Lunes, Enero 27, 2020
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VARAPALO AL TRIBUNAL SUPREMO

RAFAEL ALVAREZEl pronunciamiento del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) supone un varapalo al Tribunal Supremo (TS). El TJUE siguió, como suele ocurrir, las conclusiones dictaminadas por el abogado general. Y ahora se entiende mejor el porqué de la incongruencia del TS de otorgarle el permiso extraordinario a Oriol Junqueras para tomar posesión de su escaño tras las elecciones generales del 28A y, sin embargo, se lo denegó para acudir a la Junta Electoral Central para acatar como eurodiputado la Constitución que, a la postre, era una formalidad. Este aspecto concreto para el abogado general, Maciej Szpunar, carece de relevancia una vez dictada la sentencia del TS, aunque sí la tiene en clave nacional. Manuel Marchena y la Sala Segunda, de lo Penal, del TS temían que la justicia europea desmontase el periplo procesal. Y esos temores se han confirmado. Pero encima esa disparidad de criterio del TS sobre el permiso a Junqueras, en tan poco tiempo, del 28A al 26M, respalda la teoría del soberanismo catalán de una justicia que ha actuado como mecanismo represor. Es lo que tiene judicializar los asuntos políticos, impulsar a un poder del Estado, el judicial, para encarar el procé’ y, a fin de cuentas, la problemática territorial. Nada nuevo cuando justo en estas décadas ya el Tribunal Constitucional tuvo que lidiar con la incapacidad del bipartidismo a cuenta del encaje y pulso de las nacionalidades históricas y el modelo autonómico.

 

Cuando el Estado se reduce a la aplicación del artículo 155 de la Constitución para intervenir la autonomía catalana, la actuación de la Fiscalía y el uso de la Brigada Aranzadi, se enquista más el problema, se enconan las posiciones y se insufla la causa independentista. El que el TJUE haya desautorizado el proceder del TS constituye una pérdida (otra más) de la auctoritas del sistema del 78 que ha entrado en una decadencia que se ahonda a medida que pasa el tiempo y no solo no se produce la reforma constitucional (que reconstituya el pacto territorial en Cataluña) sino que la judicialización del procés genera cada vez más repercusiones políticas.

Ya tenemos dos mártires a enarbolar para la meta independentista: Junqueras y Carles Puigdemont. La solución, si es que realmente la había, ahora está más lejos. Por no mentar que aún está por plasmar las consecuencias del pronunciamiento del TJUE porque Junqueras no debería estar en prisión, su derecho fundamental a la participación política (artículo 23 de la Constitución) ha sido vulnerado, la sentencia del TS habría sido nula de pleno derecho e incluso cabría una posible indemnización por anomalía en el funcionamiento de la justicia. En suma, se ha juzgado a un eurodiputado (representante de la soberanía popular) quebrando su inmunidad y sin pedir el suplicatorio. Se ha desvirtuado por completo la separación de poderes. Con todo, está por ver que el TS proceda de esta forma o, por el contrario, la defensa de Junqueras tenga que recurrir nuevamente al TJUE o, si acaso, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El laberinto jurídico, creado por el TS, es importante y resta aclararlo en cuanto que no es nada sencillo retrotraer lo hecho. Habrá serias resistencias a sortear; especialmente desde que Vox lo ha tildado de ataque de la justicia europea a la soberanía patria, menudo engaño y forma de dañar la cultura jurídica de la ciudadanía. Parece que a la derecha su europeísmo se le está esfumando.

Rafael Álvarez Gil

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