Miércoles, Octubre 16, 2019
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PAPELUCHOS ELECTORALES

francisco joseHablaba una compañera que vino a Gran Canaria desde Madrid y me comentó algo que le había sorprendido muchísimo en nuestra isla: la enorme cantidad de carteles electorales que poblaban nuestras calles. Este fue el inicio de una intensa charla en la que debatíamos si de verdad es eficaz o no para los partidos gastarse un pastizal forrando farolas y paredes con las caras de los candidatos en pleno siglo XXI, el de la era digital.

Ella, que suele viajar por toda la geografía peninsular, se mostraba perpleja por la ingente cantidad de formaciones políticas que colgaban de los postes, algo que aseveraba no había visto en otras localidades como, por ejemplo, Madrid donde reside.

viñeta

¿Realmente es necesario e impulsa al ciudadano al voto el hecho de ver hasta en la sopa las sonrisas forzadas de nuestros aspirantes a representantes públicos? Dentro de esta reflexión me vino a la mente una imagen que debería ser la normal pero que en Canarias aún ni siquiera se ha planteado. La pasada semana, paseando por la ciudad Suiza de Ginebra, daba gusto ver como la propaganda electoral se colocaba en lugares concretos de las calles, todos los carteles estaban sobre tablones preparados a tal efecto, del mismo tamaño y estilo, sin romper la armonía paisajística del entorno y sin dar una imagen tercermundista. Desgraciadamente, uno se quedaba sorprendido de que los partidos políticos diesen esa imagen de orden y respeto con su propaganda e, inevitablemente me venía a la mente esa fotografía de cualquier arteria de nuestra ciudad plagada de papeluchos de colorines a cual más grande y con un eslogan más impactante que apenas dejan ver a los conductores las señales de tráfico.

“¿Impulsa de verdad al ciudadano al voto el hecho de ver hasta en la sopa los carteles de nuestros candidatos?”

Entre la charla con mi compañera y la experiencia Suiza, me quedó claro que a los partidos políticos en Canarias les queda mucho para actualizarse hacia un escenario moderno adaptado a nuevos tiempos y que enganche el voto del ciudadano, tanto el novel como el veterano.

No solo basta con pegar carteles, llenarnos los buzones con papeletas inútiles y dar el coñazo en las redes que luego abandonan tras los comicios con historias y fotos forzadas. Nuestros políticos deberían replantearse el nuevo escenario y ser valientes para dar el paso hacia otra perspectiva de campañas. Estoy seguro que desde que un partido deje a un lado el cartel y la papeleta, muchos irán detrás subiéndose al carro del ahorro y el sentido común.

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FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

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