Domingo, Marzo 24, 2019
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ULTRADERECHA, FACTORES MÚLTIPLES

Enrique BethencourtEn torno al ascenso de las fuerzas de ultraderecha que se viene produciendo de forma acelerada en todo el mundo se articulan muchos análisis, a veces contradictorios entre sí, a veces complementarios. Unos acercamientos al fenómeno que incluyen aspectos que van desde la desarticulación de los estados y la falta de protección de los más vulnerables a la reacción frente a la corrupción entre empresarios y políticos, pasando por los efectos de las políticas de austeridad y recortes o, asimismo, la puesta en marcha de una máquina de distribución de mentiras que son fácilmente asimiladas por amplios sectores.

Con relación al efecto de las políticas anticrisis las consecuencias parecen claras. El panorama posterior al proceso nacido en 2008 ha sido el de un mundo con ricos más ricos y pobres más pobres. Se ha producido una auténtica y vergonzante transferencia de renta de los que menos tienen a los que más tienen. En el camino se han debilitado elementos que contribuyen a una mayor equidad social, como los servicios públicos, de los que en Canarias y en España se ha detraído recursos económicos y se ha reducido el número de sus profesionales.

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Al tiempo, se disparó el desempleo, se redujeron los salarios y, tras la superación de la crisis, la gente se vio con mayor precariedad, con mayor inestabilidad laboral, con más contratos temporales, con la inseguridad que da saber que pueden ser eliminados y sustituidos en cualquier momento. Mucha gente perdió sus viviendas al no poder hacer frente al pago de las hipotecas o de los alquileres; situación esta última, la de los alquileres, que se amplifica hoy por el auge del vacacional y la reducción de oferta y el ascenso de precios que experimenta el residencial.

Todo esto sucede sin que, en la mayoría de las ocasiones, las ciudadanas y ciudadanos afectados perciban nítidamente quiénes son los verdaderos responsables del desaguisado que tanto afecta a sus vidas. Culpabilizando a personas que, como los inmigrantes, se encuentran en situación semejante a la suya o, en la mayoría de los casos, mucho peor, realizando las tareas más ingratas, más penosas, escasamente remuneradas, menos consideradas socialmente.

Vulnerabilidad. En esa situación de gran vulnerabilidad, de miedo y falta de seguridad y perspectivas de futuro, y ayudados por la falta de políticas justas contra la crisis económica, han venido pescando las ultraderechas en diversos estados. El primero que lo hizo, en etapas anteriores en el tiempo, fue el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen, que logró concitar una buena parte del voto obrero y popular que con anterioridad se dirigía al Partido Comunista Francés. Su hija, Marine, ha seguido la estela.

La desafección de la política por los numerosos casos de escándalos de corrupción, como los que hemos vivido en España en la última década, también ayuda. Pierden prestigio los partidos clásicos y las propias instituciones, poniendo en riesgo a la democracia y sus valores. La falta de transparencia, la escasa participación ciudadana en la toma de decisiones, se suman. Y ello se traduce en abstención o/y en apoyo a formaciones de corte autoritario que proclaman mensajes populistas y propuestas mesiánicas.

La extensión de noticias falsas de todo tipo también contribuye a un proceso de empobrecimiento en la reflexión y asunción acrítica de las mentiras, por disparatadas que sean. Sucede con la cantidad de informaciones manipuladas que intentan criminalizar a las personas migrantes. Videos con niños robando en las calles en Brasil en los mundiales de fútbol son mostrados como hechos ocurridos en Madrid o Barcelona. Se falsean las cifras de criminalidad de los extranjeros, como recientemente han hecho los de Vox con relación a la violencia de género. Se busca generar odio.

«La extensión de noticias falsas de todo tipo también contribuye a un proceso de empobrecimiento en la reflexión y asunción acrítica de las mentiras, por disparatadas que sean».

La política es, asimismo, lugar propicio para el avance de ideas autoritarias y el desprestigio de la democracia. Fundamentalmente, con acciones impulsadas por las derechas más radicalizadas, pero no solo. Cierto es que muchos de los tuits o noticias falsas proceden de medios de la caverna. Como aquella que aseguraba que España tenía 450.000 políticos, entre los que se incluía a quienes desempeñaban funciones en organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica, cámaras de comercio o investigación oceanográfica y pesquera, organismos de gestión catastrales, gabinetes de prensa, entidades bibliotecarias y museísticas, agencias meteorológicas y entidades de trasplantes y donación de órganos, así como agencias de cambio climático o entidades de astronomía y astrofísica, como el Instituto Astrofísico de Canarias.ultraderecha2

En otras ocasiones fuerzan los datos para intentar desprestigiar a todas las personas que ejercen la actividad política. Como en algún fake de enorme recorrido que habla de los salarios y señala, sin mosquearse, que un profesor gana 1.400 euros, un bombero 1.800, un médico 2.200 y «un diputado de mierda», educaditos si son, «30.000 euros». Lo he visto circular en foros de todo orden, también en los autodenominados progresistas. Sin la menor comprobación de los datos, sin el menor análisis crítico.

Democracia. Otro tanto sucede, en mi opinión, cuando se toman decisiones de dudosa cobertura democrática. Algunas desde el ámbito de gente que se reclama de izquierdas. En ello incluyo a los que convocaron aquellas movilizaciones Rodea al Congreso, tanto en Madrid como en su secuela en el Parlamento de Canarias, bajo el lema No nos representan y que se consideraban legitimados para pedir la disolución de unas cámaras que habían votado millones de ciudadanos y ciudadanas. O a los que en las distintas movilizaciones coreaban ¡El próximo parado, que sea un diputado!, lema que haría las delicias de cualquier totalitario. O, en fin, a los que llamaban casta a todo el que no estuviera en su línea y se planteaban como los exclusivos inventores de todo lo bueno de la política.

Más recientemente, tampoco entiendo, por cierto, que 24 horas después de unas elecciones, las andaluzas del pasado 2 de diciembre, se convoquen movilizaciones contra el resultado que arrojan las urnas, contra lo que libremente decidieron los ciudadanos y ciudadanas. Me parece fuera de lugar y expresión de escasos valores democráticos.

En ese sentido, comparto con el analista Eugenio del Río mi rechazo a los que en las redes están promoviendo la ilegalización de Vox, otro disparate más. Y, asimismo, coincido cuando señala que tampoco considera atinada «la emergencia de una nueva e intempestiva teatralidad antifascista poco precisa políticamente y que corre el riesgo de regalar a Vox el puesto de titular de la extrema insatisfacción». La serenidad activa que reclama Del Río en su interesante artículo en Infolibre no sé si será secundada por una izquierda con escasa reflexión y que salvo excepciones ha reaccionado, al menos inicialmente, por una senda bien contraria.

ENRIQUE BETHENCOURT

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