Jueves, Noviembre 21, 2019
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EL CHALANEO

vicenteEl nacionalismo reinante en Canarias es ese que nació de un traición al PSOE, la censura a Jerónimo Saavedra que dio pie a un conglomerado, llamado Coalición Canaria, en el que se unieron las más dispares fuerzas, desde los comunistas y asamblearios, hasta centristas y representantes de los más rancios insularismos. Cupieron todos. Lo importante era Canarias, decían, antes que las ideologías. Así, unas veces pactaron con el PP y otras con el PSOE, fuera en el Congreso, en el Gobierno regional o en los cabildos y ayuntamientos.

«Que haya o no proyecto político es lo de menos, de lo que se trata es de sacar el máximo dinero al Estado»

 

El invento dio no pocos frutos, hay que reconocerlo. La presencia en Madrid y la caprichosa aritmética parlamentaria dio juego a esa propuesta autodenominada nacionalista y permitió obtener sustanciosos réditos para las islas. Que hubiera o no proyecto político era lo de menos. El objetivo era conseguir la mayor cantidad posible de dinero del Estado, independientemente de que el resultado fuese la mercantilización de la Autonomía. Y eso fue lo que sucedió.

¿Pretendió ese llamado nacionalismo en algún momento potenciar nuestra identidad cultural, valorar lo propio, servir de estímulo a los valores artísticos, políticos, intelectuales y culturales para abrir perspectivas y horizontes nuevos? Es evidente que no. Solo se trataba de hacer caja, maquillando la tarea con vacuas proclamas sobre singularidades y especificidades.

El mercado ha sido la razón de ser, y no digo que no sea legítimo; pero, nada más. Proyecto ninguno. Así seguimos. Ahora lo llaman «agenda canaria», que solo atiende a razones mercantiles sin sesgo ideológico alguno. ¿O sí? Hasta ahora la mayoría de los beneficios obtenidos durante todo este tiempo han ido a parar, casi en exclusiva, a los empresarios, eslabón fundamental de la mecánica productiva, pero no el único.

Hoy seguimos igual que ayer, por más siglas que haya, en el chalaneo, fiando la razón de ser a tener presencia en Madrid y a que el azar parlamentario dé rango al llanto de «los plañideras» de ultramar, que así es como nos ven, a la vista de la incapacidad demostrada que han tenido para articular propuestas y discursos con fundamento identitario que nos equiparen con el resto del Estado.

Por eso no es novedosa la alianza sellada entre CC y NC para acudir juntos a las próximas elecciones generales. Trátase de hacerse con un huequito para seguir como hasta ahora: mercadeando. Nunca ha habido voluntad de construir un proyecto nacionalista como tal; tampoco en esos municipios en los que se decía que se promovían políticas progresistas y fomentadoras de la identidad. Si crearon alguna conciencia nunca fue más allá del consumo local, porque lo habitual ha sido que en los comicios generales en esos feudos el partido ganador ha sido el PP. Por eso, ¿de qué se sorprenden, si todos han sido Coalición?

VICENTE LLORCA

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