partidos ultraderechistas. Le Pen, por ejemplo, la instrumentalizó en Francia en los años ochenta del siglo pasado. Si no tienes votantes, si tus simpatizantes caben en una furgoneta y sobra sitio para organizar un bingo, si no te conoce ni el vecino de la esquina, si eres incapaz de publicitar tu mercancía política en la prensa o la televisión porque no le interesas a nadie, ¿qué puedes hacer? Pues acudir a los juzgados. Son gratuitos (o casi). Y entre tu equipo tienes, por supuesto, algunos abogados, puede que incluso buenos letrados, que sacrificarán algunas horas de asueto o de trabajo. Se trata de interponer denuncias y demandas, personándose en casos judiciales de real o potencial interés periodístico. Vox lo hizo asumiendo el rol de acusación popular de los dirigentes catalanes implicados en el procés y, más adelante, en la intentona independentista, en los tribunales catalanes y en el Tribunal Supremo. Además del impacto inicial, la actuación judicial como parte interesada supone el acceso a diligencias e informes con los que, a su vez, puedes engolosinar a los periodistas.

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