Domingo, Mayo 26, 2019
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DOS CUESTIONES LINGÜÍSTICAS Y EL ESPAÑOL

NICOLAS GUERRADe cuando en cuando sorprende el uso que algunos usuarios hacen de nuestra lengua. Unos por riguroso desconocimiento de la misma, como si ciertas variantes del idioma cervantino hablado en México fueran tan extrañas a las usadas en Canarias, Venezuela, Perú, Colombia... que necesitaran ser traducidas. Otros echan mano a metafóricas construcciones cuya función es embellecer el texto y crear  harmonías musicales a la manera -y ortografía- de nuestros poetas renacentistas: “Besitos le vas a tirar a tu puta madre que yo te cojo y te parto la cara, hijo de puta”. Sublime, cual pentagrámacos trinos del jilguero.

Primer caso. Pepa Bueno, directora del programa Hoy por Hoy (Cadena SER,  Madrid), conectó en la madrugada del Martes de Carnaval con Héctor Palmero, periodista canario de Radio Club Tenerife. El tema central fue la elección de la  reinona (Las Palmas) pocas horas antes. Casi al final de la conexión la locutora dijo “¡Lo estáis pasando de maravillas!”. Su interlocutor contestó y se despidió con “...y a ustedes”.

 

EL CHIQUILLERÍO JUGANDOEl desarrollo de la comunicación lingüística fue absolutamente normal por más que la señora Bueno había empleado la segunda persona del plural (estáis) como hablante distinguidora de vosotros / ustedes. Y el señor Palmero, no usuario de la primera forma pronominal, utilizó el término ustedes, característico de canarios e hispanoamericanos para referirse a varias personas a las cuales tutean o no, indistintamente.

   Pero el ustedes peninsular, ceutí, melillense o balear solo se usa (generalizo) cuando el hablante quiere dirigirse a un colectivo en el cual hay personas a quienes trata de usted. Por el contrario, su vosotros implica el tuteo a todos. (Numéricamente se impone la generalización canario – hispanoamericana: cuatrocientos cincuenta millones de usuarios frente a cuarenta y cinco de españoles distinguidores. Sin embargo, ciertas editoriales fuerzan al uso de la segunda persona del plural si un canario pretende publicar.)

   A pesar de tales diferencias, durante la conversación no surgió de fondo una tercera voz que tradujera ustedes por vosotros, pues las dos formas personales pertenecen a la misma lengua, el español. Pero es muy frecuente en Roma, la película mexicana triunfadora este año (premios Óscar 2019): rótulos “traductores” a pie de imagen  sustituyen, por ejemplo, “No suban aquí” -mensaje oral de Cleo- por “No subáis aquí”; “No la molesten” por “No la molestéis” (o algo aproximado, pues cito de memoria). Absolutamente ridículo. Como también resultan improcedentes las añadidas “traducciones” de “Se pueden bañar” (“Os podéis bañar”); “¿Puedo retirar la mesa?” (pregunta la camarera, al final del almuerzo -”comida”-) por “¿Puedo recoger la mesa?”.       

   Destaco también la forma verbal personal en “Antes de nacer fui un monstruo” (lo dice un niño mexicano muy imaginativo), “traducida” como “Antes de nacer he sido un monstruo”. Sin embargo, el uso del pretérito perfecto simple (aquí, fui) se impone en América y Canarias (generalizo) frente a la forma compuesta (he sido). Es más: indica acción ya terminada en el tiempo, pues el niño de ocho años dice en la película que antes de nacer fue un monstruo.)

   Pronombre y tiempo verbal anteriores, pues, registrados y avalados por dialectólogos, caracterizan al español hablado en Canarias y América, aunque a estas alturas cronológicas la realidad ha cambiado: hay en nuestra tierra (y eso que los nacionalistas permanecen en el poder desde el milenio anterior) cierta tendencia entre jóvenes -y puretas imitadores- a coquetear con la segunda persona del plural, como si el exclusivo uso de la tercera fuera torpeza, incultura o error (craso error presente ya en las aulas, por cierto). Pero se trata de algo connatural a paisanos: la inseguridad y el complejillo de inferioridad los lleva a creer que en Canarias hablamos mal el español (¡chaaaacho!).

   Pero a los pollillos no se les ha explicado hasta la reiteración que la forma vosotros desapareció del habla general en Canarias y “se conservó solamente en La Gomera y en los campos de La Palma”, tal como recoge el lingüista Zamora Vicente en Dialectología Española, edición de 1970. El uso exclusivo de ustedes, pues, no es inculto. Se trata, acaso, de la segunda característica lingüística más definidora del español hablado en Canarias (aunque no de los canarios poliglotados y casi académicos).

   Si miramos atrás, el antiguo castellano no solo fue capaz de convertirse en el hijo privilegiado del latín (la Hispania romana), sino que llegó a dominar sobre las otras variedades lingüísticas peninsulares con él hermanadas. Inicialmente habían sido simples variantes dialectales, pero al paso de los siglos se convirtieron en lenguas propiamente dichas como el catalán y gallego (excluyo el vascuence o euskera, acaso la lengua viva más antigua de Europa -lingüista Theo Venneman- y cuyos orígenes son desconocidos).

   Para algunos estudiosos el castellano dejó de ser la lengua exclusiva de Castilla  cuando se fue imponiendo fuera de sus fronteras, pues era la del conquistador. Además, su riqueza literaria permitió la inmediata implantación en niveles sociales superiores y documentos. Fue a finales del XV, pues, cuando comenzó a ser lengua universal con el nombre de español. Y en su expansión se fueron creando variedades dialectales propias de las variadas regiones castellanizadas. Dos ejemplos contundentes: cuatrocientos cincuenta millones de hispanoparlantes son seseantes y, además, absolutos usuarios de la forma ustedes. (¿A qué viene, entonces, la “traducción” del español… al español en la extraordinaria película Roma?)

   Lo otro, lo de “la puta madre” y “el hijo de puta” (La Provincia) está relacionado con el pleno del Cabildo lanzaroteño celebrado por primera vez en La Graciosa, octava isla. Alguien desarretó su discurso lingüístico a causa de emputamientos, acaloramientos o simples maneras de ser. Viene a ser algo así como la muestra de nuestra cultura democrática, la esencia de un proceder rigurosamente respetuoso y políticamente definidor.

  Estoy seguro de que el orador político, ciceroniano, quiso decir Quo usque tandem abutere patientia nostra? (‘¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?’). Pero fue traicionado por el maligno subconsciente: Freud lo entendería. (Le faltó añadir “...pero tu madre es una santa!”.) ¡Menuda putada! ¡Menuda patada a la convivencia!

  Nicolás Guerra Aguiar

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