Viernes, Abril 26, 2019
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HACERSE EL DORMIDO

Enrique Bethencourt«A veces hay que hacerse el dormido por la noche para no cambiar un pañal, que lo hace todo el mundo y yo, también». La muy desafortunada frase la pronunció Albert Rivera o Alberto Carlos Rivera, como ustedes prefieran, en un programa televisivo de alta audiencia. Su confesión canalla, así la han denominado, no constituye, en mi opinión, un ejemplo de amor a su hija ni, tampoco, de la más mínima solidaridad con su mujer/compañera de entonces. Irresponsable, caradura, vago, machista... fueron algunos de los muy merecidos calificativos que recibió en las redes el líder de Ciudadanos.

Hace una semana escuché a un chico de unos quince años hablar con otro de parecida edad en la guagua. Le aseguraba, entre risas, al parecer orgulloso de su singular hazaña, que en muchas ocasiones se hacía el dormido en el trayecto que realizaba todos los días entre su casa y su centro educativo para no tener que ceder el asiento a una persona mayor, a alguien con problemas de movilidad o a una mujer embarazada. Parece que es una actitud que se repite en metros o tranvías en distintas ciudades españolas (desconozco si en Europa u otros lugares se comportan de manera semejante) como forma de hacerse el loco y seguir bien acomodado mientras a unos escasos metros se encuentra alguien con dificultades para viajar de pie. Y que retrata, muy mal, a sus practicantes.

 

Recientemente, en una guagua que circulaba por la parte alta de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en horas de la mañana, una señora, que ni se calló ni disimuló su enorme enfado, se vio obligada a reclamar en voz alta al guagüero que detuviera inmediatamente el vehículo. La razón: una mujer con un bebé en sus brazos permanecía de pie sin que nadie se dignara a cederle su asiento. No sé si el resto de los pasajeros y pasajeras se hacían los dormidos, en un pleno de somnoliento viaje, o solo roncaban sus conciencias.

La reclamación tuvo efecto inmediato, tras la intervención efectiva del propio chófer, pero la tardía respuesta no dejó en buen lugar a quienes viajaban en aquel momento en la guagua. ¿Nadie se dio cuenta de lo que pasaba salvo aquella cívica y consecuente señora? ¿Ningún hombre o mujer, joven o de mediana edad, fue capaz de reaccionar desde el minuto uno, siendo sensible a la dificultad de la madre y a los riesgos ante un posible frenazo?

Tengo la impresión de que en estas y otras muy variadas ocasiones, hacerse el dormido, sirve para eludir responsabilidades, para evadirse de los más cívicos compromisos, para mostrar completamente al desnudo el lado más egoísta de los seres humanos. Situación que convive, afortunadamente, con otros ejemplos en sentido contrario, el de los hombres y mujeres que se desviven cotidianamente por los demás, el de los que entregan buena parte de lo que tienen y son para apoyar a los más débiles, el de los que entienden que la amabilidad, el respeto, el apoyo y los cuidados nos engrandecen y nos hacen más humanos.

«La que no puede permitirse el lujo de quedarse dormida es una sociedad que aspira a ser acogedora, inclusiva, democrática (...)»

machismoMACHISMO. Y eso que cuento sobre los pañales o sobre los asientos en el transporte público es trasladable a otros muchos ámbitos de la vida. Los hay que se hacen los dormidos frente a la violencia de género, las agresiones machistas o las distintas formas de supremacía masculina en las casas, en las calles, en los centros de trabajo. Saben que esas cosas ocurren en espacios bien cercanos, pero, con sus ojos cerrados, ni sufren ni padecen con el dolor de las víctimas, hacia las que no muestran el menor grado de empatía.

Otro tanto sucede con el acoso escolar y el enorme sufrimiento que causa, Junto a los acosados y a los acosadores se encuentran compañeros y compañeras de aula que se hacen los dormidos, que son incapaces de decir basta o denunciar las terribles circunstancias por las que atraviesan las víctimas que, como hemos visto recientemente en un centro escolar madrileño, puede llegar a las más extremas e indeseables decisiones.

En nuestras calles también hay personas, de todas las edades, que se hacen los dormidos con relación a su limpieza. Los que tiran papeles a las aceras, aunque a pocos metros dispongan de una papelera. Los que, si están convencidos de que nadie les observa, dejan sin recoger las deposiciones de sus perros o no echan agua en sus micciones. Los que permiten que sus animalitos meen en la puerta de una casa que, eso sí, nunca es la suya, claro. Los que escupen en espacios públicos como si de un deporte nacional se tratase.

CAMBIO CLIMÁTICO. Empresas multinacionales y estados se hacen los dormidos en relación al cuidado del planeta. Y permiten que avance el cambio climático que pone en peligro el futuro de esta tierra y de sus habitantes, que a corto y medio plazo traerá temperaturas más altas, sequías e inundaciones, derretimiento de los glaciares, aumento del nivel del mar, desaparición de especies, más fácil propagación de enfermedades o forzados desplazamientos poblacionales.

También continúan haciéndose los dormidos los responsables políticos que siguen sin actuar de manera firme frente a la elevada contaminación que originan los coches en las urbes y que causan centenares de miles de muertes al año en la Unión Europea. Además de la ocupación espacial que originan, habiendo ciudades menos amables, más agresivas, menos respirables. Apostar por el transporte público, por los carriles bicis y las calles peatonales es, también, una cuestión de salud.climaticos

Otros, en fin, se hacen los dormidos ante el avance de la ultraderecha en el mundo, en Europa y en España. Es decir, frente a la extensión de ideas machistas, xenófobas, racistas y homofóbicas. Frente a la extensión de la intolerancia y el odio a lo diferente. Frente a la aporofobia.

Las mismas ideas fanatizadas y totalitarias que causaron el desastre en los años treinta y cuarenta del pasado siglo. Que merecen el más profundo de los rechazos si queremos evitar que contaminen con su permanente rencor y terminen cargándose la convivencia democrática. Justo la actitud contraria de la adoptada por PP y Ciudadanos, maquillando a la ultraderecha y demonizando a formaciones democráticas, cuando no compitiendo con los retrógrados programas y las agresivas expresiones verbales y actitudes de los ultras. Y ante ello, la que no puede permitirse el lujo de quedarse dormida es una sociedad que aspira a ser acogedora, inclusiva, democrática, libre y defensora de la igualdad entre mujeres y hombres.

ENRIQUE BETHENCOURT

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