Martes, Agosto 20, 2019
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MERCADEO POLÍTICO Y SUMAS IMPOSIBLES

ALBERTO ARTILESLos que eran enemigos ahora son íntimos. Hasta hace cuatro días parecían rivales irreconciliables. Reproches, desprecios, hasta insultos. Ahora fuerzan la sonrisa y están dispuestos a dialogar por el pueblo, la isla o la región. Pelillos a la mar. Se intercambian llamadas, se ofrecen cargos, se traicionan ideologías y voluntades. Es el momento de los buenos propósitos, el reparto de la tarta.

La estafa del trilero con el dinero de todos. Con sus excepciones, todo vale con tal de conseguir un cargo público, todo vale por cuatro años en el poder, sea en un ayuntamiento, cabildo o gobierno regional. Las líneas rojas han palidecido con el paso de los días y el que parecía imputado, ya no lo es tanto. La presunción de inocencia se calcula según se tengan posibilidades de pactar y entrar en el gobierno. Maldita hemeroteca. Se mercadea sin sonrojo a golpe de teléfono, rueda de prensa improvisada o indirecta con frase cursi de Paulo Coelho en las redes sociales. Ya no importa lo que sucediese antes del domingo, antes de que las urnas colocase a cada uno en su sitio. Se tragan sus palabras, y ya las posturas no son tan lejanas. “Estos son mis principios. Si no te gustan…tengo otro”, dijo Groucho.

 

pactosEl mercadeo político es tan viejo como el invento de la rueda, pero con la ruptura bipartidista, la entrada en escena de nuevas alternativas y la fragmentación del voto hemos entrado en los últimos años en una dinámica de filibusterismo e intercambio en el que la voluntad de la ciudadanía ha pasado a un segundo plano. Si se tiene que traicionar los mantras del partido, se hace. Si hay que deshacer promesas electorales, se acepta lo contrario. Tampoco sirven los programas, los ideales, ni la decisión del pueblo. Si antes se elegía entre el rojo y el azul, ahora hay un abanico de posibilidades y no importa si se mezclan colores antagónicos con tal de asegurar cuatro años en un cargo público. Hay trileros profesionales, políticos parásito que nos les importa traicionarse a sí mismos si se aseguran la poltrona. Así llevan décadas sin que se les conozca otra profesión.

Ayer fue el día de todos los canarios. Canarios que en su mayoría han decidido un viraje en las urnas después de décadas de presidentes que no han ganado las elecciones. Es hora de levantar alfombras y quitar telarañas. Años de clientelismo y desequilibrios disimulados. Años culpando a otros de errores propios, de complejos atávicos y temores infundados. Solo la traición a lo que ha la mayoría de los canarios impedirá el cambio. Mercadeo político de sumas imposibles.

ALBERTO ARTILES CASTELLANO

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